¿Cuándo el dólar saltó al estrellato en la Argentina y pasó de ser un actor de reparto en las páginas de los diarios especializados a ocupar la marquesina de la prensa masiva? La respuesta no es posible encontrarla solamente en argumentos económicos sino en que va más allá, y está enraizada en fundamentos sociológicos que hacen que una divisa extranjera “se convierta en una moneda popular, y en un sentido más directo y claro, en una moneda familiar”.
Así lo planteó el sociólogo Ariel Wilkis —doctorado en la escuela de altos estudios de París y decano de la escuela Interdisciplinaria de Estudios Sociales de la Universidad de San Martín (Unsam)—, quien junto con su colega Mariana Luzzi analizaron este fenómeno y lo plasmaron en el libro El dólar, historia de una moneda argentina, publicado en 2019 y reeditado este año, en el cual incorporan un nuevo período de análisis.
“Hoy nos aparece como una moneda clave para ahorrar, pero para convertirse en eso tuvieron que pasar varias cosas”, dijo el investigador, quien estuvo en Rosario para participar de unas jornadas académicas organizadas por el grupo Surplus y Cetypepss, junto con la Facultad de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
La centralidad del dólar en la vida cotidiana de los argentinos no tiene fecha de caducidad y por eso es que Wilkis aseguró que a la investigación inicial se le agregaron datos que llegan hasta 2025. La obra inicial no perdió vigencia, sino por el contrario, se afianzó especialmente durante la campaña electoral que terminó con Javier Milei como presidente a fines de 2023, un candidato que puso a la dolarización en el centro del debate y llevó a muchos argentinos a considerar que el peso se podía transformar en un billete con la cara de Washington con un solo pase de magia.
“En la última campaña, la principal promesa de Milei fue la dolarización. Una táctica electoral efectiva que, al mismo tiempo, buscó atacar la inflación y a los políticos”, recordó Wilkis, pero “cuando llegó a la Casa Rosada apareció una veta pragmática y la dolarización quedó en un segundo plano”, afirmó.
“Paradójicamente, la nueva derecha es domesticada por la vieja ley de la democracia argentina, que dice que para gobernar hay que gobernar el mercado cambiario”, agregó.
Ese poder que ejerce la moneda acuñada a miles de kilómetros sobre la vida cotidiana de los argentinos no es solo económico, sino simbólico.
“Esos diferentes usos se fueron desplegando históricamente”, dijo Wilkis y reconoció que uno de los dos ejes que recorrieron en el libro —desde 1930 a enero 2025— está vinculado con los repertorios financieros: la moneda de ahorro, de pago, de cálculo.
“Nuestra cabeza está formateada para hacer cálculos en dólares por más que probablemente no toquemos uno. Y eso es muy importante para nuestra vida cotidiana”, planteó.
A tal punto llega esa convicción que la privación al acceso irrestricto del billete verde a través de los sucesivos cepos, arrasaron con la popularidad de los últimos gobiernos porque para los argentinos no se trataba de administrar una política cambiaria, sino de arremeter contra un “derecho”.

Tato y el pase de Maradona
“El segundo eje que trabajamos es el lugar que el dólar tiene en el espacio público, en la cultura masiva”, dijo y “ahí miramos obras de teatro, cines, literatura, humor gráfico y televisivo para encontrar y construir una serie de largo plazo que permitan ver su huella en la cultura de masas”.
Para dar cuenta de ese fenómeno Wilkis recordó que “más allá de lo divertido, en sus monólogos Tato nos dice lo que pasa en la city porteña en la década del 60 y allí no solo está haciendo chistes sino que está socializando económicamente”, dejando claro que no solo aprendemos a manejarnos en el mundo económico leyendo manuales. “Escuchando a Tato, Polémica en el Bar, canciones en la cancha de fútbol, también aprendemos a vivir la vida económica”, dijo y puso como ejemplo el pase de Diego Maradona de Argentinos a Boca Juniors en el 81, el primer gran contrato del fútbol local tasado en dólares. “En ese momento los hinchas de Boca cantaban: Vale un palo verde, se llama Maradona”, dijo Wilkis para recordar que “pocas cosas forman parte de la cultura popular más que ese canto que hace referencia a lo importante que es Maradona, y tasa esa importancia en dólares”, lo cual es una instancia de “microsocialización económica”, agregó.
Esta relación tan estrecha entre los argentinos y el dólar excede las propiedades de una moneda (medio de pago, unidad de cuenta y depósito de valor) y se mete en las entrañas de la idiosincrasia, ese lugar donde bucea la sociología, especialmente la que estudia la economía, como hicieron Wilkis y Luzzi.
“El libro cuenta la historia del lugar del dólar en la sociedad argentina, observada desde las dinámicas políticas, económicas y culturales”, dijo y planteó que trataron de “rastrear en el tiempo, lo más lejos posible, las huellas y la incidencia del dólar en la sociedad, en la política y en la cultura argentina”.
