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Política

Barletta y Corral, instrucciones para entender el encono entre dos ex socios exitosos del radicalismo santafesino

Los dos son incuestionablemente radicales con orígenes y recorrido en la Universidad Nacional del Litoral, ambos adhirieron a Cambiemos y también respaldaron sin especulaciones la presidencia de Mauricio Macri. Y lo hicieron desde los espacios de poder que obtuvieron por méritos personales o colectivos. Ambos saben lo que es ser el presidente del Comité Nacional de la UCR y los dos lograron ser intendentes de la ciudad de Santa Fe. Sus gestiones dejaron huellas bajo el signo de la continuidad pero un día rompieron lanzas, definitivamente.

Una primera clave para entender la pelea entre Mario Barletta y José Corral: no deben leerse las disputas de poder entre radicales bajo los conceptos de las apasionantes jefaturas personalistas del peronismo. Y tampoco es bueno razonar en términos meramente personales los hechos políticos, aunque las consideraciones políticas sobre con quiénes unirse en un proyecto muchas veces contengan apellidos… Por ejemplo, hoy desde el Frente Progresista, la simbiosis de tantos años entre radicales frentistas y socialistas en la antesala de su interna dice, casi por unanimidad: “con Corral, no; con Barletta, puede ser”. Se trata de entender por qué se llegó a ese límite.

En el amplio espectro —muchas veces plagado de contradicciones— del llamado “no peronismo santafesino” el límite no es Macri (o haberlo apoyado), sino esa construcción, hoy identificada con Sembrar, dentro del radicalismo que encabeza el ex intendente de Santa Fe, que presidió el radicalismo a nivel nacional tras el temprano retiro de Ernesto Sanz de la vida política nacional y que tenía línea directa con Macri. En pocos años, logró posicionarse en los planos más altos a nivel provincial.

Sin puentes

Barletta y Corral no pueden hoy torcer las cosas aunque lo quieran, simplemente con un gesto, como parece ocurrir sin tantas complicaciones de archivo con la unidad del PJ, cada vez que es necesaria para ganar. No bastaría con un abrazo entre los dos ex intendentes radicales de la ciudad del Puente Colgante para unir las dos orillas del radicalismo cambiemista de la capital provincial. Para los sectores a los que ambos pertenecen —o que expresan— no hay hoy cómo borrar lo ocurrido, lo que los separa en sus proyectos políticos.

De hecho, “a Mario y a José” se los ha visto conversar amablemente, ahora desde el llano, en la Plaza 25 de Mayo en las últimas manifestaciones de la UCR santafesina a favor de la plena vuelta a las aulas de las clases. Sólo que el único que pagará los costos de esa posición —literalmente en pesos— es Barletta. Al ex rector de la UNL le cobrarán un millón por las costas del juicio, si en segunda instancia no se revierte al menos esa parte de su fallido reclamo en nombre del derecho a la educación. ¿Habrá calculado ese precio el ex embajador argentino en el Uruguay cuando se presentó a Tribunales? Una cosa es segura: Corral sí lo hubiera hecho, y no tanto por los pesos como por los resultados en términos de poder. O al menos eso se puede suponer.

Todos los dirigentes políticos necesitan ser buenos tiempistas. Saber elegir su momento y advertir cuál es el de los demás. En la ciudad de Santa Fe, dentro y fuera de la UCR, nadie duda de la calidad del primer intendente reelecto en la historia democrática reciente para leer los misteriosos relojes de la actividad política, las tendencias cambiantes y las oportunidades, si es posible antes de que se presenten. De Corral, con el diario del lunes, se admira y se odia esa cualidad. Otra clave: se habla más de él que de Barletta cuando se pregunta por la relación entre ambos.

En el secundario Corral fue presidente del centro de estudiantes del Brown, y poco después secretario general de la Federación Universitaria del Litoral en tiempos de manifestaciones de Franja Morada para resistir el avance del justicialismo sobre la gratuidad de la educación pública, en tiempo de Carlos Menem.

De la militancia estudiantil pasó a un adecuado perfil académico como Secretario de Extensión Universitaria. En 2011 no necesitó haber sido rector de la UNL para ser el candidato a intendente “de Barletta”. Y de allí, a su propio espacio sin sus anteriores compañeros de ruta del Grupo Universidad.

Uno de sus detractores, también radical pero “nunca macrista”, dijo a Suma Política que su enojo con Corral no proviene de sus posiciones políticas, sino de “la calidad de José” para crecer en base a entender antes que los demás “con qué direcciones soplaría el viento”. Algo así habrá sentido Sarmiento por Facundo, dijo el confidente, que también escribe y reflexiona casi desde cierto exilio. “A todos los que le podíamos hacer sombra nos hizo a un lado”, lamenta otro. “Sombra terrible”, podría haber bromeado el periodista que revisó a los costados de ambos.

