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Cultura

Con cinco libros y doce audiovisuales, la “Historia de Santa Fe” de ATE que busca visibilizar actores olvidados

A mediados de 2017 la Asociación Trabajadores del Estado de Santa Fe emprendió una obra en principio ajena a su quehacer: financiar, y publicar, un relato histórico de la provincia materializado en cinco libros, diez guías didácticas como interpretación crítica de esos textos y doce audiovisuales relativos a los diez períodos considerados —desde la experiencia colonial hasta 2015—. Dos particularidades elogian el programa: el material que se publica en formato físico también puede ser visto y leído en la página web de ATE (es posible, además, descargar los volúmenes) y la redacción de la historia está abierta a nuevos aportes de documentación específica que cualquier persona quiera hacer, para un anexo de comprensión y sentido tan rico como interminable. Hasta ahora han sido publicados dos libros, con las respectivas guías didácticas (dos por volumen) y cinco audiovisuales. 

Jorge Fernández (Santa Fe, 1947) es el coordinador general del programa. Ligeramente, podría decirse que es historiador, militante y dirigente político, para abreviar un recorrido tan prolífico en las aulas como en la calle y la gestión pública. Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, es profesor en la Universidad Nacional del Litoral y la Universidad Católica de Santa Fe, sede Reconquista. En su paso por la función pública, entre otras cosas, fue ministro de Educación de Santa Fe (1987 a 1989); secretario general de la Gobernación (1989 a 1991) y jefe de gabinete del bloque de diputados nacionales del Frente para la Victoria entre 2007 y 2013. 

¿Qué tiene de distintivo esta Historia de Santa Fe? “Este intento, que tendrá sus debilidades como cualquier obra humana, busca superar una especie de dicotomía, cierta tendencia a mirar lo local sin ubicarlo en el contexto nacional o latinoamericano, o a verlo como una simple derivación de lo nacional; aquí se busca relacionar los patrones de acumulación y distribución de la riqueza, el modelo económico, el político y el sociocultural que rige en determinado momento histórico en la Argentina y su relación con el que se materializa, con particularidades y aportes, en Santa Fe”, dice Fernández.

Además de destacar que es un trabajo multimedial —porque los cinco libros se complementan con las guías didácticas y los audiovisuales, y ya eso lo distingue de cualquier otra obra académica—, resalta: “Es una historia que visibiliza las luchas de los sectores populares por la inclusión, por la incorporación de derechos; esto aquí no se sobrevalora, pero sí se ubica en su real dimensión. Esas luchas, con sus claroscuros, fueron parte de la construcción de la Argentina y a nuestro entender fueron muchas veces invisibilizadas”.



—¿Cómo es escribir o revisar la historia en este conflictivo tiempo presente? 

—Es una pregunta conflictiva; en lo personal, asumo este desafío con todos los integrantes, coordinadores y realizadores del audiovisual como un modo de poder cumplir con aquellos que no aparecen en otras historias de Santa Fe: poder visualizarlos, incluirlos, relacionarlos, transmitirlos… Y es total el respeto al contenido que fija el coordinador de cada tomo, una vez que acordamos el trazo grueso respecto del período histórico: es decir, cómo se ha generado y cómo se distribuye la riqueza, si hay o no voto popular, si tenemos una mirada latinoamericana o una eurocéntrica, no son datos menores. De allí en más, hay variedad de opiniones entre nosotros… Dentro de ese marco, es una mirada con pluralidad. Los coordinadores de cada tomo no piensan necesariamente igual que yo, o las docentes que hacen las guías.

—¿Te parece que se interesa por la historia la dirigencia política argentina actual?

—Me tocan las generales de la ley… Tengo 75 años y sé de qué estás hablando y me duele decirlo, pero los tiempos cambian…  el que está en política hoy, a mi entender, no tiene una vocación por esa mirada, lo que no quiere decir que no pueda tener herencias sobre el particular o que no haya estado con compañeros o correligionarios que le hayan transmitido esa parte histórica, pero no hay en ellos, me parece, la misma vocación que en la generación nuestra… No siempre los tiempos de la generación de uno fueron mejores, por supuesto. Me formé en un colegio jesuita y nos hacían leer a Jauretche, a Scalabrini Ortiz y también a los liberales… Tengo amigos de esa época del radicalismo que leían a Moisés Lebensohn, a Manuel Gálvez o a Hipólito Yrigoyen. Eso no lo veo ahora… 

—En los hombres del 83 era perceptible aún ese interés…

—¡Los hombres del 83 tenían el siglo XX y el XIX en la cabeza! Pienso en el Changui Cáceres o en Estévez Boero y en tantos otros. Con Estévez Boero fuimos candidatos a diputados nacionales por el Frepaso en la época de Menem e hicimos la campaña juntos; él era número dos de la lista y yo el cuatro y manteníamos charlas increíbles, es uno de los momentos más gratos que recuerdo de la vida política: nos quedábamos de noche hasta tarde, no enfrentando las ideas o las formaciones que ambos teníamos, sino buscando puntos en común, algo maravilloso…



—¿Te parece que con este programa de ediciones ustedes están también construyendo nacionalidad? 

—Bueno, al decir eso subís la vara en realidad… Mirá, el sueño de todo tipo bien nacido en política, se llame el Changui Cáceres, Estévez Boero o Raúl Carignano, con quien yo trabajé en Santa Fe, es generar una sociedad justa y esa es la parte dolorosa de la Argentina… fijate que acordamos políticas públicas en educación, por ejemplo, incluso en defensa a partir del 83, pero no podemos acordar un piso mínimo de distribución de la riqueza…

—Las naciones se arman, se constituyen, ¿también se disuelven? 

—Y sí, también se disuelven, cuando vos perdés el espíritu de lo colectivo se terminan disolviendo. Cuando vos mirás, y esto lo digo con respeto, el criterio de que “a la Argentina le sobra espacio”, ahí se está renunciando a que la nacionalidad incluya al interior o a la América sureña; cuando se minusvalora la Argentina bicontinental, la Antártida o la plataforma continental, se está rompiendo la nacionalidad. La pérdida de la nacionalidad muchas veces es forzada intencionalmente. 



Construyendo nacionalidad


La Historia de Santa Fe promovida por ATE, multimedial, novedosa por sus márgenes abiertos, aparece así como un intento de seguir construyendo nacionalidad; una nacionalidad acaso inconclusa, tantas veces exaltada como próxima a desdibujarse en medio de las pujas políticas y desigualdades flagrantes de la Argentina contemporánea. Allí estarán, concluidos para tal propósito, en los próximos meses o años, los cinco tomos, sus respectivas guías didácticas y los trece documentales.

Jorge Hoffmann, secretario general de ATE Santa Fe y portador de la idea original del programa, asume como absolutamente legítima la tarea emprendida por su organización sindical y, dice, “es hasta un compromiso”.

Para Hoffman, “la historia de los pueblos es un proceso de construcción colectiva y su recuperación o reproducción requiere de expertos pero también de las manos y las voces de los distintos actores sociales. Y si hay un sector social, obviamente no excluyente, que expresa esa construcción colectiva, es el movimiento obrero, es decir la fuerza del trabajo organizada”.

“Entendemos que la historia nos ha tenido como protagonistas destacados, no sólo en la generación de riqueza vista desde lo económico, sino también en la construcción de nuestra cultura, en lo que son nuestros gustos, nuestra forma de vivir”, amplía el dirigente, “por eso consideramos legítimo y hasta un compromiso con la sociedad llevar adelante este proyecto”.


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