Eso los llevó a la década del 30, fecha a partir de la cual esa moneda adquiere un nuevo sentido en Argentina porque “específicamente en 1931 empiezan a implementarse los primeros controles cambiarios”, como una reacción a la gran crisis financiera global.
A partir de allí, hablar del dólar dejó de ser una cuestión de eruditos de las finanzas o de ávidos lectores que seguían la prensa especializada. “Se le empieza a prestar atención al mercado cambiario, porque a medida que se regula aparecen las controversias”, dijo el investigador, y por otro lado “esas primeras décadas del 30 y 40 muestran un contraste con lo que iba a suceder después”, con la firma de los acuerdos de Bretton Woods y cuando el dólar se convierte en la moneda dominante a nivel global.
“En Argentina hay en esa época una proto popularización del mercado cambiario, aparece un debate sobre las divisas en términos públicos pero todavía el dólar no está ocupando un lugar central sino que es un mercado todavía de élites económicas, financieras y políticas”.
—¿Cuando se instala en el debate público?
—A partir de finales de la década del 50. Y se consolida durante la década del 60. En un contexto de una gran devaluación como la del 59, que inauguró toda una década de microdevaluaciones y de alta inflación. Allí el dólar se va estableciendo como una moneda que capta la atención de un público más amplio. En los 60, la prensa transforma su estilo de narrar el mercado cambiario, que salta de las páginas de economía a la tapa de los diarios, y se aborda con un lenguaje de fácil acceso al gran público. Luego aparece algo central en las publicidades, que popularizan el dólar en esa primera etapa. “Invertí en tal propiedad y vas a tener ganancias en dólares”, “Tomamos el dólar al valor anterior”, “Traé los dólares que ahorrás en tu casa”, son promociones que presuponen un público posible consumidor que entiende de qué están hablando, cómo funciona y cuál es el negocio. Luego de devaluaciones y cambios regulatorios aparece una dinámica de popularización, hay un público interesado y una conversación pública que gira en torno a esta moneda.
—Vos mencionás en el libro que el dólar termina siendo considerado como un derecho para los argentinos ¿por qué?
—Sí. Eso ocurre a partir de la crisis de la convertibilidad, con parte de la sociedad movilizada que tiene sus ahorros en el banco y le reclama al Estado que le devuelva los dólares. El gobierno les había dicho que un peso valía un dólar y parte de la ciudadanía adoptó ese compromiso como una creencia profunda. Cuando se sale de la convertibilidad y se quiebra ese acuerdo, se moviliza para reclamar por eso. Es la primera vez en esta larga historia de la relación de los argentinos con el dólar, que aparece como un derecho la posesión de esa moneda. Y es un dato político clave para los 24 años posteriores. Uno no puede entender parte del conflicto de la oposición movilizada contra el gobierno de Cristina Kirchner luego del 2011, cuando establece el primer cepo, sin entender que esa sociedad movilizada y opositora le reclamaba al Estado que le deje comprar dólares porque invoca una lógica de derechos. Eso es un derivado del 2001. En la campaña electoral de 2015, una de las principales promesas electorales de Mauricio Macri fue liberar el cepo. En ese punto fue ideológico, cumplió su promesa, y le costó muy caro. En la última campaña, la principal promesa de Milei fue la dolarización. Pero cuando llegó a la Casa Rosada apareció una veta pragmática y la dolarización quedó en un segundo plano y la nueva derecha fue domesticada por la vieja ley de la democracia argentina, que dice que para gobernar hay que gobernar el mercado cambiario.
En el libro, Wilkis y Luzzi buscan correrse de la narrativa que ubica el estrecho vínculo con el dólar en los años 70 de la mano del endeudamiento externo y la apertura comercial de la economía. “Nos propusimos hacer preguntas que no se habían formulado y la principal, no la única, es cómo una moneda extranjera se convierte en una moneda popular y cómo nos familiarizamos con una moneda que en principio no es nuestra”, dijo.
Así queda reflejado en la introducción de la nueva edición del libro de Wilkis y Luzzi, que refleja varias postales de la vida cotidiana, como esta:
Cientos de miles de personas pasan a diario por la estación Callao de la línea B de los subterráneos de la ciudad de Buenos Aires. Aun sin caminar por los andenes, quien viaja en tren en una u otra dirección puede ver reproducidas a buen tamaño en las paredes de cada lado una serie de viñetas de Landrú, emblemático humorista gráfico argentino desde la década de 1960.
En una de ellas una madre consternada consulta al pediatra sobre su niño:
—Estoy preocupadísima doctor, el nene se tragó un dólar.
El profesional de la salud la tranquiliza:
—No se preocupe, señora, va a bajar.
Noticia y billete, el dólar también tema de conversación y objeto de inquietud.


































