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Informe

Los Peaky Blinders de Vía Honda y el gran escape de “Shelby” Escalante

Los narcos rosarinos ya no se miran en el espejo de Pablo Escobar o de Scarface en la interpretación de Al Pacino. Los tiempos cambian y también los modelos: ahora interesan más producciones como Peaky Blinders, la serie de ficción que cuenta el ascenso de una familia mafiosa en Birmingham, Inglaterra. Por lo menos es el caso de Ramiro Gastón Escalante, el cerebro financiero y logístico de la banda de Los Menores, quien adoptó el nombre del protagonista de esa serie, Thomas Shelby, para identificarse en comunicaciones telefónicas.

Protegido con tal apodo, Escalante dirigió un grupo de personas que vendió cocaína en Rosario entre enero y mayo de este año. Los brazos ejecutores habrían sido Lautaro Gabriel Noriega y Héctor Daniel Pregigueiro, los únicos en el grupo que estaban al tanto de su verdadera identidad. Ambos habían sido condenados en diciembre de 2023 a tres años de prisión como partícipes secundarios en la red de narcomenudeo controlada por Dalmacio Saravia en Vía Honda y Villa Banana.

Escalante no dejó ningún detalle librado al azar en el funcionamiento de la organización, según los cargos que presentaron en audiencia los fiscales Matías Scilabra y Santiago Alberdi: “Shelby es quien fija los precios de compra y de venta, decide cuánto se produce, a quién se asigna cada unidad, en qué momento y bajo qué condiciones. (…) Shelby domina todos los aspectos técnicos del proceso productivo: determina qué insumos se compran, en qué cantidades, los tiempos de secado, el embalaje, los sellos y la marca del producto (…). Shelby decide hacia dónde va cada peso y cada dólar: cuánto se guarda, a quién se le paga, con qué montos y en qué secuencia. Noriega es el custodio físico del dinero pero no tiene potestad sobre su destino”.

Noriega fue capturado el 4 de marzo cuando quiso ver qué hacían las Tropas de Operaciones Especiales en el terreno de Roldán donde Los Menores guardaban armas, y el teléfono que le secuestraron abrió la investigación. Habría estado a cargo además de custodiar el armamento enterrado en el lugar, sobre la calle María Teresa al 700, donde la policía llegó gracias a un informante de la Central de Inteligencia y Operaciones Especiales (Ciope).

Escalante se mantiene prófugo desde el 8 de diciembre de 2024, cuando escapó un rato antes que la policía llegara al departamento que alquilaba en el condominio de Vélez Sarsfield y Falucho. Salió tan apurado que dejó una caja fuerte abierta y vacía. La investigación actual tiene indicios de que Thomas Shelby recibe información de al menos un miembro de la Policía Federal.


Conferencia de prensa encabezada por el ministro de Seguridad provincial Pablo Cococcioni; detrás, la imagen de la búsqueda de Escalante y su recompensa

El gobierno provincial mantiene una recompensa millonaria por datos que permitan ubicar a Escalante. Menos visible que el también prófugo Matías Ignacio Gazzani y que el detenido Lisandro Damián Limón Contreras, es sin embargo uno de los organizadores de Los Menores y cuenta con recursos económicos, a diferencia por ejemplo de Andrés Raúl Acosta, integrante de la barra de Central detenido el lunes pasado en la ciudad de Buenos Aires. El Ministerio Público de la Acusación no aclaró si Acosta es efectivamente un miembro relevante de bandas criminales como hace pensar la explotación publicitaria de su captura o si se limitó a prestar un departamento de Rodríguez 1034 para guardar tres fusiles de asalto secuestrados por la Policía de Seguridad Aeroportuaria. 

La investigación en curso de la Procuraduría de Narcocriminalidad acota el misterio del paradero de Escalante: por lo menos hasta el mes de marzo, cuando la Ciope trataba de encontrarlo, Shelby estaba en algún lugar de Rosario o muy cerca de la ciudad, al punto de concertar citas presenciales en el barrio Las Flores o de comentar observaciones que parecen igualmente presenciales sobre la barra brava de Rosario Central.



La gestión de la empresa

Lautaro Noriega era la voz y los oídos de Shelby en la calle, su operador de confianza: “recibe instrucciones directas, evita tomar decisiones autónomas de relevancia y, cuando debe resolver alguna cuestión operativa, procura la validación inmediata de Escalante —acusaron los fiscales—; además, es quien ejecuta, controla e informa el estado del proceso de estiramiento y fraccionamiento de la cocaína”.

Noriega compró una prensa hidráulica de 12 toneladas para compactar la droga y junto con Pregigueiro alquiló temporalmente un departamento en Mendoza 1854 que fue utilizado como depósito de la cocaína. La droga era estirada —uno de los revendedores advirtió que se pasaban con el corte— y fraccionada en panes de un kilo. Al momento de los procedimientos, el 14 de mayo, los investigadores secuestraron 1 kilo 450 gramos de cocaína en un domicilio de Gaboto al 5200 y detuvieron a otras tres personas. El departamento del condominio de Vélez Sarsfield y Falucho funcionó además como punto de entrega y retiro de dinero y mercadería; Escalante fue incluso titular del servicio de internet de ese domicilio hasta ser dado de baja al día siguiente de la detención de Noriega, el 5 de marzo.

