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Política

Del primer intento en 2008 a la sanción: “Hay una sociedad que esperaba esto”

“Me encanta hablar de esto con la ley adentro”, dice Silvia Augsburger por teléfono apenas unas horas después de la aprobación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Fue la primera diputada que presentó en el Congreso nacional el proyecto formulado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en 2008. Y fue también una de las primeras integrantes de la Campaña en Rosario en 2005. Hoy repasa qué movimientos de piezas hubo desde esa primera presentación hasta la reciente legalización.

Militante del Partido Socialista desde su época de estudiante, habla de las fortalezas en el modo de construcción política de los feminismos en las últimas décadas y el salto popular que se dio a partir de 2015. Piensa que sería interesante que se imiten la pluralidad, diversidad y la construcción de alianzas estratégicas para llevar adelante otras causas urgentes, como una reforma tributaria o aquellas que tienen como eje al medio ambiente e intentan evitar que el país se convierta en un espacio de negocios de recursos naturales. Pero así como resalta no haber caído en representaciones personalistas, en que la identificación de las más jóvenes sea con el pañuelo verde, valora la importancia de contar con los instrumentos tradicionales de la política y el Estado para conquistar un derecho que anhelaba una gran mayoría.



—¿Cómo viviste la votación?

—Con una norme emoción, todavía no nos recuperamos de la alegría. No lo podemos creer aunque sabíamos que el resultado iba a ser favorable. No imaginamos una diferencia tan grande y eso es muy bueno para la consolidación de la ley y el proceso que viene hacia delante. La pandemia nos dejó algo positivo. Yo personalmente estuve en Rosario, pudimos abrazarnos con las compañeras que todos los días militamos esto. En ese sentido fue una noche emocionante, muy linda. Estuve en la plaza San Martín desde las 10 de la mañana que armamos los gazebos de la Campaña, tuneamos la plaza. Nuestra idea era armarla y que esté lista a las 14 hs y a las 16 hs con el inicio de la sesión ya estuviéramos ahí haciendo el aguante a la previa. Hizo mucho calor pero comparado con las jornadas del 2018 el clima fue benigno, porque aquella vez hizo mucho frío en junio y hubo una tormenta en agosto. Estuvo re lindo.

—¿Cuáles eran tus expectativas antes de la votación?

—A mí me pasó algo y es que todo este año estuve confiada en que iba a ser ley. Hubo un momento en que la pandemia se extendía más de lo que esperábamos y lo pusimos en duda, pero siempre tuve la certeza de que el gobierno nacional iba a cumplir su promesa, entendía que la política tenía la necesidad de cumplir el compromiso de campaña y el asumido el 1° de marzo. Y esta diferencia que tuvimos a favor y no tuvimos en 2018 donde hubo un oficialismo que abrió el debate pero trabajó todo el tiempo en contra, acá fue totalmente diferente. Además la Campaña, desde el rechazo de la ley en Congreso en 2018, nunca paró de trabajar. Sentimos ese 2018 como un paso, no como una derrota y seguimos trabajando en la despenalización social y eso se vio en estos dos años. Lo percibimos también esta mañana con los bocinazos en la plaza donde saludaban la aprobación de la ley. Hay una sociedad que esperaba este resultado y eso se debe a la fuerza que hubo para que salga. Siempre estuvimos en la plaza, si hoy tenemos ley es producto de la calle y la marea.

—¿Qué revirtió la postura del Congreso de 2018 a 2020?

—La clave fue sostener en el primer lugar de la agenda legalizar el aborto. Que no desapareciera de la agenda, que era el objetivo de la reacción celeste, y eso con la Campaña lo logramos aún en tiempos de pandemia. Se logró mucho más porque justo la Campaña cumplía 15 años y eso permitió, al no debatirse la ley al inicio de año, trabajar la historia de la Campaña. Recuperamos su historia y fue muy interesante para las nuevas generaciones, para esa marea verde que se incorporó desde el 2015 hasta ahora.  La recuperación de esa historia consolidó todo este proceso. Además la Campaña supo administrar muy bien, muy bien, las tensiones internas. En los años que tengo de hacer política en Argentina ha demostrado una construcción digna de imitar para avanzar en otras causas justas. Esa pluralidad, diversidad y forma de administrar las tensiones, con los distintos gobiernos, fue muy importante. Y, sobre todo, lo más importante fue la no personalización de las causas. Éste es el gran éxito de la campaña. La identificación con el pañuelo verde y no con una persona. Quizás si hubiera sido a través de una persona el proceso se hubiera interrumpido. La no personalización permitió la continuidad durante 15 años y que las generaciones de jóvenes se identifiquen con el pañuelo y militen la ley.



—Se concretó un punto de esta lucha, ¿cómo sigue?

