Por cuatro días, Agroactiva se transformó en la capital económica de la provincia. Una multitud se volcó a las calles de esta ciudad armada en medio del campo y el gobierno santafesino se trasladó prácticamente en pleno a este territorio que sueñan como las Chivilcoy de Sarmiento, un modelo económico “de Santa Fe al país”. En esa clave se hizo política durante la exposición, desde donde asomaron tensiones con el gobierno nacional. Aunque, nuevamente, no se logró armar la foto de los mandatarios de la Región Centro, el despliegue de fierros en el cluster nacional de la maquinaria agrícola también fue un aviso de que el agro pampeano, y su comunidad económica, piensan dar pelea en la nueva geografía productiva que están construyendo la minería y el petróleo, con los subsidios tributarios del Rigi.
Las fábricas de maquinaria agrícola que tienen su capital en la región limítrofe entre Santa Fe y Córdoba no están pasando su mejor momento. El estancamiento de la demanda, la competencia agresiva de importados, la volatilidad de los esquemas de financiamiento y una “estabilidad cambiaria” que fuerza el ajuste con la reducción de márgenes en todo el ecosistema tiene a los empresarios a la defensiva.
“Esta es una de las crisis más severas de la industria porque nunca los importadores tuvieron tantas ventajas”, dijo Orlando Castellani, el histórico industrial de Las Parejas, fundador de Ombú, que vivió los momentos más duros de los 90, la retracción inversora de la post 125, la apertura de Mauricio Macri y más de una sequía histórica.
Mercado pesado
El cambio de reglas económicas que llegó con el presidente Javier Milei fue acompañado al principio por la letanía culposa de muchos industriales nacionales: “Antes despachábamos, no vendíamos”, se martirizaban al recordar que meses antes tenían dificultades para cumplir con los compromisos de venta y para importar componentes frente a una demanda que compraba bienes de cientos de miles de dólares, apalancados en créditos en pesos a tasa negativa, para escapar del “plan platita”.
Hicieron su penitencia. Ya no despachan pero tampoco venden demasiado. Y cuando lo hacen, ponen en juego su stock. “Hoy el mercado está pesado, como desinflado, a pesar de que la cosecha fue buena y de que en las expos hay créditos promocionales”, señaló Eduardo Montes, gerente general de la histórica fábrica Mainero. En un contexto que quiere parecerse a los 90, el precio de los equipos “lo pone el cliente”, subrayó.
El supuesto ordenamiento económico que construye Luis Caputo se traduce en un gran filtro que solo se pasa con ajuste, público y privado. Las fábricas se lanzan a una carrera por reducir costos, en los que todo mango vale su equivalente en oro. La Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria (Cafma) presentó en la muestra una propuesta para neutralizar los saldos técnicos de IVA, a favor “un costo fiscal que se transforma en financiero, que en tiempos de estabilidad se convierte en una mochila importante”, señaló Montes, también integrante de la comisión tributaria de la entidad.
En esta carrera, las empresas multinacionales hacen valer su mayor espalda financiera y productiva. Aunque las más tradicionales tienen plantas en el país, la mayoría saludó la apertura importadora para completar sus portafolios. “Apuntamos a vender entre 100 y 120 equipos autopropulsados al año pero eso se compone de distintas familias, si de una familia solo se venden 10 máquinas, es inviable fabricarla localmente por falta de volumen y capacidad industrial; es como la industria automotriz”, explicó Carlos Palmieri, gerente general de la brasileña Jacto y presidente de la Asociación de Fábricas Argentinas de Transporte y otros equipamientos agrícolas (Afat). La entidad que agrupa a las multis también tiene sus reclamos. El principal, una estructura financiera permanente para apalancar la compra de bienes de capital.

Rueda de auxilio
Como es clásico en las muestras agropecuarias, los bancos desembarcan con ofertas promocionales de crédito. El Banco Nación llevó líneas de hasta 12 % en pesos y 0 % en dólares a cinco años. El Bice mostró su menú de opciones de leasing y de su producto estrella: el valor producto. El Ministerio de Desarrollo Productivo de Santa Fe profundizó los convenios con ocho entidades financieras y el Mercado Argentino de Valores para volcar un paquete financiero con costos que van entre 8 % y 20 %. El cupo fue de 116 mil millones de pesos, que sigue abierto hasta agotarse e involucra a todas las actividades económicas.
