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Política

La interna cada vez más caliente en Seguridad, un ministerio donde todo es urgente pero marcha lento

Ni el récord de 310 homicidios, ni la sucesión de arrebatos en la calle, ni el robo diario a comercios y domicilios, ni el descontrol policial. Ninguna de esas urgencias de la realidad fueron el origen de una nueva crisis en el ministerio que se encarga de la seguridad pública en la provincia. El problema es de conducción política y de gestión: a un ministro que a dos meses de asumir aparece desdibujado se le sumó una secretaria que orilló el escándalo al enfrentarse al pleno de los diputados y dejó a la luz otra interna de escritorio, que parece no tener descanso, y que nadie puede asegurar cómo sigue. Algo que tampoco importa demasiado, porque el cambio de nombres no promete ninguna solución rápida.

Va a ser complicado para los candidatos discutir nuevas ideas sobre políticas de seguridad y orden en medio de la próxima campaña electoral, que ya entona sus primeros acordes. No hay margen para promesas y los reproches recíprocos le pegan a toda la clase política. La ciudadanía no resiste comparaciones para saber quién fue peor.

Mientras, el presente ofrece situaciones escandalosas. Como la presentación de la titular de la Secretaría de Coordinación Técnica y Administración Financiera del Ministerio de Seguridad, discutiendo de igual a igual con diputados electos hace varios años, algunos de ellos ex funcionarios de otros gobiernos, a los que intentó explicarles los tecnicismos de la gestión administrativa para comprar camionetas y chalecos “antibala”, como aclaró. No hubo equivalencias ni registro de la funcionaria de las reglas de la técnica parlamentaria.

La reunión duró casi cuatro horas, y como dijo Rubén Giustiniani se podría haber resuelto en diez minutos. La funcionaria tenía que informar sobre el destino de los más de tres mil millones de pesos que la Legislatura autorizó a gastar a principios de año con mecanismos excepcionales para atender la situación de emergencia que atraviesa la provincia. Esa explicación es clave para que la Legislatura renueve esa herramienta a fin de año.

No quedó claro qué van a hacer los legisladores. El resumen de la extensa reunión es que ese presupuesto hasta ahora está ejecutado apenas en un 1,6 % (54 millones), mayoritariamente en la compra de 288 camionetas y 5.500 chalecos. Con otros argumentos, la secretaria extiende ese porcentaje al diez por ciento, pero quedó claro que está atrasado el trámite. Una buena: prometió que al 31 de diciembre, cuando vence el plazo de ley, va a estar el ciento por ciento “afectado”.



Morel, la del audio de Sain


“Lo patético tal vez sea que yo esté acá”, dijo sin vueltas la secretaria Ana María Morel, la misma a la que en un audio “filtrado” el ex ministro Marcelo Sain tenía apuntada y pedía armarle algo. Por esa mala relación es que solicitó correrla de las mismas funciones que tiene ahora. Había llegado al cargo el 11 de diciembre del 2019, con el inicio de la gestión. Aquella vez, el gobernador le dio la derecha a su ministro estrella y la apartó el 12 de marzo del 2021.



Cuando lo reemplazó por Lagna la funcionaria volvió, el 15 de diciembre del 2021, aunque no era del agrado del ex ministro futbolero, al que chicaneaba por ser “pullarista”. Ahora está claro que tampoco simpatiza con el ex policía y ministro Rubén Rimoldi, quien ante una pregunta directa de Maximiliano Pullaro sobre si le iba a pedir la renuncia a la secretaria, contestó que lo tenía que evaluar con el gobernador.

Si esa evaluación se hizo, no hubo resultados inmediatos. Habrá que esperar. El final puede ser que esté abierto, pero entre quienes levantan apuestas para saber si después del escándalo de esta semana va a haber renuncias en el Ministerio de Seguridad, se impone una frase: “Parece más difícil reemplazar a la secretaria financiera Ana Morel que al ministro Rubén Rimoldi”. Otros aseguran que el ministro reconoció que quedó desautorizado y que si en una semana no la desplazan, será él quien se irá.

La mala relación entre ambos sugiere que alguien tendría que correrse, como parecía iba a suceder apenas después de la maratónica reunión de cuatro horas de la funcionaria con los legisladores. Eso por ahora está en suspenso y hasta podría no ocurrir nada. En caso de que los dos funcionarios se queden habrá prevalecido la enésima gestión de buenos oficios del gobernador en el mismo ministerio, en el que cada tanto convoca a reuniones urgentes para pedirle a sus funcionarios que “coordinen”. Suele funcionar hasta que estalla la próxima crisis. 



¿Se irá alguien?


Si Omar Perotti va a ser el árbitro que dirima quién se va, Morel parece llevar ventaja para quedarse. Lo dijo ella ante los diputados: “Interpreto perfectamente lo que el gobernador quiere, que es el único que puede evaluarme: ejecución de calidad con transparencia. Me siento absolutamente apta, pero no soy quien define en qué se gasta, gestiono lo que piden las áreas. Soy muy cuidadosa del control y en qué se invierte cada peso”.  

Morel y su equipo van a tener que manejar en 2023 un presupuesto del orden de los 200 mil millones de pesos en Seguridad. “No es fácil encontrar alguien con ese perfil, celosa con los números y de confianza”, deslizaron quienes no saben siquiera si se llegó a evaluar la posibilidad de buscarle reemplazante. Parece más fácil que a Rimoldi lo suceda Claudio Brilloni, comandante retirado de Gendarmería y actual secretario de Seguridad Pública. “Lo único grave en ese caso es que sería ya el cuarto ministro en la misma gestión, pero entre el costo político y el control de la economía, en este gobierno ya se sabe quien se impone”, tratan de adivinar.

“No fue gratis, perdimos todos”. Ese es el balance que hicieron oficialistas y opositores después de la insólita reunión de casi cuatro horas donde entre 30 y 40 diputados pelearon contra una funcionaria de tercera línea, que tenía una natural estrategia de provocación que molestó a varios legisladores que decidieron irse o intentaron hacerlo. 

Hay pocos antecedentes de algo parecido, especialmente frente a la presencia del propio ministro del área que siguió la actuación de su subordinada en estoico silencio, sentado a su lado pero sin registrarse mutuamente. “Esperaba que reaccionara”, le apuntó una diputada. Otro legislador tuvo que pedirle que la calme: “Ya le dije”, contestó Rimoldi minutos antes de pedir permiso para ir al baño. Fue la única pausa de una reunión en la que al ministro se lo veía incómodo, tomaba agua, miraba al techo y jugaba con sus manos. Los que lo conocen mejor afirman que también disfrutaba lo que le estaba pasando a Morel.



Unos minutos antes, la secretaria se había jactado de lo contrario que ahora le urgía al ministro. Dijo que arrancaba a trabajar a las 7:45, se quedaba hasta que hiciese falta y muchas veces se aguantaba para no ir al baño. Que así pudo gestionar 15 mil expedientes en menos de diez meses. Los diputados le dijeron que no hacía falta tanto. 

Aunque se definió como de perfil técnico, quedó la sensación de que “ocupa un lugar plenipotenciario dentro del ministerio”. Morel también intentó algunos cruces políticos, como cuando quiso comparar el ejecutado de los cuatro presupuestos del último gobierno socialista o dijo haber cambiado resoluciones que atentaban contra la transparencia. Como si esas chicanas formaran parte de un guión con el que llegó a una función que tuvo bastante de circo y que seguro le restó a otra suma, la de la confianza que la sociedad tiene con la política.



Intervenciones de Giustiniani y Galdeano



[VIDEO] La presentación completa


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