La potencia de la interna feroz entre los dos ministros santafesinos de la Corte Suprema de la Nación, manifestada por el intento de suicidio del lobista judicial Santiago Busaniche, cobró visibilidad el pasado fin de semana en la prensa nacional. La refriega que en esto enfrenta a Horacio Rosatti con Ricardo Lorenzetti está en el medio de otras disputas. Conviene explicar qué pasó y su contexto.
Primero el marco. Busaniche es un operador ligado a servicios de inteligencia que tiene vínculos robustos con muchos jueces de Comodoro Py, Rosario y Santa Fe. Está implicado en dos causas penales que involucran a magistrados de Rosario en hechos de corrupción institucional y recibió un pedido de seis años de prisión. Tenía un lazo estrecho con el poderoso ex administrador de la Corte Suprema Héctor Daniel Marchi, un contador de Rafaela, al que ubicó en ese puesto Lorenzetti, que es de la misma ciudad.
La semana pasada la Cámara Federal de Casación Penal rechazó por una mayoría de dos a uno la pretensión de las defensas de Busaniche de que se anularan las investigaciones por corrupción que junto con él implican a personas mucho más poderosas. En este caso está mencionado Marchi, el hombre que manejaba la caja del máximo tribunal, que incluso la defensa de Marchi pidió que fuera citado a testimoniar, tras ser implicado por el ex jefe de la AFIP Carlos Vaudagna. Este declaró como imputado colaborador que Marchi estaba detrás de Busaniche para que armaran en el juzgado de Bailaque una causa por extorsión contra dos agentes bursátiles.
Desde adentro de Casación cuentan a Suma Política que Lorenzetti presionó muy fuertemente al camarista Carlos “Coco” Mahiques para que resolviera en favor de Busaniche. Esto porque se sabía que el fallo de Casación estaba dividido entre el voto de Guillermo Yacobucci, que valida la investigación, y el de Mariano Borinsky, el camarista habitué de la quinta de Mauricio Macri que se pronunció porque las causas contra Busaniche están extinguidas.

Mahiques es un muy polémico magistrado, con pergaminos muy flojos a partir de haber integrado la comitiva invitada por el magnate Joe Lewis a Lago Escondido, pero sobre todo porque su cargo en la Justicia Federal es de muy cuestionada legalidad y legitimidad, ya que se instaló en Casación luego de un traslado de la Justicia ordinaria de la Ciudad de Buenos Aires. De acuerdo a lo que un funcionario de Casación contó a este medio, Lorenzetti hizo saber a Mahiques, que ya cumplió los 75 años, el límite de edad del artículo 99 inciso 4 de la Constitución Nacional, que haría todo por obstaculizar el pedido de que el Senado prorrogue por cinco años más su permanencia en el cargo que detenta actualmente si no votaba en favor del recurso de Busaniche.
Fue tan fuerte la presión que Mahiques dejó de usar el celular ese día y la salida del fallo se demoró un día. Finalmente el pasado miércoles 6 se conoció la resolución con su primer voto en contra. El domingo Lorenzetti concedió una extensa entrevista a Clarín. Lo primero que hace en la nota es resaltar que Mahiques busca permanecer cinco años más pasados los 75 años en un cargo para el que fue trasladado y por el que no concursó, mientras el gobierno no le concedió a otro camarista como Martín Irurzún una prórroga al cumplir esa edad límite. ¿Vendetta por el voto que no esperaba?
¿Y por qué no lo esperaba? Lorenzetti dice no tener que ver con Busaniche, y tampoco con Marchi, el que según Vaudagna impulsaba al escribano santafesino a producir la causa armada por extorsión que complica al ex juez Bailaque. Pero él fue quien llevó a su coterráneo de Rafaela al cargo de administrador de la Corte, que ocupó por 15 años, y también lo defendió en soledad cuando la mayoría de la Corte lo desplazó.

