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Política

El demorado Presupuesto 2022 y el nuevo mapa del poder en la Legislatura

La ley de Presupuesto con que cuenta por fin el gobernador Omar Perotti recibió en ambas Cámaras un importante respaldo. Hubo unas pocas abstenciones y votos en contra en Diputados, y se repitió —en segunda revisión— la unanimidad en el Senado.

Pero tan alto consenso no debe causar confusiones. Fuertes mayorías e incluso la unanimidad no implican uniformidad. Los matices siempre cuentan y son los que hicieron que se trabara primero la discusión en la Cámara baja y que se destrabara luego, para finalmente producirse una veloz aprobación en el Senado que, una y otra vez, en diciembre de 2021 y ahora, ha hecho lo que le resultaba mejor al gobierno o si se prefiere “a la gobernabilidad” con retoques al presupuesto que lo dejaron bastante más presentable para los Diputados más duros de la oposición.

Dentro de esos dos grandes sustantivos colectivos, oficialistas y opositores, hay también matices que la discusión del Presupuesto 2022 expuso más que al momento de la votación, a la hora de la negociación. Unos jugaron con el reloj, otros esperaron con paciencia y llegó marzo que ya no dejaba más que la obligación de sancionar la ley de cálculo de gastos y recursos.

Los nuevos mapas del poder

El escenario del conflicto fue la Cámara baja. Ahí se demoró en comisiones más de lo necesario el mensaje que el Ejecutivo había enviado en tiempo y forma en setiembre del año pasado. Entender cómo jugaron por una parte los radicales en sus distintas vertientes dentro de Juntos por el Cambio (los hay “históricos” fundadores de la coalición con el Pro y otros recién llegados pero relativamente exitosos) y los socialistas por otra, requiere si no abandonar al menos cuestionarse ciertos presupuestos políticos en la Legislatura.

No ha cambiado todavía el mapa del no peronismo en esa Cámara pero la ausencia de Miguel Lifschitz y el proceso electoral de 2021 dejaron huellas en un camino difícil, el de la carrera a las candidaturas y los espacios de poder a disputar en 2023, por las que ahora unos aprovechan para acelerar al encontrar el piso firme mientras que a otros se les traban las ruedas.

Cuando la ley de Presupuesto ingresó por el Senado y se repitió un pronto entendimiento entre la bancada de los radicales comandados por Felipe Michlig y el sector del Nes del PJ que lidera Armando Traferri, consensuando con los representantes de Lealtad de Alcides Calvo y los funcionarios del gobierno (fue justo en la renovación del gabinete y la llegada de Celia Arena al Ministerio de Gobierno) parecía que mandaba en la Legislatura ese entendimiento entre el peronismo del Nes y los radicales de Evolución que empujan una candidatura a gobernador de Maximiliano Pullaro (en la que mucho tienen que ver el ex vicegobernador Carlos Fascendini y Michlig).

También, que con una porción de bancas importante en cada Cámara los radicales “evolucionados” manejarían los hilos y sobre todo los tiempos de la negociación. Que tendrían el freno y el acelerador a su disposición para también lograr que el gobierno provincial comprometa públicamente más fondos para los pueblos y las ciudades que administra la UCR: durante febrero exhibieron el precio de la discriminación, con fondos y partidas garantizadas por ley que sin embargo se atrasan.

Pero hubo dos protagonistas fuera de la Legislatura con votos y con perspectivas de poder que también intervinieron. Los “importantes dirigentes” a los que aludió Rubén Pirola (PJ-Nes-Las Colonias) en su discurso del jueves 17 al actuar como uno de los miembros informantes por la mayoría.

Del mismo modo, también debe advertirse que el presidente de la Cámara de Diputados Pablo Farías supo cuándo mover sus fichas, o mejor dicho mostrar su carta pública al gobernador que lo invitó al diálogo a fines de febrero. Puede que Farías haya demostrado entre los propios opositores que no cederá tan fácilmente su sillón para la segunda mitad de los mandatos de los diputados.

La negociación por el Presupuesto tuvo por una parte al oficialismo y sus matices frente a la oposición y los suyos. Y fueron los intendentes de Rosario, Pablo Javkin, y de Santa Fe, Emilio Jatón, quienes lograron una excepcional partida de fondos para dotar de luces leds a sus calles inseguras, dentro de los programas oficiales de la provincia para enfrentar el delito con la ley de emergencia en seguridad que da ventajas para la disposición de fondos sin demoras: 1.500 millones para la ciudad más poblada y 700 para la capital provincial.

Primero en diciembre de 2021 Diputados torció —retoques a la Ley Tributaria mediante— un diez por ciento de la recaudación impositiva a todas las administraciones municipales y comunales, y luego con sus demoras que buscaban una solución concreta frente a la discriminación apareció esa ayuda, que ciertamente colabora al menos para atenuar en el plano de las sensaciones las noches oscuras de la inseguridad de rosarinos y santafesinos capitalinos.

Rosario y Santa Fe pedían entrar a la Ley de Obras Menores. Eso no ocurrió pero tomaron pronto una oferta veloz que hicieron los ministros. Para entonces, la propuesta de Farías de volver a dialogar (ni más ni menos que lo único sensato para las instituciones) tuvo el eco esperado en el gobierno. Y acaso todo haya sido diseñado desde la Casa Gris.

Con el Presupuesto listo, y la demostración de que Santa Fe con 75 por ciento de las bancas en manos de opositores puede no perderse en las profundidades del juego sin ganadores de la grieta, hay ahora más terreno para que avance el diálogo entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo para ocuparse de las vacantes en la Justicia.

Tomar y ceder

En alguna medida, cada sector logró lo que se proponía y se quedó —al mismo tiempo— con parte de sus objetivos sin concretar.

El gobierno tiene una ley que ordena su funcionamiento y es una carta de presentación para cualquier gestión crediticia internacional o para mostrar un rumbo (más cuando el país carece de esa norma elemental). Y además, el Presupuesto tiene 100 mil millones para hacer obras públicas y usar por fin la caja que se acumuló el año pasado. Eso sí, tuvo que ceder un 10 por ciento de la recaudación impositiva propia en algunos gravámenes y aceptar que pueda hacer eventualmente hasta un 20 por ciento de gastos corrientes con pesos presupuestados para pagar bienes de capital.   

Para la oposición se cumplió el objetivo de hacer ver sus preocupaciones respecto del trato que reciben las municipalidades y comunas que no pertenecen al partido de gobierno. Se quedó con una promesa de que será mejor ese vínculo y con la palabra del ministro Walter Agosto de que habrá pronto el esperado flujo de fondos. Como contrapartida debió aceptar que ya había pasado demasiado tiempo sin ley de Presupuesto.

Al gobierno de Perotti parece irle mejor desde que aceptó dialogar con los legisladores, aun peleándose todavía con el peso del pasado de la gestión del fallecido Miguel Lifschitz. La exagerada comparación entre la deuda que dejó Mauricio Macri con el FMI con los préstamos extremadamente blandos que contrajo Santa Fe en dólares —que comprometen algo más de un punto y medio del Presupuesto aprobado— mereció una cruel (y certera) chicana del jefe de los diputados socialistas Joaquín Blanco que le recomendó: “en términos psicológicos el gobernador tiene que soltar” y gobernar. 

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