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Informe

La carta fantasma de Busaniche, el lobista santafesino que revela una guerra en la cúspide del Poder Judicial

Lobista del más alto nivel de la Justicia Federal de la Nación, conectado por linaje a la aristocracia política de su ciudad y conocedor de los sótanos de inteligencia, el escribano santafesino Santiago Busaniche termina esta semana con varias vivencias extremas. La Cámara Federal de Casación Penal acaba de negar el pedido de anular todas las investigaciones en su contra, que lo conectan a dos jueces federales de Rosario en casos de corrupción. Y además se suspendió una audiencia en Rosario debido a un motivo que blanquearon este viernes sus mismos defensores: un intento de suicidio con ansiolíticos que lo mantiene internado en una clínica de la capital provincial.

Tan intenso como esto es el contenido de una supuesta carta que pusieron a circular allegados a mitad de semana donde Busaniche anuncia su intención de quitarse la vida y alude a una interna en lo más alto del Poder Judicial argentino como disparador de los procesos judiciales que lo tienen con un pedido de prisión de seis años. 

La carta ha sido redactada de forma de poder negarse la autoría de Busaniche en caso de que se publique. No hay nada que permita acreditar que ese texto, efectivamente, sea suyo. Pero anuncia una intención suicida, y los abogados presentan un certificado médico de un intento de suicidio del Busaniche real. A la vez esgrime muchos argumentos de la defensa del Busaniche real. Y deja en claro que el autor es un conocedor profundo, sutil y peligroso de secretos del mundo de magistrados de todo nivel, a los que alude varias veces por sus nombres.


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En esa nota de siete páginas el presunto Busaniche adjudica las acciones judiciales en su contra a una iniciativa del presidente de la Corte Suprema de la Nación Horacio Rosatti con las acciones logísticas de su secretario y mano derecha Silvio Robles. En Comodoro Py, en Santa Fe y Rosario este tema fue una caldera. En un escrito viralizado, el Busaniche real o el supuesto desnudan una interna santafesina en el más alto renglón judicial. La que mantienen en múltiples frentes Horacio Rosatti con Ricardo Lorenzetti. El actual titular de la Corte con su antecesor.

Tan instalada está esta interpretación que en el texto que le atribuyen, titulado “Carta despedida”, Busaniche aclara en más de una oportunidad que no tiene ninguna relación con Lorenzetti. 

Busaniche está implicado en la causa de la extorsión que mantiene con prisión preventiva al ex juez federal de Rosario Marcelo Bailaque y al financista Fernando Whpei, y también imputado al ex director de la AFIP Rosario Carlos Vaudagna. Los tres están acusados de armar una causa por lavado de dinero a los agentes de bolsa Claudio Iglesias y Jorge Oneto, el primero directivo de la aseguradora San Cristóbal. 

De un teléfono secuestrado a Vaudagna se extrajeron audios que revelan cómo Busaniche instiga al jefe de AFIP para armar la maniobra. Según los fiscales Iglesias pagó 160 mil dólares para que frenaran la causa, lo que efectivamente pasó. Y de acuerdo al testimonio de Vaudagna en condición de arrepentido, quien estuvo empujando el armado de la causa fue Héctor Daniel Marchi, ex administrador general de la Corte Suprema hasta 2023, oriundo de Rafaela como Lorenzetti, quien lo promovió a ese cargo y lo sostuvo en soledad hasta que tuvo que irse por una interna de la Corte.

También está procesado Busaniche por cohecho junto al actual juez federal de Rosario Gastón Salmain, quien ordenó mediante una resolución que el Banco Central le vendiera 10 millones de dólares en billetes al fideicomiso Attila, del mismo Whpei, para pagar una deuda en el exterior durante la vigencia del cepo cambiario. Según el procesamiento confirmado, el magistrado lo dispuso a cambio de un retorno de unos 200 mil dólares que, imputaron los fiscales, fue gestionado por Busaniche.



La carta

Este viernes en Rosario había apuntada una audiencia a pedido de los abogados de Busaniche para recusar al fiscal federal Juan Argibay Molina que lo investiga en las dos causas señaladas. Los defensores Diego Pirotta y Débora Lichtmann —del estudio jurídico de Darío Richarte, ex número dos de la SIDE durante el gobierno de Fernando de la Rúa— pidieron la postergación de la audiencia. Presentaron un certificado firmado este miércoles por un médico psiquiatra que suscribe que Santiago Busaniche había ingresado en la guardia del Sanatorio San Gerónimo tras la ingesta de 30 comprimidos de Clonazepam de dos miligramos, con verificación de hipotermia e ideas de autoagresión, y con recomendación de internación y acompañamiento permanente. 

El mismo miércoles pusieron a circular el texto donde este escribano de 51 años anunciaba su decisión de quitarse la vida. 

Desde el inicio, Busaniche acusa al presidente de la Corte Suprema de la Nación Horacio Daniel Rosatti de desacreditarlo públicamente, hostigarlo en los medios “desde su cobarde y desproporcionada posición de poder”, operando sobre los jueces inferiores a través de su secretario Silvio Robles, con llamados directos para actuar sobre las causas judiciales que lo involucran.

