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Política

La política pasó por la góndola de las candidaturas y eligió periodistas, cumbiero, futbolista y también a algún militante

¿Qué dirá la plataforma electoral del partido Unite sobre los problemas de Rosario? Lo único claro parece ser que la pueden llevar adelante ex futbolistas. Por ese partido ingresó Ariel Cozzoni al Concejo y ahora se propone Hernán “Sapito” Encina. En Santa Fe, Kaniche, el senador cumbiero, ya no estará solo en la política; para el Concejo de Rosario también se postula el cantante del grupo de cumbia La Vanidosa, Luis Hermosin.

No está mal que entre la oferta de más de veinte listas para ser concejal en Rosario haya tres periodistas, un futbolista y un cumbiero. Nadie asegura que los mejores políticos tienen que provenir de ramas como el derecho, la medicina, las ciencias económicas o la ingeniería.

El problema es el propósito con el que llegan a participar. Queda claro que prevalece el objetivo de ganar una elección, o mejorar las chances que para el partido tendría algún militante con menor imagen pública, antes que una vocación por servir a la comunidad o desarrollar una genuina carrera política.

En tiempos de crisis, siempre, este tipo de candidatos suelen canalizar el desencanto de la población hacia la política o algunos de sus exponentes. No suele ser la mejor solución. Se repite que la administración de lo público se salva con mejor política.

El efecto “periodista-candidato” parece estar convirtiéndose en un lugar común. Lo que fue una novedad ahora es imitado por todos, ya es masivo. Aunque en realidad no parece seguro que se buscaran periodistas, sino figuras conocidas, y en los medios rosarinos no hay tantos cocineros o referentes de otras actividades.

La insistencia con estas soluciones de apelar a famosos tiene que ver con un ahorro de energía y recursos, ya que permiten saltar el paso de instalar un candidato en el conocimiento público. Queda rodearlo de una campaña que lo muestre mejor que los demás y, finalmente, lo más importante, que se suba a la nave y demuestre sus condiciones.

Es ahí donde puede darse el largo proceso de depuración de algunas aventuras, cuando los votantes comprueban amargamente que la elección que hicieron para condenar a la política no dio resultado.

Por sus frutos los conoceréis.

Sería buen momento para evaluar el resultado de las gestiones de candidatos como Marcelo Megna, Ariel Cozzoni o Aldo Poy en el Concejo. Son fenómenos de relativa eficacia. Ya hubo en el mismo recinto un conocido farmacéutico de cuyo apellido hoy da pereza acordarse.

Larrauri no fue como Reutemann

Después de Carlos Reutemann vino Poppy Larrauri como experimentos de la política santafesina por fuera de sus ámbitos. Uno fue dos veces gobernador y reelecto cuatro veces senador nacional y el otro defraudó como concejal. Los dos habían corrido a altas velocidades.

El éxito de las recientes elecciones de Marcelo Lewandowski o Susana Rueda no aseguran que siempre terminará igual. Las fórmulas con periodistas pueden agotarse. No es lo mismo un comentarista deportivo de veinte años de trayectoria y masividad por los relatos de fútbol que un conductor satírico con un programa semanal los sábados a la noche, cuyo nombre (Bótelos) encima invitaba a descartar a los políticos. Al menos tiene coherencia: ahora los reemplaza.

Del otro lado, hay ejemplos para confirmar que la elección de un candidato no depende tanto de donde provenga sino de su formación y sensibilidad con el hacer político. Norma López, Marcelo Lewandowski y Carlos Cardozo son una muestra de eso.

Por suerte hay partidos o sectores que siguen apostando a la política y a sus referentes militantes. Tres ejemplos en esta inscripción de candidaturas: las cabezas de las dos listas del Partido Socialista que llevan de candidatos a concejal a dirigentes de reconocida trayectoria y ya probados en la gestión pública como Miguel Cappiello y Verónica Irizar, o Esteban Borgonovo y Norma López por el lado del peronismo.

Al margen, hay un problema que la política deberá subsanar de una vez por todas. Mejorar el control de los partidos que funcionan como sellos o que arman una góndola que abastece a todo el arco ideológico: los hay para candidatos de derecha o más al centro.

Es loable el propósito de favorecer la participación política, pero con algunos límites. En tiempos de pandemia deben haberse relajado los mecanismos de supervisión para saber si la nómina de afiliados de los partidos con años de militancia no sostienen —por algún artilugio administrativo— la vida de otros que arman sus listas como zánganos. Con la posibilidad de que esos afiliados ni siquiera están enterados. ¿Alguien cruza esos datos entre los partidos que siguen existiendo?

También se podría investigar cómo se consiguen los avales. Si no son simples duplicaciones de los mismos nombres que respaldan a otros partidos que trabajaron en serio en el tema. No sería la primera vez que eso puede comprarse. Para que armar una lista de candidatos o tener un partido portaaviones de cualquier aventura política no sea una simple decisión que se cotice más que una candidatura famosa.

No son pocos en la política santafesina los que culpan de estos males de candidaturas vistosas al sistema electoral de boleta única, que favorece al candidato conocido por sobre el buen candidato. Un debate que debiera darse entre políticos.

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Autor

  • Daniel Abba

    Periodista. Licenciado en Comunicación Social de la UNR. Ex jefe de Redacción de La Capital. Twitter: @DanielAbba_

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