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Política

[diciembre 2001 – 20 años] “Rosario no se incendió por sus dispositivos y porque articuló con todas las organizaciones sociales”

“Rosario no se incendió por sus dispositivos y porque actuó junto a todas las organizaciones sociales”, rememora Miguel Zamarini, secretario de Promoción Social de la Municipalidad de Rosario durante la crisis de 2001. Este dirigente, con una dilatada trayectoria política, reivindica la acción que emprendieron funcionarios municipales de entonces y reflexiona que otra clave de la contención del estallido fue también articular con el gobierno provincial que encabezaba Carlos Alberto Reutemann. En su memoria de aquellos días turbulentos, Zamarini remarca un aspecto: “En aquel tiempo las organizaciones sociales eran de la comunidad, estaban afincadas en el barrio profundo y eran totalmente independientes del Estado y de los partidos políticos”.

Para este político —ya alejado tanto del Partido Socialista como de la administración municipal— tampoco Rosario cuenta hoy con aquellos buenos “dispositivos” en caso de que se presente una eventual crisis como la de hace dos décadas: está hablando de la desarticulación de los Centros Crecer y de toda una red de contención construida en aquellos años. “Ahora la ayuda social está centralizada y manejada exclusivamente por el gobierno nacional”, comenta. De todas maneras, opina que “no están dadas las condiciones subjetivas ni objetivas para que ocurra otro 2001”.

Miguel Zamarini tiene 69 años. Fue uno de los tantos que participó del acto fundacional del Partido Socialista Popular en 1972. En 1977, durante la dictadura, fue electo presidente de la Federación Universitaria de Rosario por consenso de las fuerzas políticas (no era posible celebrar elecciones entonces). Ya en tiempos democráticos, entre 1989 y 1993 fue subsecretario de Promoción Social durante la Intendencia de Héctor Cavallero. En 1993, cuando se produce el cisma dentro del PSP, pasa a ser secretario del bloque de concejales encabezado por Binner. En 1995, Zamarini es electo concejal y reelecto en 1999. Deja su banca en abril de 2001 para ocupar la Secretaría de Promoción Social de la Municipalidad, hasta 2003. Desde este último año y hasta 2015, por tres períodos consecutivos, es electo concejal y a la vez, en esos doce años, preside el Concejo. Ahora trabaja en el espacio político Igualdad, que lidera Rubén Giustiniani.

En este diálogo con Suma Política, Zamarini bucea en su memoria algunas historias del 2001, pero también las previas que anticipaban la crisis.

—En 1999 habías sido electo vicepresidente del Concejo; desde ese ámbito, ¿percibían señales de lo que se avecinaba?

—Sí, claro que sí. En 1999 asumo la vicepresidencia primera del Concejo, el presidente era Pablo Andrés Cribioli; la Alianza gobernaba el país después de la experiencia de Menem y también en Rosario había ganado, consagrando intendente a Hermes Binner por segundo período consecutivo. El 2000 ya se presentaba con muchas inquietudes de parte de las organizaciones sociales; te quiero subrayar que éstas en aquel tiempo eran organizaciones de la comunidad, estaban en el barrio profundo, y no sólo procedían del vecinalismo, sino de centros comunitarios, de ollas populares, de comedores infantiles, de clubes que daban la merienda… Toda esa gente durante ese año fue tomando contacto entre sí y organizándose. Y esto no es menor, porque comenzaban a acercarse al Municipio para expresar la gran inquietud que tenían por el panorama que veían: la desaparición de ayudas importantes del Estado nacional.

—¿Cuán importantes eran esas ayudas y por qué desparecen?

—Si bien no había una gran presencia del Estado nacional, seguían siendo relevantes. Ocurrió que, con el Plan Cavallo, el ajuste comenzó a sentirse inmediatamente y todo lo que tuviera un alcance social comenzó a replegarse. El Estado nacional no sólo no amplió la ayuda con planes sociales sino que la redujo. Era muy simple: eran planes sociales y ayuda alimentaria… Todo eso se diluyó.

