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Cultura

El tango en Rosario: en busca de un tiempo “extraño y maravilloso”

A fines de los años 90, en un contexto desolador para el tango, Lautaro Kaller comenzó a indagar y desentrañar el pasado del género en Rosario. De la mano de los archivos de la Hemeroteca municipal y del Sindicato de Músicos, y del registro oral de 152 entrevistados, se sumergió en un universo casi completamente desconocido y al que hoy califica de “extraño y maravilloso”. 

La cotidianeidad que tuvo el tango es difícil de dimensionar en el presente, en un mundo signado por lo fragmentario y efímero, donde las identidades locales son atravesadas por los efectos de la globalización. En aquel universo lejano era un sonido diario, el público era numeroso y leal y los músicos podían mantener a sus familias tocando en las orquestas. Cafés, clubes y teatros a lo largo y ancho de la ciudad, en horarios diurnos y nocturnos, fueron el escenario de este fenómeno.

El tango siempre tuvo su más fuerte arraigo en la ciudad de Buenos Aires, pero también escribió su propia historia local y Kaller se dedica hace años a rescatarla del olvido. Publicó los libros El Tango en Rosario. Origen y desarrollo de la Orquesta Típica Rosarina (2010), Un árbol en llamas. Biografía de Jose González Castillo (2016) y, recientemente, Dueño del mundo que da la esquina (2022), todos bajo el sello de UNR Editora. Sobre la historia del tango rosarino, las orquestas típicas y los artistas locales conversó con Suma Política. 

—¿Cómo se puede ordenar el fenómeno del tango cronológicamente?  

—El proceso sigue la lógica de Buenos Aires. El momento de aparición del tango como el fenómeno que conocemos puede ubicarse a finales del siglo XIX. Después hay un momento que se conoce como la Guardia Vieja, los primeros músicos del siglo XX. En Rosario existieron tríos o cuartetos que tocaban en los piringundines de Pichincha, con flauta, guitarra, violín. El bandoneón todavía no estaba, apareció en el 10. Yo encontré a (Abel) Bedrune como el primer bandoneonista reconocido y maestro de lo que se llamó la Escuela Bandoneonista Rosarina. El tango fue creciendo, tuvo un traspié con la crisis del 30 y una recuperación posterior. En la década del 40 el género se despliega con fuerza, pero en la década del 60 entra en decadencia.

—¿Cómo era la cotidianeidad en el momento de esplendor del tango rosarino?

—El momento de apogeo es una discusión, pero lo sitúo en la década del 40 porque fue cuando, de alguna manera, la sociedad toda estuvo impregnada de eso que se llama tango. En Rosario, que poseía una cantidad mucho menor de habitantes, se realizaban 30 o 40 bailes diarios. Había orquestas de tres órdenes. Las principales eran aquellas más trascendentales y exitosas que no solamente vivían del escenario, sino que también tenían a la radio como un ingreso estable. Después había una línea media, de orquestas de segundo orden. Y por último había orquestas de barrio. En todos los barrios había dos o tres orquestas. En ese momento la gente podía vivir del tango. Un tercer violín podía sostener a una familia tocando en la orquesta. 

Se decía que (Ernesto) Bianchi hizo 25 bailes en un mes y también que (Juan) Manzur lo empató una vez. Tocaban toda la noche. Jueves, viernes, sábado y domingo había seguro. Había confiterías nocturnas, pero también tocaban en los bares a la tarde. En el Café Colón de la calle San Martín había tres orquestas de doce músicos cada uno. Una tocaba de 13 a 17, otra de 17 a 21 y la última de 21 a 1. Y en estas orquestas había artistas destacados: Luis Chera, Francisco Plano, José Sala. La magnitud que tuvo el tango es difícil de dimensionar. Es un mundo extraño y maravilloso. 

—¿Tuvo Rosario un tango autónomo con relación a Buenos Aires?

—El epicentro del tango ha sido Buenos Aires. Los músicos de aquella época me han dicho: vos cruzabas la General Paz y se tocaba distinto, había una magia diferente. Lo que sucedió en Buenos Aires fue un hecho cultural trascendente que se replicó en diversos lugares. En Rosario se da un tango, por momentos, autónomo. Sin embargo, la mayoría de las orquestas de Rosario copiaban los estilos de las orquestas más importantes de Buenos Aires. Tenemos que pensar que el tango tenía una dinámica de música popular, no había berretines ni delirios artísticos, sino que existía una comunicación con la gente de ida y de vuelta. Se tocaba porque el otro entendía y respondía. Si el otro no entendía lo que se estaba tocando ya no servía. La característica central del tango fue esa. Era la comunicación con el otro. Las orquestas de acá copiaban los estilos que tenían éxito, lo que el público esperaba. (Héctor) Garrot tocaba al estilo de Fresedo, Bianchi tocaba como Di Sarli, José Sala era una orquesta troileana, Manzur tocaba los arreglos de D’Arienzo. 


Orquesta Bianchi con Clarita Mazzola

Los músicos que he entrevistado me han dicho todos lo mismo: ellos tocaban y se iban a tomar un café o una ginebra a la esquina y el tema de conversación era el solo que había hecho Francini ayer o el arreglo de Ahumada en Radio El Mundo. Estaban pensando allá. Eso no quita que hubo un estilo y por momentos un ímpetu, una impronta. Por ejemplo, Los Poetas del Tango en 1955 con Antonio Agri y Antonio Ríos. Ahí hay algo distinto, un estilo propio, reconocido en Buenos Aires. También José Sala fue una orquesta extraordinaria que tuvo, de algún modo, un estilo propio dentro de una línea troileana. 

