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Agrofuturo: tecnofierros, drones y robots para un nuevo campo argentino

Entre enero y marzo las ventas de maquinaria agrícola a nivel nacional registraron una facturación de 25.278 millones de pesos. Se trata de un crecimiento interanual del 37,5 por ciento impulsado por las mayores cantidades vendidas y el aumento de los precios en un contexto de campaña gruesa con mayor superficie sembrada de soja, maní y arroz, créditos a tasas subsidiadas y sustitución de importaciones por producción nacional. Es uno de los motores de la economía santafesina que en marzo aumentó un 14 por ciento interanual y tuvo un acumulado trimestral del 5,2 por ciento.

El alza de los commodities puso a las fábricas frente a un 2021 con toda la producción anual vendida, lo que incentivó un proceso de inversiones para incorporar o modernizar equipos, readecuar la organización y diversificarse. Santa Fe cuenta con polos de fabricación muy dinámicos entre Armstrong y Las Parejas. En la Argentina hay más de 1.200 empresas y la provincia concentra alrededor del 45 por ciento de las plantas. Casi la totalidad son de capital nacional y un 86 por ciento son empresas de origen familiar.

La producción de maquinaria agrícola y agropartes se despliega en 17 de los 19 departamentos provinciales, con el corazón entre Belgrano, General López y Rosario. De las 533 fábricas santafesinas, solo el 20 por ciento exporta. La actividad está muy ligada a la evolución de la producción local con una larga tradición de avances tecnológicos y profesionalización. Considerando la red de proveedores, prestadores de servicios, repuesteros y concesionarios, el sector genera empleos para más de 80 mil personas.

A los desembolsos para ampliación de superficie y capacidades se suman nuevos equipos robotizados y transformaciones organizacionales para adecuarse a un panorama que implica constantes desafíos de adaptación. El gran impulso de la fabricación de acoplados, tolvas, silos y secadoras, máquinas de embolsado y extracción de granos, cosechadoras, tractores, fertilizadoras y sembradoras, se dio en sincronía con la expansión de la siembra directa, la introducción de la biotecnología y los nuevos fitosanitarios, que alteraron la dinámica productiva y crearon un nuevo mapa a partir del salto en volúmenes y eficiencia.

La producción de maquinaria agrícola se despliega en 17 de los 19 departamentos de la provincia, con el corazón entre Belgrano, General López y Rosario. La red de proveedores, prestadores de servicios, repuesteros y concesionarios genera más de 80 mil empleos

El pico de producción y ventas se dio en 2007, con un descenso provocado por la crisis de 2008-2009, un repunte hasta 2012 y una nueva caída hasta 2016. El nuevo pico se dio en 2017, con la recuperación de la producción de maíz y trigo. Pero las buenas expectativas se desplomaron en 2018, cuando a la sequía se le sumó el comienzo de la crisis de la que recién en los últimos meses se logró revertir sus efectos más drásticos. Una mayor demanda interna arrastrada por los buenos precios internacionales, la presión de la brecha cambiaria y tasas de interés reales en niveles bajos favorecieron un proceso de capitalización a través de la compra de maquinaria. El patentamiento repuntó en junio del 2020 hasta principios de este año, cuando se estancó como el resto de la economía.

Tecnofierros

En Las Parejas se encuentra el Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico Regional (CIDETER), un espacio de investigación y desarrollo donde se incuban tecnologías avanzadas con aplicaciones agropecuarias a través de la combinación de saberes e innovaciones con el objetivo de configurar una red de proveedores locales en la nueva matriz industrial del siglo XXI. Es un polo geográfico desde donde se intenta superar la vieja antinomia entre campo e industria al ensamblar conocimientos y tecnologías para insertarse en los mercados con soluciones concretas para la producción.