—Sigue porque hay una fuerza feminista que no para. La legalización del aborto es un mojón que sigue con la construcción de un mundo con más igualdad. Las generaciones que vienen detrás tienen una subjetividad totalmente diferente a la construida en estos tiempos de libertad, autonomía, de no aguantar o no bancarse los estereotipos ni los condicionamientos sociales que el patriarcado impone a las mujeres y que no están dispuestas seguir tolerando. Pero la agenda sigue. El mismo proceso pero con más fuerza ocurrió con la ley de matrimonio igualitario, quizás lo menos importante era que las personas se pudieran casar en el sentido de que lo más importante fue que el Estado dijo: está mal discriminar, hasta acá llegamos. Hoy no se puede discriminar por la orientación sexual y la ley permitió también la salida del armario de muchas personas que hasta ese momento estaban ocultas. La legalización es un mojón pero no es lo más importante para las que vienen: para ellas es la fuerza de saber que es posible luchar por un mundo donde el sexo no sea una situación de discriminación social o desigualdad social y van por eso. Tengo la convicción de que se va a concretar: el patriarcado se va a caer y Argentina está liderando esa fuerza de los feminismos en el mundo.

—Fuiste la primera en presentar el proyecto de la Campaña en el Congreso, ¿qué recordás de ese momento?

—En 2008 presentamos por primera vez con la firma de diputadas al proyecto de la Campaña. Ya en 2007 lo habíamos presentado en mesa de entradas pero había sido testimonial, al no ser levantado por un legislador. En ese momento, las pocas feministas que estábamos en el Congreso propusimos al núcleo de la Campaña hacer el esfuerzo de juntar firmas y presentarlo. Ahí se inicia todo este proceso donde cada dos años lo íbamos presentando cada vez con más firmas y empieza el proceso de cabildeo: las asesoras y legisladoras que estaban ahí empezaron con ese lobby para saber qué pensaba cada diputado y diputada, y tuvimos cada vez más firmas hasta llegar finalmente al debate con los votos verdes en 2018.

Me acuerdo del debate de ese momento, en el 2008. Yo vengo de la política y fue desde ese lugar que fui abrazando las causas del feminismo, a diferencia de otras feministas donde vienen grupos de feminismos autónomos muy separados de los espacios de representación en el Estado, y muy alejadas de los partidos políticos porque los partidos no expresaban a los inicios de la democracia ninguna de las demandas feministas, y no se sentían con ganas de militar en esos partidos. Sus agendas no incluían la demandas del feminismo.

Yo sentía una distancia importante y sentía que era necesario un encuentro mayor. Siempre me gusta contar una anécdota de que cuando en 2005 la Campaña hace su primera acción federal y juntamos firmas en todo el país y las presentamos en el Congreso el 25 de noviembre, las llevamos en cajas con firmas de cada ciudad. Las feministas autónomas más históricas dijeron: no acá no, las diputadas no tienen nada que ver, desde la Campaña somos las que juntamos estas firmas…  Pero si queremos que el Congreso discuta la legalización, ¿cómo vamos a hacer? pensaba yo. Era medio irracional ese desencuentro y creo que el encuentro se empieza a construir con la presentación en 2008 del primer proyecto de la Campaña donde se toma la demanda y la importancia de intervenir en el Congreso para que esa demanda se incorpore. Recuerdo la inmensa soledad que sentíamos, me gusta comparar las fotos de una conferencia de prensa del 2008 y la del 2018 en la presentación del proyecto. La diferencia de la soledad de la primera foto y la inmensa cantidad de mujeres en el 2018.

—¿En el medio qué pasó?

—Hubo un trabajo constante, coherente, consecuente en esa red federal que mostró una construcción totalmente distinta a las construcciones políticas a las que estamos acostumbradas. Primero por la pluralidad y diversidad de voces, por la forma horizontal de definir y tomar decisiones. Cada decisión que toma la Campaña se toma en plenaria, en asamblea. El proyecto de 2018 es debatido en un plenario, tiene un trabajo federal que fue discutido en todas las ciudades donde funciona la Campaña en un estado casi de democracia directa. Es impresionante. E insisto en la importancia de que no haya habido nombres o referentes porque la identificación de cada una es con el pañuelo verde. Eso es pertenecer a la Campaña y no seguir a una referente, es una forma de construir política muy distinta en Argentina donde hoy hay referentes que tienen más o menos gente que los acompaña, que prácticamente toman decisiones personas que van a votar o presentar proyectos y sus posturas definen. Los partidos políticos han perdido esa fuerza que tenían en los siglos XIX y XX. Esta construcción de la Campaña me parece muy interesante para vencer las resistencias, porque tiene una continuidad que no le pueden dar otras formas de construir. El éxito es que generamos la identificación con el pañuelo verde y la administración de las tensiones en los distintos procesos políticos, sin romper.



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