“No hay otra provincia que tenga este esquema permanente de subsidio de tasas, eso forma parte de nuestra política contracíclica para ayudar a nuestro sector productivo a atravesar este difícil momento de la economía nacional”, dijo el gobernador Maximiliano Pullaro, que parado en el mayor stand de la expo, estrenó su consigna: “Esta provincia no deja a nadie a pata”.
La línea Maginot contra la malaria consume rápidamente sus recursos crediticios. En el segundo día de la muestra, la demanda de créditos subsidiados ya cubría el 60 %. La mayoría de los pedidos no eran para inversión sino para capital de trabajo. Desde la cartera de Producción lo atribuyeron a una estrategia de desendeudamiento de los empresarios, que reemplazan su mochila financiera con deuda más conveniente. Una rueda de auxilio que extiende las que se anunciaron para deudas salariales y fiscales. “Muchos empresarios nos dicen que gracias a estas líneas subsidiadas pudieron llegar a 2026”, señaló el ministro de Desarrollo Productivo, Gustavo Puccini.


Resistir desde el territorio
Un elogio a esa red de contención llegó de un intendente peronista, Horacio Compagnucci. En cambio, el jefe político de Las Parejas, capital nacional de la pyme agroindustrial, fue duro con el gobierno nacional: “La recaudación cae por la caída de la actividad y cada vez son más los gastos que asumimos porque la Nación cortó todas las transferencias y programas, se sufre acá la falta de un modelo de defensa de la producción nacional”, señaló.
En medio de un cuadro en el que cerraron más de 2.500 empresas de todos los sectores en Santa Fe durante los últimos dos años, el apoyo que garantice cada día de sobrevivencia es clave. Dos firmas protagonistas cuyos trabajadores resistieron esta crisis, Vassalli y el frigorífico Euro, están en vías de encontrar un camino de reactivación a partir de la llegada de nuevos dueños.
Si las bibliotecas se dividen en torno al momento que atraviesa la actividad económica (el gobierno nacional exhibió la suba del Estimador Mensual de Actividad Económica de marzo para promocionar un piso pero el índice de la Bolsa de Santa Fe mostró una caída de 1,1 % interanual en la provincia para el mismo mes), lo cierto es que las actividades ligadas al sector agropecuario son las que están más cerca de sumarse a un repunte.
Un ritual de prosperidad
De eso, precisamente, se trata Agroactiva. La muestra que en el invierno de 2002 anticipó el inicio de una expansión que se extendió por más de una década, oficia también de oráculo al que asisten los gerentes comerciales de las industrias del sector en busca de asegurar su suerte. “Estamos en la época del año en que el productor ya tiene la cosecha y además algo más de tiempo para planificar sus inversiones”, explicó Rosana Nardi, presidenta de la exposición.
Más de 160 millones de toneladas de granos cosechados en el ciclo 2025/26 garantizan un volumen récord de moneda dura del agro. El crédito está más áspero pero allí está y la necesidad de reponer el parque de maquinaria, que tiene más de una década de antigüedad promedio, también. Los precios no son de euforia pero se mantienen estables y, luego, hay una tensión entre el dólar y las retenciones, que en definitiva es una discusión sobre el tipo de cambio. La llave de la reactivación está en las expectativas, que tienen su primer test en la siembra de trigo que comenzó hace pocas semanas.
Campaña muy fina
La campaña triguera arrancó con buenos perfiles de humedad pero un problema de costos derivados del aumento de los fertilizantes. El conflicto de Medio Oriente disparó el precio de la urea y modificó a la baja la intención de siembra. El cultivo viene de una cosecha récord, pero las principales Bolsas recortaron levemente las estimaciones de superficie a cubrir pero en mayor medida las proyecciones de producción, por una menor incorporación de tecnología.
El secretario de Agricultura de Santa Fe, Ignacio Mántaras, se inclinó durante Agroactiva a pensar que los productores sembrarán trigo para aprovechar la humedad del suelo y la caja chica de fin de año. Desde Agricultores Federados Argentinos (AFA), su presidente, Darío Marinozzi, sorprendió con una estimación de reducción de siembra de entre 15 % y 20 %, mucho más profunda que las proyectadas por las Bolsas.
