Javier Milei avanza a paso lento por el Campo de la Gloria de San Lorenzo. En ese mismo lugar, sobre esa misma tierra donde 213 años atrás el general José de San Martín expulsó a las tropas españolas, ahora el presidente camina observando el panorama. Va junto a su comitiva camino al palco central, hasta que se detiene. Desde una tribuna, a unos treinta metros, corean su nombre. Y encima, en ese momento, el locutor nombra a la diputada nacional Romina Diez y la tribuna explota. El presidente también. En el lugar, agita los brazos por arriba de su cabeza de forma desbordada. Una, dos, tres cuatro, cinco… son muchas, pero no alcanza. Entonces, como un nueve que acaba de desempatar el partido al último minuto, corre hacia la tribuna. Con el puño en alto y todo un operativo de seguridad siguiéndolo de atrás, el presidente corre para saludar a su gente. Les toca las manos, le devuelve los besos, se inunda de cariño. Quizás, lo que vino a buscar.
Es que no fue una buena semana para el gobierno. La renuncia de Marco Lavagna como titular del Indec, luego de que se decidiera postergar la aplicación de una nueva fórmula para medir los niveles de inflación, sembró un manto de sospecha sobre el principal activo político construido por Milei. Luego vinieron las declaraciones del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, sobre su preferencia por la ropa importada: en medio de una crisis de ventas de la industria textil y con un país que bordea el 30 por ciento de pobreza, no parece la declaración más afortunada. En el medio, el lanzamiento de una Oficina Oficial de Respuestas tampoco parece ser la mejor idea para un gobierno que no ha dado demasiadas explicaciones ni del caso Libra, ni del presunto cobro de coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad.
En ese contexto, Milei se armó su acto y le salió bien. La conmemoración de la Batalla de San Lorenzo no es una fecha jugosa dentro del calendario presidencial; el último que vino fue Fernando de la Rúa en el 2000 y antes de él no muchos más. Pero Milei decidió asistir y, como a casi todo en su gestión, adornarlo de épica. Ni la renuncia de la directora del Museo Histórico, ni el amparo presentado por la familia Rosas, pudieron frenar el verdadero objetivo de la jornada: devolver, con sus propias manos, el histórico sable corvo de San Martín al Regimiento de Granaderos a Caballo.
Con épica
Milei arribó por la tarde al aeropuerto de Fisherton y de ahí en helicóptero a San Lorenzo. Igual que en otras oportunidades, llegó con el acto empezado. Su ingreso al Campo de la Gloria fue junto a su hermana, la secretaria general de la presidencia, Karina Milei; el jefe de Gabinete, Manuel Adorni; el ministro del Interior, Diego Santilli; el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; y el ministro de Defensa, Carlos Presti. En el lugar lo recibieron el gobernador Maximiliano Pullaro y el intendente de San Lorenzo, Leonardo Raimundo, que también lo acompañaron en el palco principal.
La que pegó el faltazo fue Victoria Villarruel. Desdibujada dentro de un gobierno que no le da lugar, la vicepresidenta venía ocupando los lugares que podía y los desfiles militares en el interior del país formaban parte de su itinerario. Por eso había venido en 2024 y, por eso también, en su entorno habían deslizado las intenciones de volver a participar. Algunas lecturas políticas sugieren que parte de la decisión de Milei por venir a San Lorenzo es, también, una forma de marcarle la cancha. Difícil saberlo. Por lo pronto, un beneficio indirecto.
La organización dispuso un palco central para las autoridades principales y, detrás y a los costados, otros palcos para el resto de las autoridades nacionales, provinciales y municipales. Luego, el acto siguió la estructura de siempre: la recreación del combate, la tradicional carga de caballería, el desfile militar, la réplica de la salvada heroica del sargento Cabral. El plato fuerte quedó para el final, cuando Milei blandió la espada con sus propias manos, para depositarla en manos del jefe de los granaderos, desde hoy los nuevos custodios del histórico sable.

Un acto de justicia
Pullaro y Raimundo tuvieron que bancarse jugar de visitantes en su propia cancha. No solo por los silbidos y abucheos que bajaron de las tribunas libertarias, sino porque también les quitaron la posibilidad de hablar: en el acto organizado por el gobierno nacional, Milei fue el único orador de la jornada. Fue un discurso breve, de baja carga política, donde el presidente se dedicó a repasar el devenir del sable corvo desde aquella gesta independentista que, con esta devolución a los granaderos, cierra el círculo. “Es un acto de justicia histórica”, aseguró.
Milei se encargó de recordar las dos veces que la juventud peronista robó el sable del museo histórico y aprovechó la situación para disparar contra la oposición. “Los argentinos no nos vamos a dejar manipular. Nos llaman colonizados y vende patrias, pero hicieron todo lo posible para empobrecernos y perder el respeto del mundo. Nos dicen cipayos, pero desfinanciaron y desprestigiaron a nuestras Fuerzas Armadas, dejándonos indefensos. Nos acusan de unitarios, pero exprimieron al interior productivo durante décadas para subsidiar al Gran Buenos Aires y a los clientes del Estado”, cuestionó. Fue el único pasaje del discurso con contenido político. Recibió aplausos.
“Hoy entendemos que el sable corvo es más que un objeto histórico: es una reliquia nacional que tiene incrustada en ella el alma de nuestra Nación y que porta en ella también el espíritu de la independencia y la certeza de que somos un país soberano. Mientras el sable esté resguardado, sabremos que somos argentinos y que nuestra misión de llevarle libertad al continente sigue más viva que nunca”, continuó. Entre los presentes no pasó desapercibido cuando dijo que venía a conmemorar “el aniversario número 123 del combate que dio inicio a nuestra campaña libertadora”, cuando en realidad pasaron 213 años. Desde prensa de Casa Rosada compartieron el discurso escrito con el mismo error.
La avanzada digital
La visita de Milei a la provincia no se da en el mejor momento de la relación con Pullaro. Hasta ahora, el gobernador se mostró crítico de la gestión libertaria en cuanto a la falta de inversiones para dinamizar los sectores productivos del interior. El nulo mantenimiento de las rutas va en ese sentido. Pero lo cierto es que el gobernador santafesino nunca dinamitó puentes: asistió al Pacto de Mayo, aportó votos en el Congreso para leyes claves, e incluso lo declaró “huésped de honor” en el marco de la visita. Pero del otro lado no parece haber la misma recepción.
Quedó a la vista con la avanzada digital libertaria que sufrió este viernes Pullaro, donde le salieron a recordar el crédito tomado en Estados Unidos para realizar obra pública, que el gobernador no quiso traer al país, pese al pedido de Caputo para engrosar reservas. Desde distintas cuentas salieron a recordarle que, por esa negativa, perdió unos 120.000 millones de pesos. Romina Diez y hasta el propio Caputo se sumaron a las acusaciones que fueron replicadas por Milei en X.
Como se preveía, no hubo reunión entre mandatarios, aunque en el palco estuvieron sentados al lado y, de a ratos, se los veía intercambiar algunas palabras. Por lo pronto, Milei se dio un mimo con su propio acto, luego de una semana difícil y en la previa de otra importante, con debates claves en el Congreso como la reforma laboral y el tratamiento de la ley penal juvenil. En este último punto, al menos, hay puntos de coincidencia con el gobierno provincial.

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Ver todas las entradasPeriodista. Licenciado en Periodismo (UNR). Conductor y productor en radio Aire Libre (91.3). En Twitter: @NachoCagliero

































