La reunión se hizo viral en redes por una explicación del presidente Javier Milei sobre el mayor consumo de huevos en el desayuno y cómo eso perjudica a los fabricantes de mermelada. Pero el comentario, atribuido al consultor Salvador Di Stefano, puede llevar oculto un guiño cómplice del primer mandatario argentino en favor del economista rosarino, con quien comparte encuentros, charlas y hasta presentaciones de libros, porque lo hizo en el marco de la cena anual de la Fundación Libertad, donde Di Stefano trabajó 16 años y desde el 2008 quedó con relaciones cortadas, tanto que desde entonces no lo invitan más a sus encuentros regulares.
“Javier es Javier y está informado de todo”, contesta Di Stefano a Suma Política, sin intenciones de colgarse del asunto, cuando se le pregunta si lo de Milei fue un comentario al pasar o pudo tener otras intenciones (como llevar al micrófono un nombre que no debe caer simpático a las autoridades de la Fundación que preside Gerardo Bongiovanni). Si fue pensado, eso significaría que el presidente tiene muy presente las diferencias que existen entre los dos personajes rosarinos y por eso decidió nombrar al que se fue y a partir de ahí es ninguneado.
Sigue resonando en esas reuniones de la Fundación Libertad cuando una noche del 2024 en Madrid, Milei lanzó una dura crítica a los “liberales egipcios”, que por un lado hablan de libertad y por otro hacen negocios con el liberalismo. Aquella alusión se interpretó dirigida a Bongiovanni, que estaba presente, y siempre tuvo mejor relación con Mauricio Macri que con el actual gobierno.
Tal vez haya sido esa mención a Di Stefano una manera de equilibrar la decisión de haber ido a la cena anual de la Fundación en lugar de desairarlos con la ausencia presidencial, aunque se comentó que en Milei pesó más la idea de asistir para no dejarle el escenario despejado al creador del PRO, que de esta manera asistió como segunda figura.
Milei se encargó de dejar otras señales a su paso, por ejemplo llegar e irse rápido y casi sin hablar demasiado con nadie en esa reunión, y también a la hora de los saludos. Quienes siguen de cerca el lenguaje de los gestos advirtieron cierta efusividad en el abrazo a Alberto Benegas Lynch y, en contraste, mayor frialdad con los representantes de la fundación que lo habían invitado. Cuentan que les dedicó el saludo de la mano floja a Alvaro Vargas Llosa y al propio Bongiovanni.
Di Stefano se enteró por los comentarios de lo que había pasado, ya que no fue invitado a la cena y ni sabía que Milei asistiría. Por estos días dedica su tiempo a hablar de su libro Cambia la música: ahora hay que cambiar el paso, el mismo que presentó junto al presidente en La Rural de Buenos Aires en setiembre del 2025 y que en abril pasado trajo a Rosario al ministro de Economía Luis Caputo, para la presentación local.
“Ahora me invitan a lugares donde nunca me habían invitado”, dice en una semana donde pasó por la Expo EFI (un espacio de literatura y stands de contenido económico, financiero y de inversiones) y por la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

La mermelada cayó en desgracia
Di Stefano aprovechó para contar el origen de la explicación, calificada como “genial” y “brillante” por el presidente, referida al aumento del consumo de huevos y sus consecuencias en la producción y venta de mermeladas. El comentario no es de su autoría, aunque podría decirse que fue él quien la vio a esa frase destinada a circular como explicación sencilla entre tantas recetas de macroeconomía.
Le pertenece a un distribuidor de la empresa Arcor, quien se la dijo un día que Di Stefano fue a dar una charla a una cooperativa de la ciudad de Hernando, en la provincia de Córdoba. Como el consultor rosarino suele llegar temprano a sus disertaciones, aprovecha para hablar con los que también están desde antes.
Se sorprendió que al saludo de rigor de cómo andás, una persona le contestara resueltamente que la estaba pasando muy mal. Ante la repregunta apareció la primera versión de la popularidad de los huevos revueltos en el desayuno como origen de la caída en desgracia de las mermeladas. En palabras de Milei: porque a quién se le ocurre ponerle mermelada al huevo. “No le vendo a nadie”, fue la queja del repartidor de la empresa cordobesa que ve aumentar así su stock de productos dulces.
El comentario empezó a ser usado desde ese momento por Di Stefano para ejemplificar en cada una de sus charlas los cambios en el consumo y demostrar que la caída de algunos productos no es culpa de Milei sino de esas transformaciones.
Con el correr de los días, la frase llegó a la televisión, quedó grabada en una entrevista con Esteban Trebucq y, como el presidente mira videos donde aparece Di Stefano, la encontró y, se podría suponer, esperó el momento oportuno para repetirla: Di Stefano no la iba a poder escuchar en vivo, pero sí la podría disfrutar después.

