El alto impacto político de la elección en CABA, institucionalmente poco relevante, que dejó al oficialismo macrista como tercera minoría con 11 miembros y al peronismo en el primer lugar con 20 diputados sobre un total de 60, sin embargo es muy probable que no implique ningún quebranto en la gestión legislativa del PRO en la ciudad capital de la Argentina. Los acuerdos transitorios o permanentes para legislar van a llegar a la mano de Jorge Macri con los violetas de LLA (14 miembros) y bloques menores ex aliados del PRO o incluso para algunos temas, con el propio peronismo.
Sin embargo, el experimento inédito de llevar adelante una elección intermedia local desdoblada de la nacional –nunca antes los porteños fueron a votar sólo por la mitad de la Cámara, ex Concejo Deliberante–, resultó muy valioso para entender dónde está parado cada quién en la política nacional.
La sesión fallida impulsada por un armado opositor en Diputados del pasado miércoles 21, y que ahora se rearma con mayores chances de prosperar el próximo 4 de junio, fue demostrativa del acierto polarizador violento del presidente Milei a favor de su candidato Manuel Adorni, cargado de maniobras sin precedentes (como el falso mensaje de un supuesto Mauricio Macri, realizado con tecnología más parecida a los videos juegos al estilo “EA Fifa 25” en la misma madrugada del día de la votación, anunciando que “bajaba” a su candidata), delinean un camino de bipolaridad extrema creciente y en todo el país, que será el clivaje decisivo de lo que viene para el 26 de octubre. La elección de medio término nacional, donde se disputará por 129 diputados y 24 senadores de ocho provincias.

El último miércoles, Unión por la Patria y aliados llegaron a sentar a 125 diputados, y quedaron a cuatro del quorum. El número era ajustado de arranque, pero algunas situaciones muy en el límite entre lo político y circunstancias reales que justificarían las ausencias, terminaron por darle un nuevo éxito al gobierno en la semana en que todo le salió bien, las elecciones en CABA y la caída en Diputados de una sesión que, cuando se lleve adelante, le creará un dolor de cabeza a la Casa Rosada: prórroga de moratoria jubilatoria o solución intermedia, aumento de emergencia a jubilados, resolución de la comisión investigadora del caso Libra y ahora se juntará con el tratamiento de las asignaciones para las discapacidades, también víctima de la motosierra mileísta.
Ese equilibrio de empate hegemónico donde la suerte caerá de uno u otro lado del río dominará la escena en ambas cámaras nacionales, a medida que se acerque el momento de volver a las urnas, en octubre. Las dos fuerzas principales, el oficialismo violeta y el peronismo, irán armando sus propios rompecabezas internos –todo agravado por la falta de elecciones PASO– hasta dirimir en las urnas si el gobierno actual perdura, y se proyecta en el imaginario popular, o va al empantanamiento. Todo ese pronóstico será válido mientras el flujo de endeudamiento externo y la primarización de la economía con caída del empleo, de la inflación y de los salarios, que con un puñado de excepciones, continúen calando en el corpus nacional, al mejor estilo década del 90 dos, neoliberal, recargada.


La interna peronista
Como termina de resolver o no el peronismo su interna en la provincia de Buenos Aires, de cara a las elecciones locales del próximo 7 de septiembre, será parte de una película incierta. Este último domingo patrio, 25 de mayo, fue el punto de convocatoria de Cristina Kirchner en el “Encuentro de la cultura popular”, donde volvió con más intensidad que nunca a profundizar una revisión sobre ciertos fracasos de la etapa kirchnerista y a partir de los cuales “pivoteó acertadamente” el mileismo: el rol paternalista hasta el exceso de un Estado ineficiente que terminó por generar rechazo incluso entre quienes presuntamente fueron los beneficiados del aluvión de aportes gubernamentales. Cristina propone debatir una “nueva estatalidad” y ya no oculta su disgusto con las malas gestiones en el sistema educativo, de salud, e incluso en el retraso del orden legal en el mundo del trabajo.
Son elementos que explicarían la derrota de 2023, pero no está claro para el peronismo la efectividad de presentarse como alternativa al actual gobierno con lo “bueno” de los años kirchneristas y sin los desvíos populistas inconsistentes que lo condenaron, sobre todo durante el último gobierno de Alberto Fernández.
Milei, absorbiendo al PRO, a la casi totalidad de la UCR y otros desprendimientos provinciales (Córdoba, ¿Santa Fe?, Chaco, Salta, entre otros), entiende y sabe a qué juega. El peronismo, aun con la crisis de Axel Kicillof y Cristina, también sabe a qué juega, y trabaja para encontrar un camino.

El camino del medio
Los que empiezan a padecer la cercanía de una nueva elección polarizada son los grupos con pretensión de ir por el camino del “medio”. Tras la catástrofe electoral de Evolución Radical en CABA (que se referencia en Martín Lousteau, con cercanía al gobernador de Santa Fe Maximiliano Pullaro), tras una campaña millonaria, su candidata a la legislatura porteña sacó el 2 % y no ingresó al cuerpo, en la provincia de Buenos Aires salió al ruedo Facundo Manes, el último viernes, en la localidad de Tigre.
El neurocirujano, pretendiendo equidistar del “populismo kirchnerista y mileísta” jugará por fuera de la UCR, buscando renovar la banca que se le termina en diciembre próximo. El partido radical ya no puede sostener candidaturas propias, y por eso será integrado al color violeta en casi todo el país, experiencia que ya hizo en una provincia donde incluso tiene al gobernador, como en el Chaco.
Manes es observado con buena predisposición por otra fracción suelta de la política nacional, que se presenta con una pretendida equidistancia entre los fuegos K y el mileísmo, en este caso del otro lado del Arroyo del Medio, el Partido Socialista de Santa Fe. Es por eso que el diputado nacional Esteban Paulón junto al presidente del bloque socialista en Santa Fe, Joaquín Popi Blanco, estuvieron el último viernes de cuerpo presente en el lanzamiento de Manes en Tigre.


Desde ya, Manes no puede resolverle al PS de Santa Fe cómo renovar la banca de Mónica Fein, que vence en diciembre. Las listas son provinciales. Según confirmó a Suma Política el propio Paulón, el escenario más probable es que Pullaro tome distancia de la elección de octubre donde ya todo el PRO jugará con LLA; y la ex intendenta rosarina jugará a suerte y verdad su candidatura con el apoyo de su partido –ya sin Unidos– y grupos menores que se puedan sumar.
Pullaro perderá la banca que controla de manera directa en Diputados (Melina Caren Giorgi, que culmina su mandato), en tanto el resto de “radicales” santafesinos ya juegan su juego con la alianza violeta y ex amarillos. El gobernador no casualmente solapó las fechas del debate constituyente (dos meses, de julio a septiembre) con el proceso de elecciones nacionales. Será la excusa perfecta para no pronunciarse, permanecer en el debate local, y menos aún colocar un candidato “propio”, con pronóstico de profundizar el retroceso en la cosecha de votos, del millón en 2023, a los 500 mil en abril de 2025. ¿Para qué arriesgarse a dividir los votos y dejar el nombre pegado?
Ese partido es sólo para el PS, que no tiene otro camino posible que ponerle el pecho a la elección nacional.
