Escalante también impartió órdenes para transferir una camioneta Dodge 1500 a nombre de un testaferro y en presunto beneficio de Tamara F., la actual pareja de Contreras, en prisión domiciliaria porque tiene un hijo de nueve meses. “La posición de supremacía de Shelby se verifica también en los episodios de incumplimiento: es él quien juzga, amenaza y ejecuta sanciones sobre los distintos integrantes de la red”, agregaron los investigadores.

Una sucesión de mensajes telefónicos dio cuenta así del fastidio creciente de Escalante con un comprador al que identifica como Paragua: “Hermano no está la plata y que se vaya de Rosario / Re corta se la hago / Y sácale lo que le quedó / Si a las 7 no está la plata y el medio que se vaya de Rosario sencillo / Ya estoy re enojado / Hace tres días viene dando vueltas con eso”, le escribió a Noriega.

El reclamo no tuvo efecto inmediato y Escalante se enojó más: “La plata decile que la quiero ya porque se la lleva a la tumba re corta / Y sacale el medio / Ya está conmigo se cerró la puerta Paragua / Sacale el medio y la plata / A las siete de la tarde no está yo lo cago a tiros”. El otro no atendió una llamada, Escalante repitió las amenazas (“Bueno hermano, fue, si después lo ajustan al Mati no me llames”) y recién entonces se arregló el entuerto: “Ojalá que no me vuelva a fallar porque ahí sí conmigo fue”, escribió Shelby en otro mensaje a Noriega.

En comunicaciones posteriores, Escalante comenta la captura de Paragua (“Lo entregaron”, dice), alude a contactos de Los Menores con fuerzas de seguridad (“nos avisó el que tenemos de la Federal”) y recomienda medidas de seguridad para Noriega y Pregigueiro. Las directivas son “no hablar con nadie”, irse del barrio e incluso cuidarse en el Gigante de Arroyito: “Tratá de ir a la popular de visitante / Porque desde adentro de la cancha nos están sapiando (delatando)”. “Quiero que ustedes dos estén bien limpios amigo / Son los dos que tengo ahí afuera por eso tienen que andar por la sombra”, le encarece a Noriega en otro chat. No dio resultado.



Materias pendientes

Las investigaciones realizadas por la fiscal Georgina Pairola hasta su traslado a la Unidad de Delitos Económicos del Ministerio Público de la Acusación pusieron en primer plano su figura. Con la misma minuciosidad que observan ahora los fiscales de la Procunar, Escalante resolvió entonces cuestiones concretas para asegurar la fuga de Contreras —desde comprar una heladera hasta proveer una caja fuerte idéntica a la que tenía en su departamento de Vélez Sarsfield y Falucho—; se ocupó de asistir a Ornella Di Pietri, entonces pareja de Limón; llevó la contabilidad y administró el dinero de la empresa criminal; proveyó celulares y municiones como usuario de armas registrado en la Anmac (Agencia Nacional de Materiales Controlados); e hizo negocios inmobiliarios ilegales en Roldán, lo que todavía es una investigación pendiente.

Entre la mañana y la tarde del 11 de noviembre de 2024 un grupo de policías de la Unidad de Acciones Especiales siguió a Escalante cuando conducía un auto Audi modelo A 1, acompañado por el expolicía Jonatan Emanuel Garraza. El recorrido fue de la casa de Garraza, en Dean Funes al 3600, hasta la que ocupaba Ornella Di Pietri, en Alippi al 9200; y de ahí hasta Mendoza entre Ángel Justiniano Carranza y Gschwind, donde la policía dio la voz de alto.

Escalante zafó en el momento de la detención, lo mismo que Garraza, pero los policías retuvieron su Iphone 15. El aparato resultó más valioso que el reloj Rolex y las cadenas y pulseras doradas que también le incautaron, ya que de allí surgió abundante información sobre la estructura y las operaciones de Los Menores. Su obsesión por el orden le jugó además en contra, ya que en la guantera del Audi tenía una libreta y anotaciones de puño y letra sobre movimientos de dinero (“depositar 1.200.000 paisa, darle 1.000.000 jony, cobrar al Enano”, entre otras) y un listado de contactos de la aplicación Zangi con sus números de usuarios. En esos papeles apareció también una tal Yuya, igualmente mencionada en la investigación actual y todavía no identificada.

La aplicación Zangi dificulta el rastreo de mensajes porque los datos solo se almacenan en el dispositivo del usuario sin alojarse en ningún servidor y no requiere asociar números de teléfono ni direcciones de correo electrónico. Escalante apareció en ese canal también como Pomelo; Contreras era Agrio; Garraza, Jota. Este expolicía con un opaco destino en la comisaría de Acebal era el frontman de Los Menores con la policía provincial, según la investigación.

Escalante declaró domicilio en calle León Tolstoi 57, Tierra de Sueños 3, Roldán, pero a partir de entonces dejó de ser visto en el barrio. Tiene orden de captura nacional e internacional desde el 8 de diciembre de 2024, lo mismo que Enzo Benítez, otro integrante de Los Menores de bajo perfil.

La nómina de más buscados incluye también a Jesús Maximiliano Eusebio, vinculado a Leandro Vilches y a través de éste con Los Menores. Eusebio logró fugarse con la colaboración de los policías provinciales Leandro Adrián Conde y Alan David Balbi, ambos imputados por encubrimiento agravado y abuso de autoridad. Al margen de este caso puntual, los investigadores señalaron “una importante connivencia policial” verificada en alertas sobre allanamientos. Otra materia pendiente para la causa: si existe una investigación al respecto, se trata de un secreto bien guardado.


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