Algo que es verificable es que los mensajes con la voz de Busaniche recomendando a Vaudagna el armado de una causa penal contra los agentes de bolsa rosarinos, quienes admiten haber sido extorsionados, forman parte de un acervo de evidencia que aparece en un teléfono, el del propio ex director de la AFIP, que no fue secuestrado por la Justicia Federal sino por el Ministerio Público de la Acusación de Santa Fe. Con lo que esa prueba presentada en audiencias existía desde antes de la presunta voluntad de perjudicarlo a la que alude Busaniche.

También indica el texto que Rosatti recriminó al ex presidente del Consejo de la Magistratura Diego Molea y al diputado y consejero Alvaro González que hubieran ido a comer con él “diciendo que yo era «valijero» del Dr. Lorenzetti con quien juro, por la salud de mi hijo, jamás hice ni un sólo negocio ni lo conozco como para pedirle una cosa así”.

Para Busaniche la enemistad de Horacio Rosatti hacia él surge ante la idea de que él dijo cosas injuriosas de su hijo Emilio Rosatti quien ahora, de manera controvertida públicamente, es impulsado para ocupar el puesto de vocal del Tribunal Oral Federal de Santa Fe, para lo que se modificó el orden de mérito de forma de habilitar su postulación. 

Lo que es muy conocido en Santa Fe es que Emilio Rosatti, tras un incidente de carácter íntimo en el Tribunal Oral Federal de Santa Fe donde trabajaba en el ámbito de la vocalía de José María Escobar Cello, pasó a desempeñarse como prosecretario en la vocalía de Luciano Lauría. 

Justamente una de las arremetidas más severas en el texto atribuido a Busaniche es contra Lauría, a quien acusa de “alcahuete y arrastrado” y dice que “le compra caramelos de goma” a Emilio Rosatti. También dice que Emilio le dijo a Lauría que había desaprobado el examen como aspirante para integrar la Cámara de Casación Penal por la gravitación negativa de Busaniche. 

“Lamentablemente no tengo el poder para corregir los exámenes de ese concurso, y de haberlo tenido hubiera hecho aprobar a gente que reprobó y considero largamente más valiosa para un tribunal tan importante”, dice el texto.

También le atribuye a Lauría haberle dicho a una secretaria del Tribunal: “No me hablés de ese delincuente de Santiago que me hizo reprobar y además ya vas a ver va a terminar preso”.

Aduce haber preguntado al presidente de la Asociación de Magistrados Andrés Basso para averiguar si era cierto que lo imputarían. Afirma que éste habría hablado con el fiscal jefe de la Procuración de Lavado de Activos Diego Velasco quien le dijo —sostiene el texto— que buscaban “escalar” para llegar a Ricardo Lorenzetti. “Y que yo me quede tranquilo porque me imputarían cosas periféricas excarcelables”.

“Yo le expliqué a Andrés, que estar sometido a un proceso penal sin fundamentos en una ciudad como Santa Fe me desacreditaba humana y profesionalmente, que podía perder la matrícula y que yo no estaba hecho económicamente como para no tener esa herramienta de poder trabajar de escribano. Pero de nada valió lo que le dije”.



Busaniche es hijo de un prestigioso médico clínico de Santa Fe. Es hermano de un camarista de la Justicia Federal de Paraná. Ex alumno del Colegio Inmaculada, jugador de rugby en CRAI. Casado con una escribana que es hija del ex diputado nacional Julio Gutiérrez, quien es a su vez primo político de Carlos Reutemann. Precisamente Busaniche llegó a Buenos Aires a inicios de 2000 vinculado al ex gobernador santafesino quien por entonces era senador nacional. De gran encanto e inteligencia sutil, construyó relaciones en el campo de la inteligencia y el mundo judicial que le permitieron ingresar y trabar relación con numerosos magistrados, que lo conocen como “Santi”. A partir de allí y de una conexión privilegiada con Héctor Marchi, el poderoso funcionario que controlaba la caja de la Justicia Federal, Busaniche fue gravitante para colonizar con nombramientos sin concursos el Poder Judicial y también para gestionar ascensos. Tanto de jueces, secretarios, o de familiares o allegados de estos.

Lo que hace la carta adjudicada al lobista es, para quienes conocen de cerca la idiosincrasia de la Justicia Federal en la ciudad de Santa Fe, poner en desnudez una trama de relaciones de un mundo opaco pero ampliamente conocido. Las luces del reflector son potentes porque también enfocan, en este conflicto, a dos ministros de la Corte Suprema que son oriundos de la provincia. 

