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Política

La hora de las pibas: llevó 50 años pero al final el fútbol femenino llegó a la Liga Infantil para quedarse

Alicia Salinas

Después de mucho insistir con sus padres, este verano Tania llegó a la escuela de fútbol infantil Libertad. La cancha donde juega de arquera queda en Fisherton, muy cerca de su casa. “Yo les decía a mi mamá y a mi papá: fútbol, fútbol, fútbol. Quería un club solo de nenas, ahora mi equipo es mixto”, explica quien acaba de cumplir nueve años. La posibilidad de concretar su deseo literalmente a la vuelta de la esquina es parte de un fenómeno que se afianza en los últimos años, y del que Rosario no es la excepción: la expansión del fútbol femenino. Cada vez son más las niñas y jóvenes que practican este deporte en el campo y en el salón (Futsal), de modo recreativo o competitivo, así como las ligas, torneos, espacios de formación, juego y entrenamiento, algo impensado para generaciones anteriores. 

Tania

Basta con asomarse a la historia de Yanet Rodríguez, de apenas 28 años. “Me crié en un barrio muy humilde de Villa Gobernador Gálvez, jugaba con mis hermanos varones pero nunca fui federada porque antes estaba prohibido que estuviéramos en la cancha”, recuerda la actual preparadora física del plantel de primera división de Rosario Central. Algunas de las chicas que entrena empezaron temprano a patear la pelota en clubes de varones y otras, que durante su niñez quisieron pero no pudieron, finalmente se sumaron en la adolescencia. 

Es que una de las claves está allí, en habilitar las oportunidades para que las infancias elijan el deporte de su preferencia sin importar cuál es su género y en un ámbito que históricamente estuvo vedado (por imperio de la lógica patriarcal) a las mujeres. Y de eso Yanet también tiene para contar, ya que trabaja en su ciudad en fútbol infantil femenino, en el marco de la primera competencia oficial de la provincia para las categorías sub10 y sub13. Un torneo de flamante existencia: arrancó en julio pasado, al mismo tiempo que la Liga Infantil de Fútbol Asociados (LIFA) cumplía 50 años. En otras palabras, las niñas tardaron cinco décadas en entrar a la LIFA, donde participan un total de 32 clubes. La novedad es que 14 de ellos incorporaron equipos femeninos.

Para eso fue determinante el programa municipal Ellas juegan, impulsado desde 2021 por la arquera y capitana de la selección nacional Vanina Correa, oriunda de Villa Gobernador Gálvez y jugadora canalla. “Siempre digo que Vanina es el pasado, el presente y el futuro del fútbol femenino, estuvo en cuatro mundiales”, acota con admiración Yanet, una de las profes que por las tardes visita los clubes adheridos a Ellas juegan para capacitar a los entrenadores. “Es un avance que la ciudad promueva el fútbol infantil femenino, que les den lugar a las nenas para que tengan su entrenamiento, su estructura”. Y también para ilusionarse, porque algunas ya sueñan con llegar a un mundial.

Yanet, villagalvence y entrenadora canalla

“Las nenas están en la misma línea que el fútbol masculino, no a un lado, y esto va a seguir porque transitamos una deconstrucción social. Antes estaba mal visto que una niña jugara, se le decía que era machona, que era un varón; ahora hay un reconocimiento de la elección que pueda realizar”, resume Yanet y le pone números al fenómeno, que predice será mucho mayor en 2024. “Creció notablemente la cantidad de jugadoras por institución: hay instituciones que tienen de 40 a 60 jugadoras entre las dos categorías, y las otras entre 15 y 20”. 

Así en el campo como en el salón

“Soy papá de dos futbolistas. En realidad de tres, pero la más grande está retirada, juega en la categoría Maxifem”, se presenta Cristian Gómez, de 52 años, tesorero del club Banco Nación del barrio La Florida y él mismo jugador de fútbol de Futsal desde la adolescencia. Su hija Agustina, de 18 años, integra el equipo que está en Primera A de la Asociación Rosarina, así como la selección rosarina sub20. 

“Sol está jugando en el club Federal en Primera B, cumplió 25 años. Y Dana, de 27, se mudó lejos del club. Se le complica para venir por el trabajo”, enumera e introduce un aspecto que conspira contra la continuidad en la práctica de este deporte, amateur en toda la Argentina. No obstante, observa “que está creciendo mucho: hace tres o cuatro años explotó”. Solo en el club Banco Nación suman 60 las chicas enganchadas con esta disciplina, desde sub10 a Maxifem. Y debieron crear una subcomisión especial de Futsal porque hay que organizar y coordinar profesores, entrenamientos y preparación física, si se tiene en cuenta que además los varones que juegan en la institución llegan a 200. 

Las hermanas Gómez, futbolistas y feministas

“En Rosario hay 16 clubes en Primera A y 18 en Primera B en Futsal femenino. Y se habla de que van a hacer una categoría sub17, otra sub15 y otra sub13. Fue un poco más tardío que el fútbol de campo pero tiene mucho auge, es tremendo cómo se van sumando las chicas”, dice Gómez, y su voz traduce cierta alegría porque está convencido de que los clubes son espacios de contención para los jóvenes. 

“No me sorprendió que mis hijas se anotaran para practicar cuando se abrió la posibilidad. Además son activas en el movimiento feminista”, cuenta el dirigente. Sobre Agustina, que juega en el torneo más competitivo mientras estudia la carrera de diseño gráfico, recuerda que arrancó a los 13 años. Como pivot o ala pivot, siempre con la energía que la caracteriza y que también la llevó a participar del centro de estudiantes de la secundaria desde la primera semana del primer año.

“Se arman unas lindas discusiones por cuestiones técnicas en nuestra familia, es que hablando de fútbol somos todos técnicos”, sonríe Gómez y trae a colación una característica del Futsal: los padres acompañan a las chicas a los partidos, donde se suda la gota gorda adentro y afuera de la cancha “más que nada por la camiseta, por defender al club, en un ambiente familiar y amistoso”. Él mismo insiste en patear la pelota en la categoría Superveteranos.

“Soy muy buena atajando. Mi papá me dice la araña por cómo me pongo en el arco. Ya me han dado con la pelota en los brazos y en las piernas”, retoma Tania, que recién está empezando. Porque le gusta pasarla bien, divertirse y no le importa si gana o pierde, explica. “Yo donde voy me pongo a jugar al fútbol. No jugar es aburrido”, asegura la nena, quien por el puesto en el que se desempeña admira en especial al Dibu Martínez y a Vanina Correa. Justamente la crack villagalvense, de 40 años, declaró al presentar la competencia de fútbol infantil para niñas hace dos meses: “Ojalá de chica hubiese tenido la posibilidad de que tantos clubes le abrieran las puertas al fútbol femenino”.

Si una de las máximas del feminismo afirma que “la revolución se da en la calle, en la plaza y en la cama”, hace tiempo que hay que agregarle otro escenario: las canchas. Y eso que el partido apenas empieza. 

Agustina Gómez

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