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Pandemia económica: ¿cómo quedaron el ánimo y el bolsillo, a un año de la llegada del coronavirus?

Pandemia económica: ¿cómo quedaron el ánimo y el bolsillo, a un año de la llegada del coronavirus?



Ignacio Cagliero


Se cumplió un año del primer caso de coronavirus registrado en la Argentina y si bien la campaña de vacunación pudo traer algo de tranquilidad desde el punto de vista sanitario, la situación económica es lo que más preocupación genera en la población. Mayor restricción en los gastos, preferencias por marcas de segunda línea y facilidades en los pagos son algunas de las estrategias que marcan las percepciones económicas durante el inicio del 2021. ¿Qué dicen los datos, más allá de las percepciones?

Un estudio de la consultora MEC indagó en los hábitos de consumo de la población, poniendo el foco en la región centro del país: el 53% de sus encuestados fueron de la provincia de Santa Fe, donde Rosario fue la ciudad con mayor representatividad (37%). El mismo sondeo se realizó a mitad del año pasado y la comparación entre ambos da cuenta de que las familias debieron ajustar sus gastos y la “preocupación” es el sentimiento que prima dentro del humor social.

Si a mitad del 2020 un 12% de los consultados aseguraba “vivir muy bien”, con margen para ahorrar e invertir, para enero ese guarismo se redujo al 5%. Pero quizás el dato más preocupante pasa por la gente que reconoce que sus ingresos “no alcanzan”, porcentaje que creció del 5% al 18% en solo seis meses. 

Además, menos del 1% cree que su situación económica “mejoró mucho” en los últimos 90 días, apenas un 7% considera que “mejoró algo”, casi un 40% de los consultados entiende que está peor y un 20% asegura que “empeoró mucho”. 

Como síntesis, más de la mitad de los consultados cree que el 2021 va a ser un año peor que el anterior, y la economía se encuentra en el podio de las preocupaciones, acompañada por la inseguridad y la inflación.


Con-sumo cuidado


En contexto de crisis las formas se modifican. Un 29% de los consultados durante enero de 2021 reconoce haber cambiado totalmente sus hábitos de consumo restringiéndose mucho más en sus gastos. El porcentaje significa un crecimiento más que importante respecto a julio de 2020, donde un 11,5% de los encuestados se inclinó por esa opción. De hecho, la variable que mide la cantidad de gente que achicó sus gastos es la más alta de los últimos años.

La tendencia al ajuste se ratifica cuando se analiza el consumo de productos de primera necesidad como alimentos, artículos de limpieza y vestimenta: un 34,5% pasó a consumir marcas y productos más económicos o con facilidades de pago. Y mientras que hace seis meses un 35,6% aseguraba consumir las mismas marcas y productos que antes de la pandemia, en enero de 2021 ese porcentaje se redujo al 16,7%.


Lo justo y necesario


Otra estrategia de consumo que se destaca es la de comprar “solo lo necesario y en la cantidad justa”, que a mitad del año pasado comprendía al 29% de los encuestados y para enero 2021 creció al 46%. Asimismo, si se desagregan los consumos según la situación socioeconómica de los consultados, entre los sectores más carenciados el vuelco a los productos más baratos alcanza un 45%, mientras que en las capas más altas se observa una tendencia a consumir los mismos productos pero con menor frecuencia (34%).

Una variable interesante para analizar son los lugares que elige la población para hacer sus compras. Si bien los comercios de cercanía siguen siendo los más elegidos, hay una baja de cuatro puntos en comparación con julio del 2020 (44% contra 48%). Como contrapartida se nota un incremento en la cantidad de gente que opta por comprar en las cadenas de supermercados (39% contra un 32%) y una suba importante en los que eligen comprar en locales mayoristas (11% contra un 5%).

En la misma línea, cayó sustancialmente el nivel de compras por internet en lo que son los productos de primera necesidad. Mientras que en julio llegó a un pico del 15%, para enero la variable disminuyó al 6%. Una lectura posible es que, en sintonía con la mayor circulación en las calles, la gente optó por consumir en lugares donde se pueden encontrar mejores ofertas o promociones en los precios, en detrimento de las compras online que además tienen un costo extra de envío.



No todas son pálidas


La percepción negativa que tiene la población sobre la economía tiene su correlato en los números: se estima que la actividad económica se contrajo 10 puntos en la Argentina por la pandemia. Pese a eso, hay algunos datos que permiten ser optimistas. Desde el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) publicaron un informe que marca cierta reactivación en los principales indicadores que miden el consumo en la provincia de Santa Fe: ventas en supermercados, patentamiento de autos cero kilómetro, cemento y energía eléctrica.

Según el organismo, después de 28 meses de caídas interanuales en las ventas reales —es decir, descontada la inflación— los dos últimos meses del 2020 mostraron un crecimiento. En diciembre el rubro “Carnes” fue el que más creció (65,9%), seguido por “Bebidas” (52,9%) y “Electrónicos y artículos para el hogar” (51,9%). Las tres variables representan el 35% de las ventas totales del sector.

“Ponemos el foco en los consumos cotidianos porque es un indicador bastante transversal del consumo de la población. Y nos estaría marcando que está incrementándose este consumo, principalmente de alimentos y bebidas, pero de todo lo que podemos encontrar en el supermercado”, explicó a Suma Política Celina Calore, integrante del CESO. 

Para la economista, la reactivación del consumo va a ir de la mano con que las familias puedan recomponer sus ingresos luego de un año complejo. Y eso puede lograrse mediante dos vías: mejorando los salarios en las negociaciones paritarias, y poniendo un freno a la suba de precios. Respecto a este punto, Calore señaló que el 2020 finalizó con una inflación del 36% pero en los alimentos el porcentaje fue mucho mayor. Para febrero de este año vislumbran “cierta desaceleración” que lleva a ilusionarse con que la reactivación comience a tomar un mayor impulso.

“Resolver, o al menos intentar apaciguar la evolución de precios es la agenda más importante que tiene el gobierno. Si bien debemos destacar que el año 2020 cerró con casi 20 puntos menos de inflación que el 2019 (año en que llegó al 53,8%), lo cierto es que tenemos una recesión muy importante y es un nivel muy elevado de inflación para las características coyunturales que atravesamos el año pasado”, detalló.

Pero también hay otras variables a tener en cuenta en la evolución de los precios, como el tipo de cambio. En ese sentido, lograr tener una depreciación de la moneda que vaya a un ritmo menor que la inflación “va a servir de ancla”, según la economista. Los acuerdos de precios también son una opción que se mantiene en el camino de la lucha contra la inflación. El más reciente, y que rige actualmente, es del 30% de descuento en los principales cortes de carne: tira de asado, vacío, matambre, entre otros. 

“Hay que sentar a todos los actores de la economía y poner la cuestión de los precios sobre la mesa. Desde el lado empresarial también saben que incrementar los precios significa un menor consumo. Entonces poder plantearnos que el sector empresarial tenga su ganancia más por cantidades. Es decir que pueda recomponer las ventas y tal vez no especular tanto con los precios que es lo que necesitamos para la recomposición del salario real”, consideró Calore.


El informe completo



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