El mismo día que salió el fallo de Casación, como contó la semana pasada Suma Política, se difundió una carta de Busaniche donde éste anunciaba que se quitaría la vida por todo el manejo espurio que se hizo para acusarlo en las dos causas. Por esta arbitrariedad Busaniche, que efectivamente entró a una clínica tras una ingesta masiva de ansiolíticos, acusó como promotor a Horacio Rosatti y su secretario privado Silvio Robles.
No es que Busaniche no haya acumulado mérito para ser acusado. Están los audios donde le pide a Vaudagna con toda elocuencia que apure las gestiones con el informe de AFIP que servirá para abrirles la causa a los agentes bursátiles rosarinos y chantajerarlos. Pero el antagonismo imposible de disimular entre Rosatti y Lorenzetti saca provecho de Busaniche como una excusa para despuntar la transparente guerra entre ellos.
Uno de los mensajes con que Busaniche habla con Vaudagna del armado de la causa contra dos agentes bursátiles de Rosario, en la que participó Marcelo Bailaque, hoy en prisión preventiva
Busaniche acusa a Rosatti de alimentar a los medios a través de su mano derecha Robles para demolerlo aunque todos los observadores o participantes de las causas en la provincia de Santa Fe están contestes de que el apuntado es Lorenzetti.
Es tan transparente de lo que todos están hablando que en el fallo de Casación contra Busaniche los que votan contra él demuestran, con una sutileza no libre de veneno, de quiénes están pulseando. Es así que el camarista Yacobucci para argumentar su voto contra el vencimiento del plazo razonable planteado por los defensores de Busaniche hace una cita jurisprudencial de un argumento de Lorenzetti como precedente. Es la causa “Price” donde Lorenzetti explica que no se puede desvincular a imputados de corrupción que, como el escribano, están implicados hace poco, en virtud de la adhesión de Argentina a pactos internacionales.
“La fijación de un plazo de caducidad tan breve es irrazonable porque sus consecuencias llevarán a la impunidad, contraria a los principios y valores de la Constitución Nacional y tratados internacionales”, decía Lorenzetti en ese fallo, que Yacobucci le refriega con astucia, pero sobre todo con aparente conocimiento de para qué lado está tirando el ministro rafaelino.
Desde hace un mes, cuando impulsó un nuevo reglamento para selección de jueces con mecanismos de evaluación técnicos más objetivos, Lorenzetti no deja escalón sin aprovechar para revolver como ejemplo de arbitrariedad en la promoción de magistrados lo que acaba de pasar con el pliego de Emilio Rosatti, hijo de su archi adversario.
Cuando fue examinado como aspirante a un cargo de vocal en el Tribunal Oral Federal de Santa Fe, Rosatti hijo quedó cuarto en el orden de mérito que combina el puntaje del examen escrito con los antecedentes. Pero la subcomisión del Consejo de la Magistratura le bajó dos puntos al aspirante que había quedado primero y le subió cuatro a Rosatti que así desplazó al que originariamente había entrado tercero que es Patricio Longo. Como ese lugar tampoco le aseguraba entrar en la terna ya que al menos debe incluirse una mujer y los tres nominados eran varones hubo un espaldarazo decisivo en las entrevistas personales donde pasó al primer lugar. Su puesto fue aprobado por unanimidad de 19 miembros del plenario del Consejo. El único que no participó de la votación fue el presidente del Consejo que es el padre del postulante.
Lorenzetti no dejó de poner esto de resalto. En especial en ocasión de presentar el proyecto de su autoría junto con el ministro Carlos Rosenkrantz de reglamento de concursos donde, subrayaba el cortesano rafaelino, hay una tendencia en eliminar la discrecionalidad en los mecanismos de selección. Justo en el momento en que estallaba la polémica por el modo en que el hijo del presidente de la Corte había logrado la calificación, tras estar rezagado, para ser nombrado juez en Santa Fe.

En el terruño de Lorenzetti dicen que el muerto se asusta del degollado. Aseguran que el ministro tiene colonizado con próximos la Justicia Federal de Rafaela. Su actual mujer, con la que se casó en 2016, es secretaria del juzgado federal. Su hijo Pablo Lorenzetti es camarista civil, comercial y laboral. Y de acuerdo a lo que refieren a Suma Política hay muchos allegados trabajando de empleados, en una jurisdicción donde, aseguran desde adentro mismo, no pasa nada sin que tenga su venia.
Busaniche está con procesamiento confirmado en la causa de corrupción que también implica al juez federal Gastón Salmain y ahora tiene la imputación convalidada por Casación en el caso de extorsión donde está también imputado el ex juez Bailaque. La idea de que es una víctima de Rosatti es una construcción desmesurada porque hay prueba en su contra validada por distintas instancias judiciales en la que participan fiscales y jueces de circunscripciones muy distintas.
Esto no quiere decir que en el olimpo judicial argentino dos ministros se sirvan de este pleito como herramienta para contender en su implacable interna. Rosatti empuja porque detrás de Busaniche, está indicado por testimonios en actos judiciales, está Héctor Marchi, el rafaelino que postuló y defendió hasta el final Lorenzetti. Quien niega cualquier relación con lo que haya hecho Marchi pero que, según cuentan en Casación, estuvo muy activo para frenar un fallo en contra de Busaniche. Y que motivó que uno de los camaristas que sacudió al escribano —de una manera mordaz que no le pasó desapercibida a nadie— usara jurisprudencia del mismo ministro rafaelino indicando por qué a un investigado por corrupción no hay que darle temprana indulgencia.

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