Desde los radicales que se incorporaron al equipo de Corral, por el contrario, se pondera muy especialmente que su irrupción, su propio brillo, abrió las puertas a la renovación del radicalismo y la incorporación de más cuadros, algunos desde afuera de la UCR o incluso ajenos a la UNL. Ahora son parte de la vida política de la ciudad y de la provincia.

La renovación generacional de dirigentes se produjo con costos duros. Uno a uno cuando fue el turno de Corral fueron quedando afuera del círculo de las decisiones apellidos que durante años habían nutrido al radicalismo en el Concejo Municipal: Darío Boscarol, Jorge Henn, Leonardo Simoniello, Hugo Marcucci y Julio Schneider, además de Barletta, ya no eran consultados. Contaba más la relación con la Casa Rosada.

Retrospectiva

Del rectorado de la UNL ubicado sobre el bulevar Pellegrini al edificio de calle Salta del municipio santafesino hay unas 15 cuadras, pero no ha sido un camino fácil para los radicales: intentaron recorrerlo sin suerte con Hugo Storero, y recién con la ola que hizo Hermes Binner como candidato a gobernador en 2007 (y una inusual división del peronismo) Mario Barletta fue intendente entre  2007 y 2011. Pero la ciudad supo de más nombres vinculados a la municipalidad y sumados a la vida política desde que Corral fue intendente, en dos períodos, de 2011 a 2019. “Hizo corralismo”, lo acusan los universitarios. Mientras, a la vieja guardia se la señala aún hoy por haberse especializado en ser opositora del peronismo gobernante, muchas veces incluso cómoda con esa situación que se consolidó durante décadas.

Si de algo no puede acusarse a Corral es de carecer de vocación de poder, algo que al radicalismo santafesino derrotado tantas veces, hasta 2007, se le ha reprochado. Ganó Barletta en ese año y Corral fue su mano derecha y parecía que la dupla no se quebraría. Era su estrecho colaborador desde los tiempos del rectorado, pero Corral tenía su propio proyecto político personal.

Desde antes de que José dejara de ser el secretario de Gobierno de Mario Barletta para encabezar la lista de candidatos a concejales, en 2009, ya se hablaba de la rana y el escorpión, una simplificación que no explica lo que sucedió. O al menos no por completo.

Otros batracios comieron franjistas y dirigentes del Comité Provincial de calle Rivadavia cuando se cumplió el centenario de la Reforma Universitaria del 18. Confrontados con la historia radical de luchas contra conservadores, hubo quienes se preguntaron cómo es que seguían bajo el rol de respaldar a un gobierno de centro o de centro derecha que se encaminaba a la derrota y que poca participación política le dejaba a la UCR. En eso no hubo diferencias entre Mario y José. Jugaron a fondo por Cambiemos. Sin embargo, el primero siempre puso por delante sus compromisos partidarios con otros dirigentes  santafesinos, en lugar de la búsqueda de la satisfacción de los gustos del entonces jefe de Gabinete, Marcos Peña.

Los años felices

Si en los municipios santafesinos existiera el cargo de vice intendente ese hubiera sido el de Corral durante la gestión de Barletta. Eran figuras indisolubles de cada acto y están juntos en infinidad de fotografías desde mucho antes de aquella campaña electoral de 2007 que puso a la UCR en la municipalidad, hasta 2017. Luego pasaron más de dos años sin que hayan sido fotografiados juntos. Recién ocurrió en 2020 para cuando las derrotas electorales de Cambiemos los habían alcanzado a los dos.

Las fotos de los tiempos universitarios los muestran más circunspectos en funciones académicas, sonrientes en las de las campañas electorales y ante los cortes de cintas de la gestión Barletta, que le dejó la ciudad con problemas de caja pero no pocos temas resueltos a Corral.

De los últimos dos años hay fotos de gran mérito, de las pocas veces en que los reporteros gráficos santafesinos los pescaron en algún cruce casual.  Se adivinan desconfianzas, tras sus gestos duros. 

La pelea por la CAP

A Corral la Epe administrada por Miguel Lifschitz le dio un discurso, con la Cuota de Alumbrado Público que dejó de pagar e hizo bramar al socialismo y obligar a definirse a los radicales frentistas. Pero lo notable es que en su segunda gestión como intendente —con fondos que le enviaba la Nación y otros que la Provincia ya había comprometido por el “Acuerdo Capital”— Corral lograba diferenciarse del FPCyS constantemente, hasta romperlo luego de haber sido electo por esa alianza. Entre 2015 y 2017 fue el presidente de la UCR a nivel nacional que necesitaba Mauricio Macri.