—Antes remarcaste que las organizaciones de “aquel tiempo” eran “de la comunidad” y estaban “en el barrio profundo”, ¿qué quisiste resaltar con eso? ¿no son las mismas que ahora?  

—¡No! Eran muy distintas a las que hay ahora, ¡muy distintas! Te puedo citar a la Federación de Tierra y Vivienda, a Barrios de Pie, a la Corriente Clasista y Combativa, a la Federación de Organizaciones Comunitarias que llegó a ser una estructura muy importante; estaba el chileno Serrano en Las Flores, toda la barriada del Ludueña, los de la parroquia San Francisquito, la gente que trabajaba con Pocho Lepratti en Villa Banana… Es más, aparecían nuevas, buscaban el contacto entre ellas y comenzaban a hacerse fuertes. Y este es el dato: eran independientes del Estado y de los partidos políticos. Estas eran las organizaciones que nos contaban el panorama y así transcurrió todo el año 2000. En alguna oportunidad Cribioli no estaba presente en el Concejo y me comunican que había mucha gente en la calle. El Concejo se había cerrado prácticamente porque las instituciones no sabían cómo responder frente a la crisis. Las organizaciones sociales iban al Concejo, a la Municipalidad, a la Secretaría de Promoción Comunitaria de la Provincia de Santa Fe, recorrían todas esas dependencias.  Ahora bien, se supone que el Estado tiene que tener una presencia permanente, si está gobernado por fuerzas progresistas, no solamente para colaborar sino para articular con la sociedad civil.

—El Estado municipal ya tenía una estructura en materia de promoción social y salud… 

—Sí. En ese segundo mandato de Hermes Binner esa estructura tenía una fuerte presencia. Los centros de atención primaria de salud estaban distribuidos en todos los barrios, más los Centros Crecer, más los centros polideportivos. Esto ayudó mucho posteriormente, pero la ausencia de la ayuda de la Nación fue clave. Yo tomé conciencia de cómo estaban las cosas desde el Concejo. Muchas veces hice entrar a las organizaciones al Salón Puerto Argentino del Concejo, la gente me expresaba qué estaba ocurriendo y eso se lo trasladaba al intendente. Un día, a fines de marzo de 2001, el intendente me llama y me dice que yo tenía que ser el nuevo secretario de Promoción Social de la Municipalidad, pero antes me dice que ya había hablado esto con todas las fuerzas políticas con representación en el Concejo. Es decir, Binner se daba cuenta de que había que articular con todos para enfrentar la crisis que se avecinaba y eso era urgente: necesitábamos el apoyo de todas las fuerzas. Me pidió que, si era posible, asumiese esa misma tarde. Finalmente fue el 3 de abril.

—¿Cuáles fueron tus primeras acciones como secretario del área?

—Inmediatamente nos sentamos con la Provincia. Subrayo que la Municipalidad tenía los dispositivos asistenciales, era un Estado presente; había un Estado semi presente, el provincial de Reutemann, y uno ausente, el nacional. Lo primero que hicimos fue articular con la Provincia y convocar a las organizaciones sociales como podíamos: nos juntábamos dentro de la Secretaría, hasta hacíamos asambleas en el Pasaje Juramento. Todos manifestaban el mismo problema… Yo ya había tomado conciencia del asunto por lo que había visto desde hacía un año en el Concejo. Quiero destacar esta articulación que se hizo con la Provincia, porque ahí no corría quién estaba mejor o peor, cosa que en la política es habitual… Trabajábamos juntos. 

—¿Cuándo explota? ¿Por qué?

