Manuel Martín Pellegrini cumplía condena en prisión domiciliaria por venta de drogas. Tenía que cuidar a su padre, enfermo, y lo hizo hasta que el hombre falleció. Pellegrini siguió en su casa sin que la Justicia tomara nota del cambio de situación y según la investigación ahora avanzada volvió al comercio de cocaína y marihuana. La escala de las operaciones habría sido menor pero sus derivaciones resultan mayores: el descabezamiento de la División de Microtráfico de la Policía de Venado Tuerto, sospechada de proteger el negocio.
El martes de la semana pasada, el fiscal regional de Venado Tuerto, Mauricio Clavero, anunció en una conferencia de prensa la detención de Danilo Grossi y Brian Duclo, jefe y subjefe de la División Microtráfico de la Policía de Investigaciones de Venado Tuerto, por supuesta protección a la venta de drogas en el departamento General López. Clavero estuvo flanqueado por Federico Angelini, Marcelo Albornoz y Lucas Covacich, plana mayor del Ministerio de Seguridad de la provincia, quienes no ocultaron rostros de sorpresa y preocupación por la novedad. No era para menos, ya que la captura de los jefes policiales pone bajo sospecha sus actuaciones en otros casos.
Clavero no identificó al narcotraficante pero dijo que era investigado por la Justicia Federal. El mismo día, fuerzas federales fueron en busca de Pellegrini, quien tiene domicilio en la Villa Divisa de Mayo, un paraje ubicado sobre la ruta 33 donde viven unas veinte personas. El procedimiento deparó el secuestro de una cantidad menor de cocaína y marihuana y, lo que sería más valioso para la investigación, teléfonos celulares y documentación.
Grossi fue imputado por encubrimiento, incumplimiento de los deberes de funcionario público y revelación de secretos; Duclo, por incumplimiento de los deberes de funcionario público. La protección a Pellegrini se remontaría al mes de marzo. El juez Aldo Baravalle dispuso que ambos policías recuperen la libertad al finalizar una audiencia realizada este miércoles en los Tribunales de Venado Tuerto.

Una historia repetida
Pellegrini Real no es un desconocido. El 26 de abril de 2022 Pellegrini fue condenado con otras once personas por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 3 de Rosario por venta y distribución de drogas en pueblos del departamento General López. Entonces se le impuso una pena de cuatro años y dos meses de prisión, en su caso con el agregado del cargo de tenencia simple de arma de fuego de uso civil sin autorización legal.
Aquella pequeña organización tuvo varias características llamativas. El proveedor de cocaína era un inspector de tránsito de Rosario, mientras que la marihuana provenía de Venado Tuerto. El grupo no operaba en las ciudades sino en pueblos: Wheelwright, Hughes, Juncal y hasta la Villa Divisa de Mayo. Y entonces como hoy la actividad pasó desapercibida para la policía provincial hasta que se produjo la intervención federal.
“Pellegrini tenía prisión domiciliaria para cuidar al padre. Nos dimos cuenta de que el padre estaba fallecido. Lo dejamos correr para ver en qué andaba”, dice un investigador federal.
Los procedimientos de la semana pasada se extendieron a través de seis allanamientos en Venado Tuerto, Carreras y General Lagos y fueron encargados por un equipo conjunto de investigación conformado por fiscales provinciales y federales. La sintonía entre unos y otros no excluye sin embargo diferencias de criterio y de valoración sobre el tiempo en que se pateó el tablero.
“Nos corrió el apuro del Ministerio Público de la Acusación —se lamenta el vocero federal al respecto—. Teníamos una investigación para seguir y profundizar. Si bien le encontramos drogas (a Pellegrini), podríamos haber hecho mejor negocio si lo dejábamos correr un tiempo más. Ahora estamos reconstruyendo el mapa de sus ramificaciones”.
Los fiscales federales investigaban a una organización que abastece de drogas ilegales al departamento General López y la distribuye entre pequeños vendedores del mercado local. Los provinciales habrían recibido información de Aldo Orozco, condenado a ocho años de prisión en 2020 por comercio de drogas, sobre el paraguas policial para la venta minorista. El punto en común fue el nombre de Pellegrini y entonces se unieron los esfuerzos de los investigadores.
La reaparición de Orozco refuerza la impresión de déja vu que provoca la historia. “Totola”, como le dicen, fue uno de los contactos del comisario Alejandro Druetta, según acreditaron amables y distendidos diálogos registrados en escuchas telefónicas; y la protección actual de la División de Microtráfico de la PDI de Venado Tuerto al narcomenudeo recuerda la que le costó la caída y una condena de nueve años de prisión a Druetta.
“Circula bastante droga en el departamento General López —dice el investigador federal—. Hay un mal sistema, para detectar de dónde viene. Gendarmería tiene poca gente en la zona y vemos lo que pasa con la policía provincial. Los narcos conocen la zona y les perdemos el rastro en caminos rurales. Con las fuerzas tenemos una discusión porque siempre se paran en el mismo lugar para hacer los controles”.
El mismo día en que Pellegrini fue imputado por comercio de estupefacientes, surgió a la luz otra investigación con eje en el departamento General López. Gendarmería realizó entonces trece allanamientos en Venado Tuerto, Murphy y Zavalla y en cárceles federales de Santa Fe y Neuquén por lavado de activos.
La investigación está concentrada en un club de Venado Tuerto y en una mutual de Murphy cuyas contabilidades no estarían precisamente en orden. En Neuquén, los gendarmes allanaron tres celdas ocupadas por presos santafesinos en el Complejo de Senillosa, donde se alojan condenados por narcotráfico y por delitos sexuales.
“Los procedimientos fueron para empezar a trabajar, para ver lo que encontrábamos y tratar de profundizar —afirma el investigador federal—. Hasta ahora tenemos maniobras sospechosas y tratamos de relacionarlas con lavado de dinero y con ilícitos precedentes”.
Las investigaciones alrededor del microtráfico y del lavado de activos en General López corren hasta ahora por cuerda separada. “Pero no necesariamente estos delitos pueden estar desvinculados —agrega el investigador—. De algún lado viene la plata en negro. Por ahora lo que vemos son movimientos inexplicables alrededor del club desde el punto de vista financiero”.


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