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Política

Adorni en Diputados: llegó escoltado, dejó decenas de preguntas sin respuesta y leyó todo lo que dijo

Llegó escoltado por el presidente y por la Policía Federal; leyó todo lo que dijo, puso cara de piedra en los ratos que no tuvo más remedio que escuchar a opositores y se fue, probablemente, más débil que cuando ingresó. Así fue el paso de Manuel Adorni por el recinto de Diputados, este 29 de abril. La fuerza oficialista transitó por el camino trazado: defender la acción de gobierno, ofreciendo datos a veces polémicos, y otras tantas inverosímiles. Y desde ya, Adorni no se autoinculpó, y tampoco respondió decenas de preguntas puntuales sobre su patrimonio, gastos y viajes.

Con todo, Adorni ratificó lo esperable cuando aseguró: “No voy a renunciar”.

La oposición eligió el camino de cierta corrección, evitó el desmadre de la sesión, y si bien tuvo discursos duros como los de Juan Marino y Germán Martínez (hubo 10 oradores / preguntadores) del peronismo, prefirió evitar el choque frontal con el jefe de Gabinete, y también con sus colegas, los diputados libertarios, ubicados en el sector norte del hemiciclo. Si el clima de enfrentamiento crecía, podía ocurrir un final abrupto: el peronismo —o parte del peronismo— privilegió que todo se desarrollara con cierta normalidad.

La relación de tiempo en el uso de la palabra entre el funcionario de la Casa Rosada y los diputados opositores fue desigual: sólo en la presentación del informe, el jefe de gabinete habló una hora y media; entre los 10 diputados de UxP hablaron unos 70 minutos.

Se trató de una conversación entre sordos, nada, o casi nada, del contenido de las preguntas fue abordado puntualmente en las respuestas por el funcionario de la Casa Rosada.

El clima en el oficialismo, al final de la jornada, era de cierto alivio: creen no haber, al menos, empeorado una situación desde ya delicada. La pregunta es qué resultados produjo la fenomenal alteración de tradiciones —y en parte, constitucional— en cuanto a la presencia del presidente Javier Milei y todo su gobierno en modo hinchada en los balcones del recinto. En especial en las primeras dos horas de la sesión, cuando “Manu” leyó el largo discurso que le habían preparado sus asesores. Una defensa cerrada de la gestión, con valoraciones positivas que casi nadie del mundo político y económico comparte.

Aunque esto último sería un detalle; la pregunta es si esas valoraciones la comparten, al menos, el 40,6 por ciento de argentinos que fueron a votar en octubre pasado, y lo hicieron por LLA.



Entre los pocos diputados que pudieron hablar —el diseño de la sesión estuvo en manos del oficialismo— estuvieron incluidos los santafesinos Esteban Paulón y Gisela Scaglia por Provincias Unidas, y Germán Martínez, último orador opositor de la tarde.

Paulón fue directo en incriminar los casos de corrupción que atormentan al gobierno libertario, en tanto Scaglia osciló entre defender al gobierno a la vez que pedirle más resultados. “Estamos de acuerdo en que había que destruir el pasado, pero ahora toca construir otra vez”, dijo la diputada ex vicegobernadora; por lo demás, pidió por el mantenimiento de las rutas nacionales que atraviesan la provincia. Adorni contestó luego vagamente con algunas rutas puntuales en distintos puntos del país. Poco, casi nada.

El peronismo, entre tanto, tuvo en la persona del titular del bloque un discurso directo: “Esta sesión nunca debió hacerse, usted debió renunciar antes”. Martínez le recordó a Adorni “usted no es cualquier ministro, usted tiene la obligación constitucional de dar explicaciones en el Congreso. Y este parlamento, con 129 votos en Diputados y 37 en el Senado lo puede remover del cargo”.

Ese es justamente el desafío —aún no cumplido— de la oposición: interpelación y moción de censura (salida del cargo).

Justamente el jefe de Gabinete es el único puesto “sensible” y a tiro del Congreso, con mayoría absoluta. Todos los demás funcionarios del Ejecutivo nacional —incluido el presidente— pueden ser removidos por el Congreso solamente mediante el juicio político (que requiere dos tercios en ambas cámaras, una mayoría súper agravada).


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