—Y… sucedió algo: la irrupción de la clase media en el escenario. La clase media cortó totalmente su apoyo al gobierno nacional que había votado, el de la Alianza, y empieza a sentir la crisis en su propio bolsillo. Cuando se quedaron con sus ahorros, se acabó todo. La gente salió a la calle, pidió la renuncia del presidente de la Nación y todo sucedió vertiginosamente. La intervención del gobierno provincial en los barrios donde estaba muy tensa la cosa no fue lo más feliz, sino todo lo contrario. Las fuerzas policiales no debieron haber intervenido, o en todo caso debieron haberlo hecho preventivamente, y se debió dejar trabajar en la calle a los coordinadores y trabajadores sociales. Pocho Lepratti era uno de esos, que junto al padre Montaldo actuaba en barrio Ludueña. Él pierde la vida trabajando en barrio Las Flores y también lo hacía en Villa Banana. Como él había mucha gente… 

—¿Cuándo tuviste vos la primera percepción de que todo iba a desbordar?

—Mirá, en plena crisis nosotros íbamos a las reuniones con las organizaciones sociales al barrio profundo y nos transformábamos en una más de esa gente. Hay una fecha precisa sobre lo que me preguntás: el 14 de diciembre de 2001. Ese día estábamos en reunión de gabinete en el Palacio Municipal, el intendente Binner no estaba en la ciudad y eran las primeras horas de la tarde. Me llama entonces el subsecretario de Promoción Comunitaria de Santa Fe, y me dice que las cosas en Empalme Graneros estaban mal. Me pregunta si tenía alguna ayuda para dar y le contesto que no mucho. Me retiré de la reunión y me fui a Empalme en auto, solo, no tenía la dimensión de lo que estaba ocurriendo ahí; estaciono frente a la vecinal de Empalme donde estaba su presidente, Lalín Ortolani y este me dice: cuidado Miguel, mirá que la cosa está pesada. Lo mismo me comentan dos compañeros del socialismo. Entre Municipalidad y Provincia pudimos armar ese día 600 cajas con alimentos, ¿sabés qué? Había más de 1.500 personas y seguían llegando… Ahí vi que la cosa estaba desbordada.

—¿Y qué hiciste?

—Me recuerdo con la corbata desabrochada y el saco en la mano, rodeado por gente del barrio… A algunos los conocía. Me gritaban en la cara: queremos respuestas ya. Los medios filmaban todo porque ya estaban en el lugar. Le dije a esa gente que no tenía respuestas inmediatas, pero que teníamos una ventaja, porque yo estaba metido ahí y me iba a jugar con ellos, porque las cosas que se venían iban a ser peores. Entonces fuimos con referentes del barrio al campito cercano al Club La Gloria. Ahí tuve que decirles que íbamos a hacer una distribución, pero que en algún momento se iba a terminar la comida, que no iba a alcanzar… Así fue nuestro trabajo: distribuir, explicar que íbamos a volver tal día y a tal horario. Dijimos a esos referentes que empezaba un nuevo modo de asistir a través de los Centros Crecer, los de salud, los comunitarios, etcétera. Los días siguientes nos encontraron haciendo lo que podíamos, pero no dejábamos de hablar. También ahí primó la gran inteligencia que tenían estas mujeres, porque mayoritariamente eran mujeres, de las organizaciones: se dieron cuenta de que estaba en sus manos la posibilidad de salir y que la guerra de tomar edificios y romper cosas no era el camino. Fíjate que eso en Rosario no ocurrió, porque la crisis se llevó puestos a muchos otros gobiernos municipales…

—Bueno, aquí se intentó eso también, hubo especulaciones al respecto…

—Sí, claro que sí. Por supuesto. Empezó a correr un volante que decía: Binner se cae. La basura la arrojaban delante del Palacio de los Leones, sobre las escalinatas, y la Unión Tranviarios hizo muchos paros… El Concejo se cerró porque algunos querían tomar el edificio. Ya no estaba más Cribioli, había asumido el justicialismo y el presidente del Concejo era Norberto Nicotra, que nos permitió que utilizáramos el Concejo como ámbito de reunión. Y creo que salvó al Concejo, porque hacíamos ahí asambleas con las organizaciones y muchos concejales estaban presentes.

