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Economía

Falta de combustible y marcha del campo a la ciudad: los frenos de las máquinas económica y política

El paro de transportistas instaló la cara indeseada de la crisis energética global. Inmediatamente, le siguió el bloqueo de los pueblos por los camiones a la espera de ingresar a los puertos. Los que no podían viajar a trabajar exhibieron la dimensión metropolitana de Rosario. El AMGRO a cara descubierta. El cielo y la tierra de los problemas logísticos: el cierre del puerto de Shanghái con su estrangulamiento de las cadenas globales y el déficit de rutas y ferrocarriles en la región. 

En el remate del primer lote de soja en la Bolsa de Comercio, la bandera de largada de la campaña comercial, el secretario de Agricultura, Matías Lestani, aseguró que no habrá escasez de fertilizantes y que YPF Agro garantizará el abastecimiento de gasoil. También descartó las medidas que impacten en el agro sin respaldo técnico y que no hayan sido conversadas con los actores del sector. 

Aludía a la noción de “renta inesperada” con la cual el gobierno nacional acompañó el lanzamiento de un incremento de las transferencias sociales y el anuncio de un impuesto para las mayores empresas. Mientras ese impuesto no llegue con forma de propuesta y sea aprobado por el Congreso, el financiamiento de las nuevas medidas será a través de los mecanismos tradicionales: el aumento de la recaudación por la inflación y retenciones al agro. 

La puja la ganó Agricultores Federados Argentinos (AFA), ofreciendo el monto más alto que haya pagado. Una señal política diametralmente opuesta a los tractores en las calles porteñas. Eso explica la atención que prestó el gobernador Omar Perotti, uno de los más críticos de los recientes encontronazos entre el gobierno nacional y una franja del sector agropecuario. Sabe que la paciencia tiene fecha de caducidad.

Matías Lestani

La marcha a la ciudad

La movilización a la Casa Rosada tiene poco que ver con la realidad del resto de las provincias. Forma parte de las acciones de radicalización de un núcleo con eje bonaerense y raíces partidarias que pretende agudizar el conflicto. Es la búsqueda de un campo apto para la CABA. Pero lo que hablan está lejos de lo que ocurre en el interior de la región productiva, donde las broncas aún se tramitan por los caminos de la negociación. 

La saturación de los gasoductos y los aumentos del precio internacional de la energía indujeron la falta de gasoil que afecta al transporte al inicio de la cosecha gruesa. El objetivo de cualquier productor es producir, no reclamar. Y la prioridad es resolver los inconvenientes que demoran o complican los trabajos. La racionalidad agrícola, en ese punto, es bastante sencilla: se cosecha, luego existo. La biología no espera. 

Las repercusiones llegan a las industrias. Mientras la oposición y un sector del oficialismo ponen en duda la buena voluntad del FMI ante el difícil cumplimiento de las pautas, el consumo de gasoil se encuentra un 10 por ciento sobre el de 2019. En el déficit energético está el corazón de las diferencias al interior del gobierno. Y esa fragilidad política sostenida con tarifas retenidas y dólar atrasado tiene un nudo en la generación de divisas del agro. 

Cortes de energía y de paciencia

Desde febrero, los combustibles aumentaron más de un cuarto, pero siguen detrás de la inflación. Con una demanda sostenida, un aumento en el precio del gasoil y la nafta es una suba inmediata de todos los precios. La demanda interna de gas y su utilización para generar energía eléctrica implicarán una presión extra. Y a nadie puede sorprender la mayor necesidad de importaciones. 

La ventaja para el cumplimiento de las metas es que en las reservas se contabilizan los ingresos de capitales provenientes de organismos internacionales y los 4.369 millones de dólares de endeudamiento neto transferidos en marzo por el FMI, originados en el crédito por 45.000 millones para saldar el anterior de 40.500 millones. Sin embargo, el escenario en los papeles luce demasiado optimista. 

El futuro del gobierno depende de variables que no controla. La disyuntiva entre perder la asistencia del FMI o aplicar cortes de suministro a industrias y comercios, no es la más alentadora. El problema de los combustibles y las tarifas energéticas desató protestas en países cercanos como Perú. Incluso, la crisis en Ucrania fue antecedida por las revueltas frente al aumento de la energía en Kazajistán, uno de las principales reservas energéticas y de minerales del Asia Central, y aliado de Rusia.

Las restricciones de las restricciones

Una cosechadora llega a trabajar entre 50 y 60 hectáreas diarias y el consumo de combustible es de alrededor de 1.000 litros. Un tractor puede consumir 4 litros por hora. Los camiones trasladan alrededor del 85 por ciento de la producción, fundamentalmente en los “fletes cortos”, aquellas distancias cercanas a los puertos. El reemplazo por los ferrocarriles no solo aumenta los costos, sino que requiere de volúmenes que solo la mayor escala puede cubrir: un solo vagón equivale casi a dos camiones. 

Por otro lado, la falta de infraestructura ferroviaria (no en todos los pueblos pasan las vías) y de almacenaje (para ir del campo al puerto sin pasar por las plantas de acopio, el camión se hace indispensable) inviabiliza la solución urgente. El problema del transporte es un problema de dólares. El gobierno tiene un margen para financiarse con deuda en el mercado local. Pero el impacto sobre la producción se da en el financiamiento: con la suba de tasas y el incremento de la participación pública en la deuda del Tesoro, el acceso al crédito para las empresas se restringe y encarece. 

Precisamente en un contexto donde la relación insumo-producto, es decir, la capacidad de compra que tienen los granos con relación al costo de los insumos, transita por uno de los peores niveles de los últimos ocho años. El desabastecimiento es un hecho, no una posibilidad. La incidencia del combustible en la cosecha es vital. Los contratistas procuran consolidar stock para afrontar sus trabajos no solo garantizando el recurso, sino fijando un horizonte de mínima certeza con relación a sus beneficios. Y la faltante hace que la planificación de los envíos al puerto se encuentre bajo revisión permanente.

Algunas consultoras señalan que, de cumplirse la meta de acumulación de reservas del acuerdo con el FMI, no quedarían dólares suficientes para sostener el nivel de actividad. La opción entre cumplir o crecer parecería ser la cuestión. La incertidumbre no contribuye. El aluvión de liquidaciones puede no ser tan grande como se espera. Las dudas podrían espiralizarse en estrategias defensivas que reduzcan el ingreso de divisas, potencien la inflación y favorezcan un salto devaluatorio. En este contexto, cualquier alternativa tiene un grado de posibilidad. 

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Autor

  • Hace periodismo desde los 16 años. Fue redactor del periódico agrario SURsuelo y trabajó en diversos medios regionales y nacionales. En Instagram: @lpaulinovich.

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