No estoy echando a menos al tango en Rosario, pero no le quiero adjudicar cuestiones que no le caben y que no tienen que ver con la lógica de ese tiempo. No se pensaba en eso. Las luces de la calle Corrientes, la potencia de los tres medios de comunicación que tenían cadena nacional —El Mundo, Belgrano y Splendid— de algún modo determinaban todo ese fenómeno. Acá los músicos que asomaban un poco la cabeza se iban a Buenos Aires. Si acá se hubieran quedado Antonio Ríos, Julio Ahumada, Carlos Parodi quizás hubiera sido otra la cuestión, pero no se quedaron, se fueron allá y tuvieron un lugar destacado. 

Por otro lado, en Rosario no había sello grabador. El primer sello grabador estable aparece en el año 56 cuando el tango ya está en retroceso. Hasta ese momento los que grababan comercialmente tenían que irse a Buenos Aires. Hubo una dependencia de la ciudad porteña desde principio de siglo. 


Orquesta José Sala.

—¿Y por qué se da el declive del tango? 

—En primer término, por el proceso de la industria del entretenimiento. Es muy largo y muy complejo porque creo que fue la superposición de varios factores que estallaron en las entrañas del tango. Pero el más importante seguramente fue la aparición y fortalecimiento de la industria del entretenimiento. 

Yo además tengo otra hipótesis. Desde sus inicios el tango se formuló como dique de contención, manifestando el descontento del avance de la modernidad eurocentrada. Ya después del 55, del 60, la modernidad había avasallado con todo. Había pasado por arriba de todo. El escenario socioeconómico cambió de modo tajante. Todo lo que el tango representaba fue derrotado una y otra vez.

—¿Cómo fue el rol de los medios de comunicación?

—La relación con la modernidad fue compleja. Los avances tecnológicos y los medios de comunicación son herramientas que manotea el tango. Por un lado, el registro sonoro fue uno de los grandes adelantos tecnológicos que brindó la modernidad a principios de siglo XX. Por otro, en la década del 20 aparece la radio masivamente. Fueron dos elementos que le dieron al tango la potencia que lo convirtió en ese genero extraordinario que traspasó Buenos Aires y el país. Antes había sido el teatro que le había otorgado la profesionalización al tango ya que estaba mucho más desarrollado en cuanto a institucionalidad, a formatos estables, a industria. Y el tango se metió de lleno en eso y se produjo un maridaje que va a ser el que recrea y forja el sainete nacional durante décadas. Eso se traspasa después al cine: la primera película sonora se llamó “Tango”. Lo impregnó todo. 

Con la televisión no se produjo un maridaje, a pesar de que la televisión requirió al tango y hubo participación en un principio. Ya en los 60 el tango estaba en su crisis más profunda. Había programas populares como “Buenas Noches Buenos Aires” que en el 62 gana un Martín Fierro y sin embargo lo levantan. Así era y es el mandato de los medios. 

De la tragedia del tango hablan todos. ¿Qué pasó? El tipo que tenía veinte años en el 40 tenía cuarenta en el 60. ¿Qué pasó con ese ser situado? ¿Por qué escucha “El Club del Clan”?

—¿Cómo ves el tango ahora?

—Cuando yo empecé a escribir el libro no había actividad tanguera. Ahora hay una cantidad enorme de chicos y chicas muy buenos, con búsquedas propias que trasciende todo lo que uno puede esperar. Hay un entusiasmo por el género, es maravilloso. Lo que está roto es el sistema de producción y distribución. Todo cuesta el doble, hay una dificultad enorme. Por otro lado, el tango no pudo romper, como solemos decir, la segunda línea: no hay público genuino de tango. Quien va a ver un grupo de tango es un conocido o un conocido del conocido. Es difícil que alguien diga “hay tango, voy a escuchar”. Eso ocurría antes, cuando se iba a escuchar el género más allá de las preferencias. 

Por otro lado, actualmente sí hay una autonomía en Rosario. Si bien hay una relación con Buenos Aires y con músicos de mucha trascendencia que son respetados y vienen a dar clases acá, existe una identidad y una vida propia. Quizás por la flaqueza, porque ya no existe Radio El Mundo, ni Radio Belgrano. Quizás esa pobreza franciscana es la que permite que se puede dar esto. 

Además, hay una metamorfosis que ha beneficiado enormemente al tango. En primer término, el lugar de trinchera que ha adoptado extrañamente. Hoy el tango es un lugar de trinchera política y social. Antes no lo era. Esto no quiere decir que haya estado exento, pero la militancia de los músicos estaba por fuera.

En segundo lugar, la aparición de las mujeres dentro del tango. Hoy la mayoría de los grupos tienen casi la misma participación entre hombres y mujeres. En otro momento la participación de la mujer era únicamente como vocalista. Difícilmente había instrumentistas. Este cambio ha enriquecido al género. Todo esto le ha dado una condición distinta relacionada con la época y su condición. También puede darnos algunas llaves para descubrir por qué tanta gente se acerca al tango en la actualidad. 


Carlos Yanel con la Orquesta Torres – Agri.

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