Ahora se lo ve más bien callado respecto del gobierno provincial. Generalmente sus dardos apuntan a la situación nacional. Los radicales que no lo quieren dicen que uno de sus hombres de confianza, quien le maneja los números en Sembrar, es funcionario de Omar Perotti. Da que hablar la designación de Marcelo Luis Gastaldi como miembro de la Comisión Liquidadora y Fiscalizadora del Banco de Santa Fe SAPEM, el banco residual de la privatización de los 90. Allí también está el ex diputado Sergio Más Varela, hombre de confianza del concejal rosarino de Cambiemos, Roy López Molina.

Desde los que defienden el juego de Corral de bancar a nuevas figuras —aún en la derrota— piensan sin medias tintas que su construcción, su liderazgo, va a camino de consolidarse. Que simplemente para ganar la provincia le falta alguna campaña provincial más sobre el lomo, como pasó con Perotti que parecía una figura extraña para el peronismo santafesino.

Se recuerda que Corral se adelantó a otros y logró una fuerte presencia de mujeres a la hora de tomar decisiones. No necesitó del cupo para que lo hubiera en su gabinete y en sus equipos. Hoy ellas son casi la mayoría.

Tendencias

Hoy a José Corral se lo ve más cerca de Patricia Bullrich. En cambio, los dirigentes del Grupo Universidad y otros radicales frentistas buscan reconstruir el “no peronismo” con sus correligionarios de Cambiemos y con el Frente Progresista; imaginan un esquema abierto como el de Martín Lousteau en capital federal y con Miguel Lifschitz otra vez candidato “de arrastre” para una boleta sábana corta, en la que además de un nombre fuerte para el Senado de la Nación importan los primeros cinco lugares de la lista de diputados nacionales.

Ese día, aquel otro

Las declaraciones se publicaron el mismo día. El 18 de marzo de 2018 y fueron particularmente graciosas por su coincidente giro.

Como si se tratara de una cuestión de vocaciones personales, dos dirigentes políticos radicales de Cambiemos salieron a decir con apenas unas horas de diferencia: “A mí me gustaría ser…”. El diputado nacional Albor Cantard proclamó su aspiración de ser (como otros ex rectores de la UNL) intendente de Santa Fe. Y el por entonces embajador argentino en el Uruguay, Mario Barletta, que ya fue lo uno y lo otro, que le gustaría volver a intentar ser lo que no pudo en dos oportunidades: gobernador de Santa Fe.

Hablaba Cantard y se sabía que contaba con el respaldo de Corral, además de alguna indicación para que lo dijera. Barletta, en cambio, le hablaba a Corral que finalmente sí se anotó en esa carrera y quedó tercero.

Barletta se había tomado un largo año para devolverle a Corral la estocada de 2017, cuando fue privado de encabezar la lista de candidatos a diputados nacionales por Cambiemos en Santa Fe. Entre el entonces intendente Corral que presidía la UCR nacional y la Casa Rosada, más las presiones de los dirigentes del Pro en la provincia, se decidió que el desconocido Cantard se calzara la camisa celeste y fuera el primer candidato. Lo cierto es que ganó —ola amarilla mediante— y a Barletta se le consiguió la representación diplomática en el país vecino. La declaración permitió entender que no se podría más volver atrás.

Quien pregunte por la pelea de Mario y José verá que unos ponen 2017 y la puja por el primer lugar de la lista de diputados nacionales como una bisagra, y que otros plantean 2018 y aquella declaración de guerra de un Barletta embriagado por el sabor de la venganza.

En las huestes de Corral se dice que si la UCR santafesina insistía con su antecesor en el municipio, la bendición presidencial hubiera quedado para un candidato del Pro dispuesto a ir a una interna. El Grupo Universidad, en cambio, no cree en esa explicación.

Salud

También en 2018 alguien notó en el Paraninfo cuando se eligieron las nuevas autoridades de la UNL, “no vino Mario”, y se equivocó más tarde al brindar íntimamente por ello. Hoy repite “no nos hace bien esta ruptura pero tampoco es algo que nos tomemos en serio”, tras aquel anuncio de Barletta que sepultó cualquier intento de reconciliación.

Hoy el rector de la UNL es Enrique Mamarella, ex presidente del Centro de Estudiantes de Ingeniería Química y con los años decano de esa Facultad. Tiene un prolijo perfil académico en cargos de la UNL y como investigador. No se involucra en asuntos partidarios y antes del rectorado fue el presidente del Directorio del Parque Tecnológico del Litoral Centro SAPEM, que creó otro rector, también ingeniero, Mario Barletta.

“Hasta 2007 yo era un bicho de universidad. Ese año se le ocurrió a alguna muchachada convencerme para que fuera candidato a intendente. Pero sí tengo una vocación muy fuerte por la política, tanto como con la educación, que es la herramienta para el crecimiento”, dijo Mario en 2018. Entre aquella muchachada estaba José.

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