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Política

Granata deja atrás su candor apolítico

En estos 4 años Amalia Granata parece haber entendido cómo funcionan los pasillos de la Legislatura de la provincia de Santa Fe. Ya no es una figura extraña en ese paisaje donde tanto cuenta lo que sucede en el recinto con los debates de las dos Cámaras, como lo que se prepara en los bloques, en los despachos y hasta en sus salas de espera. Y lo mismo cabe para los contactos con otros actores de política provincial, muchas veces fuera del Poder Legislativo, que necesariamente es permeable, en lo mejor y en lo peor de esa expresión.

La diputada provincial sufrió cuando llegó, en 2019, el casi inmediato desmembramiento del bloque de 6 en total que habían logrado su popularidad y su candidatura, que incluyó cierto candor apolítico propio de las primeras experiencias en el ámbito electoral.

La representación de los ciudadanos implica también el saber moverse en esas arenas. Y perder peso político es reprochable. Uno a uno, demasiado pronto, quienes llegaron colgados de su nombre y apellido fueron formando sus propios bloques unipersonales a espaldas de Granata. Parecía que su participación iba también a decaer, pero no fue así. Y hoy vuelve con más poder a la Cámara (un diputado más). No hay espacio para fantasías sobre alguna proyección más allá de lo que se sabe que le toca a su bloque, el tercero en votos de la próxima legislatura. Granata no le ganó a Omar Perotti como se creyó que podría llegar a ocurrir cuando evidentemente crecía desde las Paso a las Generales.

Los que la abandonaron habían llegado por Somos Vida y en algunos casos agregaron “y Familia”, o sencillamente cambiaron esa identificación por “Inspirar”. Se hacían cruces y citaban la biblia de memoria pero se hicieron a un lado. Unos alegaron incompatibilidades porque Granata no reside en la provincia, otros simplemente dieron ese paso sin dar explicaciones.

Granata llegó ajena a las fuerzas políticas tradicionales, sin partido propio. Y aún no lo tiene. Habrá que ver si esta vez como ella repite a quien lo quiera saber no habrá nuevamente fugas. Se dice que los 50 titulares y los 10 suplentes que exige la presentación de las listas ante la Secretaría Electoral de la Provincia son de su puño y letra.

Su ingreso a la actividad política se construyó sobre la base de la reacción celeste -de pretensiones y argumentos celestiales- contra la lucha por una legislación que, finalmente con Alberto Fernández, consagró el derecho al aborto seguro, legal y gratuito. Pero también las críticas del nuevo actor político de fuerte contacto con el ámbito religioso fue contra otras ideas y prácticas sociales, culturales y educativas vinculadas al feminismo y las llamadas disidencias.

La legisladora y seguramente quienes la eligieron deben darse cuenta que están bastante más cerca de imponer una contra ola, o un maremoto, por sobre aquella convincente marea verde, que efectivamente logró esa y otras leyes pero pagó el precio de su institucionalización por la vía del kirchnerismo. De tener un ministerio, de ser parte del fracaso del gobierno nacional y de quedar pegado a intereses demasiado partidarios del oficialismo nacional es señalado ese movimiento.

Granata percibe esos cambios y así lo hace saber a quienes la siguen en redes y en sus apariciones públicas o en los medios: unió dardos a “la casta” con el proclamado “lenguaje inclusivo”. Piensa que por ejemplo en la distribución de cargos y recursos de la Cámara de Diputados que viene las cosas “no serán igual”. Que habrá cambios a partir de lo que suceda a nivel nacional y reclama que en Santa Fe fue ella la que comenzó a señalar las debilidades de los dirigentes políticos, con su sola presencia.

Granata también cree que puede sacar provecho de alguna hipotética división en el oficialismo, pero no hay elementos en esa dirección en el corto plazo. Sí la fortalece lo que ya sucedió en Santa Fe, y que a casi nadie le gustó en Unidos, con aquellas declaraciones de Pullaro antes de ser electo gobernador a favor de Milei, en caso de balotaje con Massa. La misma boutade de Perotti lo salvó de esas críticas.

En la última semana de la campaña electoral, un aviso publicitario en redes buscaba confundir a los votantes respecto de la pertenencia de Granata al espacio del radical. Hubo inmediatas desmentidas, pero nada como para que se lleve a cabo una investigación judicial que diera con el origen de esos fondos para una fake news. Todo se olvidó pronto.

Granata se puede dar el lujo de conceder muy pocos reportajes: tiene aire de mucho antes de ser legisladora. Ya entendió que en la disputa por las condiciones para la tarea legislativa, desde los cargos hasta los recursos, pasando por las oficinas, quien se distrae la pasa peor. Hoy cuesta creer que desde diciembre próximo Granata tenga su despacho fuera del Palacio Legislativo como hasta ahora, fue reelecta con otras condiciones, creció, y en su entorno se asegura que no perderá a sus huestes. Que será un legislador de su espacio el que llegue a la mesa directiva de la Cámara baja, como vicepresidente segundo (no ella), por ser la segunda minoría.


Unite


A su llegada en 2019, la más famosa de las 50 bancas, era vista con cierto desdén: el de los experimentados reelectos, que además han podido cursar una carrera política, hecha en distintos cargos del Ejecutivo o el Legislativo (alguno incluso en el Judicial por momentos) que nacieron de cierta militancia previa.

Quien de buenas a primeras cambia pantallas por bancas o cargos ejecutivos como tantas veces ha ocurrido en Santa Fe -y en todos los niveles del Estado- sufre el prejuicio del recién llegado.

Los dirigentes políticos de los partidos no son los dueños de las instituciones, ni de la Casa Gris, ni de la Legislatura, ni de los municipios vinieron a decir en distintos momentos Enrique Múttis, Evaristo Montti, Carlos Reutemann, Granata, Emilio Jatón y ahora el Juan Pablo Poletti, entre otros.

Pero para poder imponer condiciones hace falta pertenecer a un partido o una fuerza política que sea algo más que un candidato con votos. Y ese es el problema de Granata: Unite es una suerte de vehículo dispuesto a llevar a quien lo necesite, a cambio de algunos lugares en las listas. No es un proyecto político.

Junto a Granata esta vez entran otros 6 diputados, ahora tiene un bloque de 7. El segundo lugar es de un joven de Reconquista de bajo perfil, Emiliano Peralta; tercera es una conocida empresaria de la ciudad de Rosario del rubro de la joyería y el diseño, Alicia Azanza, cercana a Granata; le sigue el ex corredor de autos de Bigand, Edgardo Porfiri; y en quinto lugar está Beatriz Brouwer, la ex esposa de un ex dirigente del Modín que nació en los ’90 de los Carapintadas de Aldo Rico: José Bonacci, justamente es quien maneja a Unite. Los demás electos son Omar Paredes y Silvia Malfesi.


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