—¿Hubo sectores políticos que agitaron para que se pudra todo?

—Siempre es posible; sí hubo, porque como te decía, estuvo lo de los volantes, la basura, el transporte… Hubo, sí, pero pongo adelante lo otro. El gobierno provincial quiso articular, lo mismo que el Concejo y las organizaciones sociales. ¿Viste cuando se habla de infiltrados en las organizaciones? Bueno, aquí eso no ocurrió. Acá nadie copaba la banca. Te repito: eran organizaciones independientes del gobierno y de los partidos políticos. Levantaron una sola bandera de unidad y organización. Rosario no se incendió por sus dispositivos y porque articuló con todas estas organizaciones.

—¿Cuándo empezó a aflojarse la tensión y a mejorar el clima social?

—Bueno, hay unos hechos fundamentales en Rosario. Primero, cuando convocamos al sector privado, a supermercadistas, y éstos se comprometen a entregar cajas de alimentos que, a su vez, se depositaban en el predio de Gendarmería de San Martín y Virasoro. Gendarmería asumió la responsabilidad de custodiar esas ayudas y la Municipalidad se hizo cargo de la distribución. Y después ocurrió lo fundamental: vienen las organizaciones y nos plantean: tenemos que ir a pedir al gobierno nacional más planes. En ese momento Rosario tenía 5.500 planes Trabajar, más las cajas de alimentos de algún camión que había quedado de los que había enviado el gobierno de la Alianza… Binner gestiona entonces una reunión para ir a plantear esto; le sugiero que nos acompañen algunos referentes de las organizaciones, pero no para ir a patotear, sino para que estuvieran presentes. Así fue: fuimos veinte. Eduardo Duhalde ya era presidente y su esposa, Chiche, ministra de Desarrollo Social. Ella nos recibió: a su lado estaba sentado Binner, que quiso que hablaran las organizaciones. La gente narró lo que estaba pasando, habló de la ausencia del Estado, de la ruptura del gobierno con los sectores más pobres. Un referente, Diego Godica, le dijo a Chiche que 5.500 planes Trabajar eran muy pocos para Rosario y ella preguntó cuántos quería. Veinte mil, le respondió Diego. Chiche Duhalde le dijo que no habría ningún problema, le pidió a Binner que se hiciera cargo de organizar la demanda según los requisitos del Plan Jefas y Jefes de Hogar. Conclusión: llegaron a Rosario 64.500 planes… 

—Ante un posible crack, ¿Rosario tiene hoy una estructura para hacerle frente?

—Yo dije que se había producido una explosión por una crisis por ausencia del Estado. Sin embargo, Rosario como ciudad, sin autonomía, estaba organizada en 2001 y su articulación con la Provincia y las organizaciones hizo posible que se saliera adelante. Hoy está todo en manos del gobierno nacional, porque ya hace mucho, desde que ganó el Frente de Todos o Unidad Ciudadana o como se llame, tomaron la centralización y el incremento de la ayuda social… Eso le sacó responsabilidad a provincias y municipios; esto no es de ahora, viene de años y determinó que se desarticularan muchos dispositivos en Rosario. Yo fui muy crítico de esa desarticulación, porque se puso énfasis en otros aspectos. Se dijo: bueno, ya que esto lo tiene Nación, que lo encare Nación, y se desarticuló todo lo otro… Hoy no existe para nada todo aquello, la distancia del Estado municipal hoy respecto de aquella realidad es enorme. Igual pienso que no se están dando las condiciones subjetivas y objetivas para que se de otro 2001. Ahora, si se depende solamente del asistencialismo, no se va a resolver la cuestión de fondo. Eso va a contener la cosa, pero no la va a resolver.


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