En las intersecciones de ese territorio de exploración científica y mejoramiento productivo se dio a luz a una de las figuras centrales del nuevo campo argentino: el contratista. Con funciones de articulador entre las diversas instancias que intervienen en las cadenas productivas. Sin origen patricio ni terrateniente, es el gran sujeto agrario del siglo XXI, eje de un nuevo modelo de negocios que modificó la organización de la actividad en la pampa húmeda. La base de negocios por contrato, tercerización, arrendamientos y mejoras técnicas, produjeron una gran movilización de capital que se orientó a la adquisición de maquinaria y permitió nuevas articulaciones en el núcleo productivo nacional.

El contratista es el dueño de los fierros, un emprendedor que puede o no dedicarse a la producción, puede o no tener tierras propias, pero ejerce un rol determinante para que las semillas se entierren, los frutos florezcan y se recojan en tiempo y forma. Es la base de la amplísima gama de servicios que trazan un nuevo espectro para el agro argentino y donde la maquinaria se enlaza al saber técnico y al desarrollo tecnológico cuya parábola va desde lo netamente agronómico hasta la comercialización. Las tensiones políticas entre una franja del sector y el actual gobierno se caracterizan por obviar las particularidades de estos jugadores que hacen el día a día de la actividad.

La búsqueda de mayor eficiencia, menor impacto ambiental e incremento productivo, implica una tensión permanente por la innovación, lo que supone administrar más y mejor información. En CIDETER realizan modelizaciones que permiten optimizar la experimentación y avanzar hacia la estandarización de los procesos y productos, una regla de verificación que sirve como reserva científica para cualquier perspectiva de desarrollo productivo. Los modelos puestos a prueba son llevados a la realidad a través de una impresora 3D, lo que evita fabricar las piezas hasta no tener la adecuada. Es un caso de cómo las firmas locales se adecuan a los mayores niveles de demanda y complejidad tecnológica de los componentes.

El contratista es el dueño de los fierros, un emprendedor que puede o no dedicarse a la producción, puede o no tener tierras propias, pero ejerce un rol determinante para que las semillas se entierren, los frutos florezcan y se recojan en tiempo y forma

Las fluctuaciones del mercado interno y la verticalización de las tareas son parte de los obstáculos que se encuentran. A la vez, la gran cantidad de fabricantes de baja escala de producción, eleva los costos. Una de las principales expectativas está puesta en el sector ganadero, con el aumento de la demanda de maquinarias para corte, almacenaje, forraje conservador, acondicionado, producción de balanceados, manejo de efluentes o producción de bioenergía. En CIDETER alientan la visión de un futuro próximo con collares sensorizados para ganado que permitan un control remoto de los animales y máquinas robotizadas programadas y asistidas mediante softwares y gestionadas en plataformas web.

Los procesos innovativos derivados de la agricultura de precisión están basados en el análisis, el estudio y el uso detallado de los suelos mediante imágenes satelitales, sensores y gestión de datos. Es una era de convergencia tecnológica que exalta las ambiciones tecnocráticas de algunos y las precauciones tecnófobas de otros. El solo hecho de pensar en tractores autónomos, drones y robots cultivando que prescindan de la intervención humana con un único imperativo de productividad y rentabilidad, suena aterrador para el horizonte del trabajo en la agroindustria. Sin embargo, en eso radica, también, el potencial de la economía del conocimiento que subyace al ideal de plataforma de servicios integrados.

Los avances tecnológicos y la evolución de las nuevas modalidades de producción y organización económica no solo llegan, sino que surgen del campo argentino. La maquinaria agrícola estará cada vez más especializada en aspectos de automatismo, sensorización y robótica, al mismo tiempo que tendrán una relación de menor impacto dañino con el ambiente al basarse en bioenergía. Renegar de la realidad global parece tan absurdo como plegarse fanáticamente a un tecnoevolucionismo que desconoce toda particularidad local, condición humana y existencia comunitaria. Esas son las ambivalencias y riesgos que deben ser asumidos y conducidos por las políticas públicas, más allá de las rispideces de la política. El desafío no solo es saber qué hacer, sino ser capaces de hacerlo.

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Autor

  • Hace periodismo desde los 16 años. Fue redactor del periódico agrario SURsuelo y trabajó en diversos medios regionales y nacionales. En Instagram: @lpaulinovich.

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