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Lifschitz y las peripecias del no a un frente con el PRO y la UCR

Lifschitz y las peripecias del no
a un frente con el PRO y la UCR



Redacción Suma Política


Con el manual del político en campaña en la mano, Miguel Lifschitz le dice a cada uno lo que quiere escuchar. Eso se desprende de sus últimas declaraciones, en las que parece descartar o ponerle límites a un nuevo frente que aglutine no sólo a los viejos socios socialistas y radicales, sino que también sume expresiones que se ubican más a la derecha en el abanico político nacional.

Es curioso que en su discurso diga al mismo tiempo cosas que se contraponen. Hay para todos: habla de fortalecer y mantener la esencia del Frente Progresista y promete que no habrá un viraje hacia otras franjas del pensamiento político. No venía siendo tan explícito en ese sentido. Pero tampoco le cierra la puerta a nadie, y menciona especialmente “a dirigentes valiosos de otros espacios como el PRO”. Sugiere que tal vez “cambiando alguna palabra, se pueda llegar a una síntesis, a un punto en común” entre tantos partidos y confía en “sostener y a ampliar nuestro piso electoral”, dejando más que claro que lo que más le interesa es conseguir “fortaleza para ganar las elecciones”.

El ex gobernador parece estar en una encrucijada, insólita para alguien que cosecha sus altos niveles de aceptación pública. Por un lado, el radicalismo y el PRO lo apuran con definiciones públicas para que blanquee lo que parece ya les ha dicho en mesas más chicas: que es proclive a un frente de frentes al que se sumen todos los que quieran. No es casual que haya salido a hablar después que los radicales le exigieran una decisión más rápida para saber si será el candidato estrella de una hipotética coalición, o tendrán que buscar a otro.

El problema es que en el Partido Socialista los mandatos de autoridades están vencidos y prorrogados, y la Justicia ya estableció que habrá elecciones internas, en las que no es un delirio pensar que puede llegar a perder. Mientras tanto, nadie está facultado para llevar adelante una estrategia electoral ni resolver cuestiones políticas partidarias, como parece estar haciéndolo Lifschitz. Algo parecido intentó en las pasadas elecciones nacionales y la suerte del socialismo quedó atada al ex gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey.

Aunque a nivel general la imagen del tercer ex gobernador socialista de Santa Fe sigue siendo alta, puertas adentro de su partido no goza del mismo prestigio, no tanto por cómo gestiona, sino especialmente por su rol de hacedor de acuerdos electorales.

Por el resultado de aquella campaña electoral nacional es que también son notables los cuestionamientos a la conducción del partido, todavía en manos de Antonio Bonfatti, a nivel nacional, y del diputado nacional Enrique Estévez en territorio santafesino.

Sobre las elecciones internas del PS, establecidas por la Justicia para el próximo 18 de abril, parece definidio que la candidata a reemplazar a Bonfatti en la conducción nacional será la ex intendenta de Rosario Mónica Fein, mientras que a nivel provincial Estevez sería nominado de nuevo para protagonizar su propia reelección, siempre y cuando no prospere un intento de unidad opositora que lleva a Rubén Galassi en otra lista.

Mientras, un petitorio llamando a la unidad y a evitar los comicios internos recorre las redes sociales de los afiliados, todavía sin demasiada suerte. El 8 de febrero cierran las listas a nivel nacional.



Lifschitz, tironeado


Sin vueltas, puertas adentro del socialismo no creen en lo que declare a nivel periodístico el ex gobernador. Están convencidos de que tiene discursos de variada intensidad, según quien sea su destinatario.

“No quiere que haya interna, porque si la pierde sufrirá un alto impacto político”, evalúan confiados. “Siempre se manejó así, siempre hizo lo que quiso”. Esto lo reafirman quienes incluso integraron con el ex gobernador una mesa chica partidaria.

Lo que está en juego con la elección interna no sólo es la política de alianzas del socialismo, sino algo más grande y que incluye eso: la conducción partidaria.

“Lifschitz maneja un auto de carrera pero no tiene carné de conductor”, es la figura que utilizan en el partido al que pertenece para describir lo que consideran torpezas de su candidato estrella a la hora del manejo electoral.

Sus posibles aliados radicales tampoco toman al pie de la letra sus declaraciones, prefieren quedar con lo que les dijo a ellos. “¿Vieron que Lifschitz reniega de un frente de frentes?”, se les pregunta. “No es lo que le dijo a Pullaro el viernes”, responden.

Desde el PRO y la UCR cuentan una intimidad: que el ex gobernador socialista a la hora de explicar las dificultades para blanquear el acuerdo al que quiere llegar le echa la culpa al intendente rosarino Pablo Javkin, debido a los compromisos que por la gestión tiene con el gobernador Omar Perotti. “Hay que limar esas asperezas antes de poder avanzar”, sugiere para ganar tiempo.

Un dirigente de Juntos por el Cambio que habló con el presidente de la Cámara de Diputados en los últimos días se llevó la sensación de que el frente soñado antikirchnerista no podrá ser: “Me dijo que le encanta la idea, pero que su partido no lo banca. Y además perdería el manejo que tiene en la Legislatura”. Alguna de estas opciones se impondrá y recién ahí quedará claro si las peripecias que atraviesa por estas horas lo llevarán a contestar por sí o por no, sin tanto lugar para las ambigüedades.


* Las declaraciones referidas en esta nota fueron realizadas en una entrevista al periodista David Narciso publicada en Rosario3.


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