Una relación que se cortó
La relación del economista y consultor rosarino de moda en el país, mencionado en los medios porteños como el “gurú del blue”, con Gerardo Bongiovanni, líder de la Fundación Libertad, se remonta a un trabajo en el mismo equipo en Rosario. Fueron 16 años hasta el 2008 que estuvieron codo a codo en la Fundación Libertad.
Di Stefano dice no atesorar rencores; al contrario, asegura que no tiene más que agradecimiento para quien le dio trabajo en un momento complicado de su vida laboral. Pero con el tiempo celebra haber podido dar ese paso de independencia que le forjó su exitoso presente.
De paso, y ante la nueva instancia electoral, aclara que no piensa ser candidato a nada por La Libertad Avanza, lo mismo que tuvo que desmentir el año pasado. Simplemente porque está abocado a su proyecto personal que incluye trabajo y vida familiar.
Su alejamiento de la Fundación Libertad no tiene un motivo concreto. Afirma que fue darse cuenta de que podía desarrollar un proyecto solo, por afuera, que forjara mejor su futuro. No debe haber caído simpático que el mismo día renunciara a todos sus proyectos rosarinos. Fue un 28 de febrero. Eso incluía dejar el programa “A fondo”, que hacía por LT8; otro que se llamaba “PBI”, en Radio Fisherton, y su trabajo en el portal ON 24, además de las actividades en el departamento de investigación de la Fundación Libertad.
“Los números no me cerraban y me fui a la nada”, dice superficialmente al recordar aquel momento. Decisivo fue su matrimonio, que influyó no sólo en una vida más familiar sino que también lo impulsó a dar el salto profesional que venía meditando.
Fueron los tiempos en que la Fundación Libertad construía su edificio propio en Rosario, del que en los últimos años tuvo que vender algunas partes, y Bongiovanni repartía su tiempo con trabajos en España.
“Me fui bien, por la puerta grande”, responde ante la repregunta. “Trabajé ahí desde 1991 a 2007 y estoy muy agradecido. Gratitud total, me dieron laburo. No hubo ni una diferencia política, ni pelea, ni me fui a otra fundación o a un partido”, aclara. Después vinieron los comentarios que siempre llegan de lo que se dice por detrás y empeoraron todo.
Lo que sí echó de menos fue no haber tenido una velada de despedida, como se estila en estos casos. Sobre todo porque consideraba tener con Bongiovanni una relación de hermano.
Pero no hubo tales honores. Nadie hizo nada, ni las autoridades de la Fundación ni los empresarios que adhieren a ella. Sintió así que le hicieron un vacío. La relación se agravó cuando al poco tiempo de su renuncia lo invitaron a un encuentro donde la figura central iba a ser el escritor peruano y premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. Ante algunos consejos para que no fuera, primero dudó en asistir, pero finalmente cedió, como una forma de mantener una relación cordial. Cuenta que apenas llegó se arrepintió: en esa cena le asignaron la mesa 148, al lado del baño, como suele graficarse.
Un día hablaron por teléfono. Bongiovanni lo invitó a un acto (un homenaje a Rogelio Pontón). Di Stefano pretendió encontrarse y hablar antes de decidir asistir. Tampoco esa vez se pusieron de acuerdo. Desde entonces no volvieron a hablar. Es curioso que ambos son vecinos en Rosario, viven a la vuelta, uno en un edificio por calle Salta y el otro por avenida del Huerto. Hay bares en la zona, pero jamás volvieron a tomar ni un café.
La relación parece ser la que Luis Brandoni personificó en la serie “Nada”, cuando le propone a un amigo de años la ruptura del vínculo amistoso y establece una suerte de protocolo de indiferencia, con pautas de cómo será la relación en adelante: sin disculpas, evitarse en eventos y gestos de saludo protocolar en caso de cruzarse. Por lo demás, ignorarse olímpicamente.
Así como agradece el apoyo de hace casi veinte años, cuando se inició, Di Stefano reprocha que cuando se alejó nadie de la Fundación lo ayudó. Y el clima hostil lo hace extensivo a la ciudad de Rosario, que pareció también darle la espalda. Hasta sus artículos del domingo en el diario La Capital, con el tiempo dejaron de publicarse.
Desde entonces podría decirse que es un competidor de la Fundación Libertad. O al menos que va a estar enfrente de todo lo que ésta haga. Y por lo visto Bongiovanni tampoco está dispuesto a ceder.
Como suele decirse en estos casos: son cuestiones de la vida o, con más precisión tratándose de dos economistas, una falla en las leyes del mercado.

Autor
-
Ver todas las entradasPeriodista. Licenciado en Comunicación Social de la UNR. Ex jefe de Redacción de La Capital. Twitter: @DanielAbba_


