Dichos al pasar

El texto también reprocha que no hayan citado a declarar al ex ministro de Justicia de Santa Fe Ricardo Silberstein ya que está aludido, señala, en la causa de extorsión a los agentes de Bolsa. Tanto Silberstein como el chantajeado Iglesias tienen relación con la aseguradora San Cristóbal. Cuestiona además que el juez federal de Rosario Carlos Vera Barros lo hubiera procesado a Busaniche cuando su secretario penal, Carlos Abboud, “tiene conversaciones muy border con Vaudagna”. Algo que los defensores de Busaniche señalaron hace cinco meses de manera explícita en una audiencia judicial en Rosario.

Menciona también aunque positivamente a Mariano Llorens, ex presidente de la Cámara Federal porteña, aludido por sus visitas a la Casa de Gobierno y la Quinta de Olivos durante la presidencia de Mauricio Macri. “Gente honesta y de muy buena madera como el doctor Mariano Llorens me confesó que esto venía por el lado de Silvio Robles”, a quien alude como “el jefe del presidente de la Corte Horacio Rosatti”. Busaniche indica en el texto que le atribuyen que Robles le decía a Llorens: “Cada vez le quedan menos amigos a Lorenzetti”. Ante lo que Busaniche decía: “Pero yo no soy amigo de Lorenzetti”. Con lo que Llorens, según el escrito, replicaba, “Ya lo sé, pero ellos se piensan que sí, cuánto daño te han hecho, Santi”.

El texto atribuido a Busaniche hace alusión a una guerra en el máximo nivel de la Corte entre sus dos integrantes santafesinos. También anuncia una despedida en la carta que se pone a circular el mismo día que él ingresó a la clínica santafesina tras la ingesta de fármacos. “Ya no tengo fuerzas para llevar esta cruz, pero espero que esta decisión haga reaccionar a algún engranaje del Poder Judicial, se investigue todo este entramado para que los ciudadanos comunes vivan en un verdadero Estado de Derecho”.

Lo que dice revela algo que parece en un punto una admisión de lo que indican quienes describen el mundo de Busaniche. Una persona que no es empleada ni funcionaria pero que tiene, o revela, un conocimiento profundo de actores del Poder Judicial de la Nación. Que por momentos ofrece planteos que pueden tener corroboración y en otras conjeturas conspirativas directamente delirantes. Y que revela enfrentamientos y enconos en las alturas superiores de la Justicia Federal que son largamente aludidos en ámbitos políticos, parlamentarios, judiciales y periodísticos.

Pero las evidencias que conectan a Busaniche con el caso están lejos de parecer un complot. Él mismo le demanda reiteradamente a Vaudagna que acelere los informes necesarios para implicar a los agentes de Bolsa de Rosario en la causa de extorsión que le costó el puesto al juez Bailaque. Y dice que lo hace porque la presión que recibe es insoportable. Los audios con su voz se encontraron, como se dijo, en el teléfono de Vaudagna. Eso sirvió para que el caso tenga impulso fiscal y validación judicial. Pero Busaniche habla de un armado que le atribuye a los fiscales de Procelac y a varios jueces.

Este viernes los abogados Pirotta y Lichtmann presentaron en Rosario un escrito para suspender la audiencia de recusación al fiscal Argibay Molina por la situación clínica de Busaniche. Un fragmento del texto dice: “De esta manera, y siendo que el grave estado emocional de Santiago Busaniche se encuentra íntimamente relacionado con la existencia de esta causa, y estando estos letrados también afectados emocionalmente por lo ocurrido, habremos de requerir la postergación de la audiencia prevista para el día 8 de mayo; al menos hasta tanto la situación de salud del señor Busaniche mejore”.


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Este jueves, al mismo tiempo, la Cámara de Casación penal le rechazó a Busaniche por una mayoría de dos a uno un planteo para anular todas las causas en su contra y recusar a los fiscales. Todos los jueces consideraron que el caso no debió llegar nunca a Casación porque era impertinente el pedido allí dado el carácter inicial del trámite. También que los fiscales no tenían motivos para dejar los casos. El único que creyó que las pesquisas estaban extinguidas es el camarista Mariano Borinsky. Sus colegas Carlos Mahiques y Guillermo Yacobucci señalaron lo contrario: que son hechos de corrupción institucional y que Argentina es adherente de pactos internacionales que obligan a investigarla.

¿Fue Busaniche el autor de este texto sin firma, que se echó a circular incluso por allegados a servicios de inteligencia, que dice que el autor del enunciado pondría fin a su vida, y que se difundió el mismo día que Busaniche entró a un sanatorio tras ingerir treinta tranquilizantes? Así de turbulento y espeso es todo. Igual que la misma composición del Poder Judicial en el nepotismo puro de sus mecanismos de ingreso y promoción de magistrados. Ese es el mundo real donde el Busaniche de carne y hueso desde hace 25 años moviliza sus influencias. Busaniche es un pesado síntoma de algo más profundo. 

“La demencia de las élites judiciales es patética, son guerras de la abundancia y de la burbuja de privilegios”, le dijo a Suma Política a propósito de estos asuntos un docente de Derecho Constitucional de una universidad pública, que prefiere no ser citado para, como dice, preservar sus cargos docentes precarizados.


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