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Opiniones

¿Qué pasará con la educación en Argentina?

La alianza de Milei con Macri viene diluyendo la plataforma de campaña por la que La Libertad Avanza fue elegida para el gobierno del país con casi el 56% de los votos. Lo vemos fundamentalmente en el plan económico, que ahora no incluiría dolarización, e incluye incluso modera el cierre del Banco Central a “cese de emisión”. Ajuste salvaje sobre los sectores sociales ya golpeados y empobrecidos, sí: en esa línea siguen.

Ya habíamos señalado que la plataforma estaba hecha de eslóganes y no de procesos viables para solucionar los acuciantes problemas del país.Y ahora, que faltan 15 días para poner en marcha el plan, se está viendo: o no hay plan o no hay intención de explicarlo. Con gritar “afuera” y fotografiarse con una motosierra no alcanza para el gobierno de un país que necesita diálogo, acuerdos y horizonte.

Por supuesto, en este contexto, nos preguntamos por la educación. Hasta ahora tenemos que el caballo de batalla de la campaña, los vouchers educativos, pasaron a otro nivel de prioridades —¿gracias a las fuerzas del cielo?—, y fueron barridos a las “reformas de segunda generación”. Bien, sigue la pregunta: ¿qué pasará con la educación en Argentina? No es una pregunta exclusiva de los sectores que estamos preocupados por la educación pública, como derecho y bien común. Se lo pregunta una sociedad que organiza su vida en torno de la vida escolar: la dinámica familiar se condiciona por la escuela.  Lo poco que sabemos —porque se jactan de no dar información, de no hablar con la prensa— nos pone en alerta.

Lo primero: con la excusa de que el gobierno nacional no tiene escuelas, se deshace de la enorme responsabilidad de diseñar y ejecutar una política educativa federal, igualitaria, solidaria, que permita el desarrollo social de Argentina. Dicen que la educación no es importante, y en los hechos la compacta en un cubo de descarte, donde se aplastan otras áreas vitales que no son de su interés —económico— como salud, trabajo y desarrollo social, que ahora penden del gancho de un super ministerio de Capital Humano. Para el gobierno electo, la educación se reduce a entrenamiento: “invirtiendo en el Capital Humano, dicen, se aumenta la productividad”.

Sabemos algo más. Quien será la superministra. Sandra Pettovello, periodista (Universidad de Belgrano) que levanta la bandera de eludir a la prensa; licenciada en Ciencias de la Familia (Universidad Austral) y desde el año pasado, vicepresidenta de la UceDé. Hizo estudios de posgrado en Políticas Familiares (Universidad Internacional de Catalunya) y una larga lista de cursos que incluyen neurosicoeducación, foundraising para organizaciones y reiki. Muchos medios intentaron encontrar antecedentes de su experiencia laboral y lograron estos detalles: columnista en Radio El Mundo, gerente comercial en DK Group, productora periodística de La Cornisa, y consultora en orientación laboral y vocacional.

La consulta al archivo la muestra exponiendo sus ideas a favor de la universidad pública y de no responsabilizar a la clase dirigente de las crisis sociales, sino al comportamiento de cada uno; posicionamientos contradictorios con los postulados de La Libertad Avanza. Las contradicciones parecen no importar: si hasta el mismo Milei, que se presentaba con “afuera la casta”, ahora la incorpora a su equipo de gobierno.

El tercer elemento que conocemos es la figura de quien encarnaría el rol de secretario de Educación: Martín Krause. Sí, ese que en una reciente presentación banalizó el Holocausto y agravió la memoria de los millones de personas asesinadas, diciendo que si la GESTAPO hubiera sido argentina hubieran muerto menos judíos (para graficar la “incompetencia” de los argentinos). El “centro de adoctrinamiento” en el que se formó Krause es la UCEMA, institución fundada en la dictadura por los exfuncionarios de Menem y actuales asesores de Milei, Roque Fernandez y Carlos Rodríguez. Sí, este último, que sufre de malestar estomacal cuando se besan dos varones y que cree que hay que sufrir para que se aprenda que las cosas cuestan”. Krause es doctor en Administración en la Universidad Católica de La Plata y director de posgrado de la Eseade –escuela terciaria fundada por Alberto Benegas Lynch, el nuevo prócer que los argentinos no conocíamos–.

Con este timonel, quieren que las familias tengan una mayor incidencia en la elección de dónde, cómo y qué aprenden sus hijos: libertad de contenidos, de métodos y de elegir “proveedores” —como habría que llamar a las escuelas, cuyo acceso se comprará a través de una tarjeta como la Sube, aunque por ahora no—. La libertad de contenidos tiene en foco más que nada a la ESI, una ley que ha permitido, al menos en Santa Fe, que se descubran 400 casos anuales de abusos a niñas, niños y adolescentes, la mayoría de ellos ocurridos en el entorno familiar.

Entre los 9 puntos educativos de la plataforma que, como decimos, no sabemos ni qué ni cómo se van a incluir finalmente en el plan de educación que implementarán a partir del 10 de diciembre, tres tienen que ver con los vouchers (crearlos, entregar los fondos a las familias, generar competencia entre las escuelas para que sean mejores), tres se relacionan con el personal docente y directivo (crear carreras universitarias de profesorado y gestión, modificar el estatuto docente —no dice en qué, ni para qué—y evaluar la posibilidad de despido a los docentes que se tomen licencias injustificadas), los últimos tres, relacionados con qué enseñar, especifican: eliminar la obligatoriedad de la ESI y modificar el diseño curricular en función del modelo productivo: “habilidades para intervenciones en función de las profesiones que necesita el país”. Intencionalmente, se puso en debate un sistema inviable como el de los vouchers y, lo que verdaderamente importa, qué educación necesitamos, quedó enunciado al final de una lista de contenido encriptado.

Un último punto, del que hablaron aunque no aparezca explícitamente en la plataforma, son las evaluaciones estandarizadas (¿cómo se harán, si hay libertad de planes de estudio para cada familia?), cuya mayor transformación será que se hagan públicos los resultados individuales. “Para competir”, fundamentan quienes creen que la desigualdad de oportunidades es una desventaja competitiva que se puede resolver con estrategias de marketing.

Estos puntos dejan en evidencia un claro desconocimiento de la realidad educativa argentina. ¿Qué pasará con las escuelas que no sean “rentables” como las rurales, de barrios periféricos o de frontera? ¿Quién enseñará a los estudiantes donde el “mercado” no lo demande? ¿Quién construirá escuelas si la obra pública está parada? ¿Cómo se enfrentarán la pobreza y la violencia sin el derecho igualitario a la educación?

No hay certezas en un gobierno que a días de asumir aún no puede asegurar su equipo de gestión.

Argentina está sufriendo las deficiencias de un sistema educativo con el que estamos en deuda. Lo poco que sabemos sobre el plan educativo de Milei lleva la expectativa del cambio que la mayoría del electorado le confió a un panorama verdaderamente temerario: tirar abajo una construcción histórica, “que explote todo”, como postulan, echará por tierra, precisamente, las oportunidades de libertad que en teoría defienden.

Los educadores, quienes trabajamos toda la vida en las instituciones educativas y miramos a los ojos la esperanza de construir proyectos de vida que superen la postergación y la injusticia, sabemos que la educación pública, inclusiva y emancipadora no se negocia. Se defiende.


Por Claudia Balagué | Diputada provincial.

Bases, Partido Socialista / Frente Amplio por la Soberanía.

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