El peronismo santafesino atravesó una semana de alta tensión política en Diputados: el martes se partió el bloque y dos días más tarde se quedó con la vicepresidencia segunda de la Cámara, un año después de que se negara a ocupar ese mismo lugar institucional para no convalidar “una simulación parlamentaria”. Si bien hay dos hechos concretos, cada parte de esta historia tiene distintas interpretaciones, autores intelectuales, sospechados y desmentidas.
La decisión del PJ de ocupar la vicepresidencia segunda generó beneplácito y apoyo unánime del resto de las bancadas. Ese lugar será para Ricardo Olivera, presidente del partido en la provincia y reconocido en la Cámara por ser un constructor de consensos. Además de la empatía que mostraron sus pares con Olivera, su designación dejó en evidencia que era una situación políticamente incómoda que una de las vicepresidencias estuviese vacante. Los discursos del socialista Joaquín Blanco y del radical Maximiliano Pullaro así lo certifican.

“Olivera jerarquiza la Cámara y la conducción política de la misma”, dijo Blanco al anunciar el apoyo del socialismo; Pullaro se pronunció en el mismo sentido: “El año pasado tuvimos una discusión sobre este tema, por eso valoro el gesto de grandeza del PJ para saldar la cuestión”.
Más allá de las demostraciones de convivencia política, lo cierto es que el PJ sigue reivindicando la decisión que adoptó en 2021, cuando se negó a ser parte de la conducción del cuerpo porque el radicalismo lo desplazó de la vicepresidencia primera. Algo de eso dejó traslucir Cachi Martínez cuando anunció la postulación de Olivera. “Queremos recordar que el PJ tuvo legítimos argumentos para pedir la vicepresidencia primera para Lucila De Ponti”, sostuvo, sin romper el clima de armonía reinante.
Más enfático fue el presidente del bloque del Frente de Todos, Leandro Busatto, al explicar qué cambió de un año a otro para que ahora aceptaran lo que antes rechazaron. “En aquel momento nosotros advertimos una simulación parlamentaria que básicamente consistía en decir que había un bloque del socialismo y otro del radicalismo para quedarse con los dos primeros lugares”, dijo en diálogo con Suma Política. “Aceptar la vicepresidencia segunda era convalidar esa maniobra, porque el interbloque del frente Progresista estaba constituido como tal”. Para Busatto, hoy la realidad es otra: “Hay un bloque del PS y otro de UCR-Evolución, y no funcionan como interbloque. Lo que cambió en un año es que hay dos espacios distintos y nosotros somos la tercera fuerza”.
El interbloque del Frente Progresista tiene 18 legisladores y el de la UCR-Evolución, que lidera Pullaro, con la Coalición Cívica, es de 11.

Melodía del consenso
La designación de Olivera por parte del interbloque del PJ responde a una lógica política concreta. “Es una persona de diálogo. Nosotros hacemos un gesto contrario del que recibimos de algunos sectores del PJ, entre los que incluyo al propio gobierno provincial, que intentan romper el bloque constantemente”, dijo Busatto, sin disimular su malestar por la situación. “Nosotros respondemos con más unidad, y ponemos como símbolo de esa unidad al presidente del partido”.
Esa apuesta por la unidad de la que habla Busatto contrasta con la ruptura del bloque del Frente de Todos, que se había producido 48 horas antes.
La jugada fue impulsada por el referente de La Cámpora en la provincia, Marcos Cleri, y terminó con la constitución del bloque Lealtad Kirchnerista, que integran la bielsista Matilde Bruera y la camporista Paola Bravo.

Ahora, los legisladores del interbloque del PJ están divididos en cuatro bloques: Frente de Todos (4 miembros), Frente Renovador 100% Santafesino (Cachi Martínez), el flamante Lealtad Kirchnerista (2) y Fe (Cesira Arcando).
“Como no pueden construir nada se dedican a romper”, braman los legisladores que siguen en el bloque mayoritario, el Frente de Todos, y le apuntan a Cleri. “La Cámpora en Santa Fe es una franquicia, y la política no funciona con franquicias”, repiten despectivamente.
Tampoco se quedan en las lecturas lineales y aseguran tener datos que confirman que Cleri no estuvo solo. Son varios los convencidos de que la decisión contó con el visto bueno del diputado nacional Roberto Mirabella, hombre del riñón del gobernador.
Sin embargo, fuentes de la Casa Gris negaron rotundamente que el perottismo haya avalado la ruptura. “Esto es una chanchada”, dijeron desde uno de los despachos más importantes para describir lo que pasó. “Es a destiempo de todo y no le sirve a nadie”.
La Cámpora expuso sus argumentos para avalar la ruptura a través de una declaración pública de Paola Bravo. “En esta etapa es necesario visibilizar el respaldo a Cristina Fernández de Kirchner como conducción del peronismo y el movimiento nacional y popular”, dijo la legisladora. Y profundizó: “Tenemos que debatir las diferencias sin esconderlas ni diluirlas, porque este es el mejor modo de profundizar el diálogo y la democracia y construir más organización en defensa de las y los trabajadores”. Esa fue la declaración formal; por lo bajo, voceros de la agrupación sostienen que las dos legisladoras eran “ninguneadas” en el bloque y que, además, el kirchnerismo estaba “subrepresentado”.
Un dato llamativo es que la ruptura se gestó en medio de un total hermetismo. De hecho, cuentan que Bruera les avisó a sus ahora ex compañeros de bancada que conformaba un nuevo bloque después de haber presentado el pedido formal en Diputados.

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Ver todas las entradasPeriodista. Cofundador y editor de Suma Política. Ex secretario de Redacción del diario La Capital. En Twitter: @rpetunchi

