AFA, la cooperativa primaria más importante del país, tiene una capilaridad única en la región productiva central. En la exposición de Armstrong es el jugador más fuerte. No solo organiza los principales remates ganaderos, que volvieron a dar cuenta de la expansión del sector, sino que es la mayor proveedora de anuncios de inversión.


Inversiones, política y biocombustibles
Su proyecto más próximo es el de la construcción de una fábrica de bioetanol, que demandará un desembolso de 150 millones de dólares. La industria de los biocombustibles nació y se desarrolló por la ley que impulsó Néstor Kirchner pero en los últimos años el mercado entró en un pantano a raíz de sucesivas modificaciones a esa norma y a una disputa más feroz entre los actores del negocio por el mercado interno.
Para la cooperativa, un cambio normativo que aumente el porcentaje de corte y libere precios y cupos es condición necesaria para avanzar con la iniciativa, sobre cuya redacción se desplegó una intensa diplomacia secreta de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.
Entusiasmados, sus directivos concurrieron la semana pasada a la convocatoria que les llegó de la Casa Rosada, por parte de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, para hablar del proyecto. Pese a que había también legisladores, los funcionarios mostraron menos interés en la discusión del marco regulatorio del sector que en el motivo de los contactos que habían tratado de tener los cooperativistas con la senadora Patricia Bullrich.
La hoy referente de una de las líneas internas del oficialismo nacional es autora de un proyecto para modificar la ley de biocombustibles, que comenzó a discutirse esta semana en el Congreso. La iniciativa atrajo la atención del sector privado y también del público, ya que un equipo del gobierno de Santa Fe llevó a las mesas de discusión una serie de propuestas para incorporar a la iniciativa libertaria, fundamentalmente orientadas a buscar un equilibrio entre las productoras integradas y no integradas del segmento del biodiesel.
El negocio de la bioenergía es una de las cartas que la Región Centro juega en la mesa de arena de la nueva geografía productiva, atravesada por el dilema de la competencia y la colaboración con las provincias mineras y petroleras. No es una tenida deportiva. Es la diferencia entre los beneficios del Rigi o la carga de las retenciones, o entre el gasoducto patagónico y las obras en la hidrovía, que el jueves por la noche fue preadjudicada a su “operadora permanente” Jan De Nul, con el blindaje político de una guardia pretoriana de corporaciones agroexportadoras.
Economía y regiones
Este nuevo mapa productivo fue analizado con profundidad durante un conversatorio realizado en el Concejo Municipal a modo de homenaje por los 30 años del Instituto de Desarrollo Regional (IDR) que fundó y conduce Juan Venesia. El propio titular del instituto, quien invitó a pensar el desarrollo de la región “en clave de una capital”, fue orador central, junto a la presidenta del cuerpo, María Eugenia Schmuck, quien formó parte del IDR, y la concejala Norma López.
Pero el invitado por el instituto fue Fabio Quetglas, director de la maestría de ciudades de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y uno de los principales estudiosos de la dinámica “socio – territorial” de la Argentina. Desde ese lugar viene advirtiendo sobre la tensión que el nuevo mapa regional viene poniendo al Estado federal.
“Hay un cambio fenomenal con el crecimiento de las regiones ligadas a la minería y la energía y el régimen de incentivos armado para ellas, estamos cambiando un modelo de metropolización fallida de base industrial por otro modelo de metropolización de baja planificación, que es el de las ciudades Rigi”, alertó durante su exposición en Rosario.
El riesgo de desequilibrios territoriales, que lleva a otros peligros en un contexto en el que la geopolítica global también es subnacional, se acrecienta porque Argentina “no tiene un diseño institucional para capturar los excedentes de las actividades extractivas y distribuirlas” para asegurar ese equilibrio. Y subrayó: “Fuimos muy abusivos para capturar la renta agraria pero no tenemos ninguna herramienta para capturar la renta de los nuevos sectores”.
El desafío se suma a otros que planteó al panel, como el de la “catástrofe demográfica” que trae como consecuencia la baja de la natalidad, y que implica la necesidad de “pensar en una política migratoria”; la “fragilidad metropolitana”; la necesidad de reinventar el Mercosur para “no ir a pelo descubierto al nuevo escenario internacional”, y la deuda de infraestructura. Todo atravesado por una fragmentación política que “marcha hacia un escenario como el de Brasil en los 80 y 90, en el que cada Estado tenía su sistema político”.



































