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Política

El gremialismo de base despide a Alberto Piccinini, histórico dirigente del “Villazo”

Hacía tiempo que la voz queda, amable, de Alberto Piccinini no se escuchaba en los medios. El histórico dirigente metalúrgico villense falleció este jueves a los 79 años víctima de un ataque al corazón en un geriátrico rosarino, donde estaba internado por una enfermedad neurológica.

El Pichi tuvo una idea clara de conducción gremial despreciando las orgas, la estructura sindical peronista, la dictadura militar y un menemismo que amenazó y pulverizó una forma de ver el mundo del trabajo. La cercanía con las bases y las comisiones internas de las fábricas eran las herramientas para lograr la conquista de derechos concretos. Esos motores lo llevaron al campo de la política, aunque nunca se alejó demasiado del gremio.

La prepotencia inapelable de la muerte impuso el recuerdo de su dramática lucha desde las acerías de Villa Constitución para que los obreros de Acindar, Somisa, Metcon, entre otras fábricas del cordón industrial, tuviesen una obra social propia y pudieran despegarse del poder centralizado de la UOM, que bajo la férrea conducción de Lorenzo Miguel tenía intervenida la seccional local.

El recorrido por la vida pública de Piccinini permite tener una idea de cómo fue cambiando el mundo del movimiento obrero organizado, en una época en la que los trabajadores se involucraban mucho más activamente en la militancia en distintas corrientes políticas e ideológicas en los sindicatos, los ateneos y los grupos de discusión.  

Alberto Piccinini llegó a los 8 años a Villa Constitución con su familia desde la localidad de La Vanguardia y comenzó a trabajar en Acindar a los 19 años, en 1961.

Su incursión en el campo sindical se inició en 1970 como delegado durante una huelga en Acindar que resultó un duro revés para los trabajadores. En esos días afianzó su cercanía a Orlando Sagristani, quien integraba el cuerpo de delegados y militaba en el partido Vanguardia Comunista.

La huelga se mantuvo hasta que en una asamblea se conoció que algunos dirigentes habían arreglado una indemnización ventajosa con la patronal. La gran decepción diluyó la medida de fuerza.

Pero algo se rescató del conflicto. Sagristani organizó el clandestino Grupo de Obreros de Acindar (Goda), que imprimía volantes y denunciaba los atropellos que se cometían en la fábrica.

El “Gringo” Sagristani, luego de varios años, se mudó a Rosario. Entró a trabajar al diario La Capital y militó activamente en el Sindicato de Prensa de Rosario.

Piccinini retoma la idea en 1972 y forma el Grupo de Obreros Combativos del Acero (Goca), y empieza a actuar entre la gran cantidad de obreros jóvenes que en esos tiempos comenzaron a ingresar a las industrias del cordón. Ese accionar para rescatar la seccional villense del poder de Lorenzo Miguel se complementó luego con el Movimiento de Recuperación Sindical, que sirvió de base para crear la agrupación 7 de Septiembre Lista Marrón.

Corría 1974 y la UOM nacional llama a elecciones exceptuando a Villa Constitución. Miguel designa a Lorenzo Oddone y a Jorge Fernández, según recordó el dirigente metalúgico Juan Actis en un trabajo sobre el Villazo. Esos interventores visitaron Acindar. “Ellos decían que eran peronistas y por lo tanto la comisión interna tenía que ser peronista”, recordó Piccinini, quien sostuvo que tuvieron un enfrentamiento muy duro con esos interventores durante una asamblea convocada en el ingreso a la fábrica.

El 14 de marzo de 1974 los mentores de Miguel, Oddone y Fernández, notifican a Acindar que catorce integrantes de la comisión interna y del cuerpo de delegados habían sido expulsados del sindicato. La patronal acompaña y despide a los apuntados por la propia UOM. Como resultado, unos 2500 trabajadores tomaron la planta el mismo día demandando que reincorporaran a los despedidos y la inmediata convocatoria a elecciones en el gremio.

El historiador Ernesto Rodríguez explicó las características de la toma de Acindar. “Los portones fueron cerrados y controlados por piquetes de obreros. El personal jerárquico no pudo abandonar la fábrica y se lo retuvo en el sótano de las oficinas de personal. Se hicieron barricadas para que no circularan vehículos y se cruzaron vagones en las vías”.

La huelga finalizó a los dos días, el 16 de marzo, con la firma de un acta compromiso en la que se dispuso normalizar la seccional villense de la UOM y la elección de la comisión interna dentro de los 45 días posteriores al acuerdo.

Ese día se concretó una marcha desde las fábricas al centro de Villa Constitución de la que tomaron parte más de ocho mil personas. Terminaba esperanzador el llamado “primer villazo”. Nada presagiaba el “segundo villazo”, que tronchó trágicamente la proyección de la lista Marrón, resultante de esas luchas.

El mandato de la lista Marrón duró tres meses, hasta el 20 de marzo de 1975, día en que una columna de autos y camiones con más de tres mil hombres de distintas fuerzas de seguridad coparon Villa Constitución y  detuvieron a más de 300 personas. La presidente María Estela Martínez de Perón había anunciado un foco subversivo en esa ciudad. El presidente del directorio de Acindar era Alfredo Martínez de Hoz.

Victorio Paulón, quien condujo la seccional villense de la UOM, recordó que la intervención de las fuerzas federales y parapoliciales agrupadas en la Triple A disparó la huelga general y la conformación de un comité de lucha. Dijo que a pesar de los compromisos de no detener a nadie, rápidamente fueron enviados a la cárcel dos delegados de Acindar. Luego le seguirían detenciones masivas y numerosos asesinatos de obreros de la acería.

Piccinini fue encarcelado junto a otros dirigentes y delegados. Lo mantuvieron preso durante cinco años.

Paulón, quien debió exiliarse durante la dictadura militar y tras la reconquista de la democracia trabajó como cronista en la sección Ciudad del diario rosarino Democracia, para luego retomar su trayectoria sindical, recordó que Piccinini “siempre reivindicó la figura de Agustín Tosco como su maestro, a René Salamanca, Atilio López, Raymundo Ongaro y Jorge Di Pascuale como ejemplos de lucha y coherencia”.

En 1984 Piccinini retorna a su sindicato de la mano de la lista Marrón con casi el 80% de los votos, dando cuenta que su imagen se mantenía intacta. Además de la reconstrucción de la UOM villense el líder metalúrgico se ocupó de hacer visible la lucha de un amplio espectro de trabajadores contra la flexibilización laboral, que tendría su máximo impulsor durante el menemismo a Daniel Funes de Rioja, flamante presidente de la UIA. También tuvo que enfrentar las modificaciones de los ámbitos de producción puesto que la fábrica tercerizó algunos procesos.

Consecuente con su idea de que la acción gremial debía tener proyección política, en 1993 formó parte del Frente Grande, con el que fue elegido convencional constituyente por Santa Fe, cargo que ocupó entre el 30 de mayo y el 22 de agosto de 1994. También integró el Frepaso. En las elecciones de 1995 fue candidato a gobernador de Santa Fe.

Participó de la Alianza en las elecciones de 1997 y las presidenciales de 2001, donde fue electo diputado nacional por Santa Fe integrando el Partido Socialista Auténtico. Estuvo en la banca hasta el 10 de diciembre de 2005.

Retornó a la actividad gremial en 2008, como secretario general de la UOM villense, para retirarse definitivamente en marzo de 2011.

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