Fue empate, 1 a 1, tablas, la salida posible, lo mejor para todos. La Legislatura le mostró al gobernador Omar Perotti que puede cambiar, aunque tampoco le dio todo. Y el Gobierno puede mostrar una victoria legislativa y política, impensada en el último tiempo. Cinco meses y 27 días después, las dos cámaras cortaron al medio: rechazaron uno de los dos vetos del Ejecutivo a las denominadas leyes anti-Sain, pero le dieron la derecha en el otro, que quedó firme al no reunir los diputados todos los votos necesarios. La votación significó un avance político del justicialismo en un tema que marcó divisiones al interior del Frente Progresista. “Hasta abril era un 2 a 0 clavado”, repetían anoche con satisfacción por la remontada los hombres del Ejecutivo que participaron de las negociaciones.
Una mala lectura sería decir que la ley que fue ratificada en contra de la voluntad del Gobierno es la que menos relevancia tiene ahora, ya que si bien es un postulado general fue pensada para afectar la estabilidad del ex ministro de Seguridad, finalmente renunciado en marzo.
La ratificación de esa ley ya no importa en ese sentido, pero esconde una cuestión que explica el interés que había en ella y que la convertía en innegociable. Por eso era la única de las dos leyes que no tenía chances de ser revisada. Es que a partir de esa ley, el ex ministro Sain va a ser juzgado por la Legislatura -y no por el Ministerio Público de la Acusación como era hasta ahora- por su tarea como director del Organismo de Investigaciones en el que reasumió después de su paso como ministro.
Y no sería extraño que empiecen a aparecer y ser presentadas en la comisión de Acuerdos de la Legislatura denuncias en su contra que van desde malos tratos a discriminación, entre las más leves, en una suerte de revancha no admitida de varios sectores que se vieron afectados por su polémica actuación como ministro.

La segunda ley vetada por Perotti es la que establece un control y rendición de los gastos reservados del Ministerio de Seguridad, y fue la prenda de negociación para inaugurar un nuevo tiempo en las relaciones entre el Ejecutivo y la Legislatura, de más diálogo y coordinación. Como todavía hay recelos sobre cómo evoluciona este segundo tiempo, la salida fue intermedia y nadie tuvo conformidad total.
Formalmente, el Senado insistió con su postura en las dos leyes y rechazó ambos vetos, pero en Diputados apareció la lucecita que les permitió alumbrar el empate. Fue una votación especial, ya que sólo el presidente de la Cámara Pablo Farías estuvo presente frente al recinto vacío. Los legisladores tuvieron que dar el presente encendiendo sus computadoras después de dos cuartos intermedios, necesarios para acordar la postura que permitió la salida.

“Esto parece la AFA”
“Esto parece la AFA”, “hay más votos que gente” y “hay que ver quien es el Chiqui Tapia acá”, fueron algunos de los comentarios nerviosos que cortaron el largo silencio de varios minutos mientras se contaban los votos afirmativos y negativos que cada diputado escribía en el chat. La cuenta final dio 29 a favor y 18 en contra. Se necesitaban 32 para rechazar el veto. Entre una ley y otra se perdieron ocho votos en Diputados.
Para reafirmar la ley de incompatibilidad de cargos, los diputados sumaron 37 votos positivos, contra 8 negativos y dos abstenciones, lo que confirma que estaban más interesados en esa norma que los propios senadores enfrentados con Sain.
Tal vez para salvar el honor de los legisladores que habían votado con el mismo énfasis las dos leyes, al veto que no pudo ser rechazado se le sumó la propuesta de crear una comisión que se encargue de coordinar alguna especie de control entre poderes para esos gastos del Ministerio de Seguridad. Las próximas sesiones podrán dar cuenta del interés en ese propósito.
Hilando fino podría decirse que no es tanto como parece un empate entre el Gobierno y la Legislatura, sino una victoria del justicialismo que puso contra las cuerdas a los socios del Frente Progresista en plena reformulación de roles. En la votación, ese detalle se puede observar claramente en la división de opiniones entre los diputados que conforman la coalición que conducía Miguel Lifschitz.
En el medio, a falta de acuerdo, se postergó una semana más la designación de las dos vicepresidencias de Diputados, una demostración de cómo se dieron vueltas hasta detalles que nunca fueron un problema en la relación oficialismo y oposición.
Por eso no todo es una buena noticia para el PJ. Funcionarios del gobierno y legisladores oficialistas empezaron a tomar cuenta de una nueva realidad: con el fallecimiento del ex gobernador, que era el mejor elector que tenía la oposición, ahora las cuentas electorales en la provincia vuelven a dividirse por dos. Y eso pone en riesgo las elecciones de este año: una cosa era la división por tres, con Lifschitz como elector principal. Ahora en algunas localidades las opciones serán de a dos, y el peronismo empezó a valorar otra vez la unidad de sus diversos.

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Ver todas las entradasPeriodista. Licenciado en Comunicación Social de la UNR. Ex jefe de Redacción de La Capital. Twitter: @DanielAbba_

































