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Economía

Fin de mes: los peores días del modelo

El presidente Javier Milei se burló de quienes no llegan a fin de mes frente a un auditorio que no encontró motivos para incomodarse. Su discurso en la apertura de la exposición de petróleo y gas de Neuquén llegó a una platea receptiva en la que sobresalió el gobernador de esa provincia, Rolando Figueroa. La reverencia tiene su lógica. El jefe del Estado lo ungió como ganador del modelo del Rigi. Como contrapartida, los petrodólares criollos son los que hoy protegen al gobierno nacional de una crisis de dimensiones letales.

Los datos de actividad que difundió el Indec para agosto confirmaron que la economía está en las puertas de la recesión. El estancamiento mensual y la caída de 1,7% interanual exigirían a septiembre mostrar un enorme salto en el crecimiento para evitar que se sumen dos trimestres de caída. Nada es imposible. El año pasado, frente a un escenario parecido, el organismo de estadística sorprendió con una extraña y sorpresiva revisión que llevó los números negativos al terreno positivo.

En cualquier caso, no habrá magia capaz de disimular el cierre de más de 30 mil fábricas, la última de las cuales fue la de Electrolux en Rosario. Tampoco la parálisis de seis de cada diez máquinas en el sector metalúrgico o la estrepitosa caída del consumo que expusieron Scentia y el propio Indec. El aumento del 74% del riesgo país en los últimos tres meses obedece en parte a los efectos de un sacudón global que golpea más a las economías con pies de barro pero también recoge la inquietud por este deterioro en el sector real. 

“Este comercio pyme no soporta el modelo económico” es la faja que pegó Apyme sobre las persianas de los locales cerrados como parte de una campaña que lanzó para visibilizar la crisis. “No podemos volver a depender de Scott Bessent”, alertó la propia Patricia Bullrich en referencia al salvataje que movilizó el secretario del Tesoro de EEUU poco antes de las elecciones legislativas de octubre de 2025. Con su silencio, el ministro Luis Caputo también pareció opinar. Finalmente, el candidato a premio Nobel se rindió ante la evidencia: “Los indicadores no están dando tan bien como antes”, concedió Milei.

Esta realidad se atalona en la Región Centro, una construcción institucional que se pensó a sí misma como un faro de prosperidad opuesto al Gran Buenos Aires y que hoy muestra en sus principales conurbanos las mayores tasas de desempleo del país. 

Los petrodólares criollos

Los nuevos enclaves mineros y petroleros le comen centralidad política al agro pampeano, que a veces amaga con reaccionar. La semana pasada, los gobernadores de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos volvieron a reunirse en Paraná. Advirtieron sobre la situación social y dejaron plantado un debate que parece importado de discursos menos amigables con el modelo del gobierno nacional. “Hay que discutir a dónde van los recursos de la explotación de la Cordillera y Vaca Muerta”, dijo el gobernador Maximiliano Pullaro. Por las dudas, anticipó su opinión: deben volcarse al desarrollo de infraestructura para crear empleo. También propuso un modelo: “Argentina se debe parecer mucho más a la Región Centro”. Sobre el pucho, llamó a fortalecer “la unidad política” de las tres provincias para “defender a nuestra industria y nuestro campo”.

La aceleración de la crisis, el calendario electoral y el rol que juegan los mandatarios en el tablero nacional no es ajeno a ese llamado. Tampoco la pelea económica de fondo. El Milei que se pierde en las nubes de Úbeda se lleva la atención pero en el mismo discurso de la Expo Oil & Gas el mandatario dejó otras definiciones. Asimiló el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones a un modelo de país que, denunció, la oposición quiere voltear. De hecho, comparó el límite entre Neuquén y La Pampa, que no adhirió al Rigi, con “el muro de Berlín”. Y azuzó la competencia entre provincias: “Nunca antes el crecimiento dependió tanto de sus propias decisiones”, advirtió a los gobernadores.



Horas antes, el economista rosarino Jorge Simón había escrito en su columna semanal “Es x acá” un análisis que fungió de respuesta anticipada. Señaló que “el verdadero motor de la desigualdad actual entre provincias no es cómo se distribuyen los impuestos federales sino la renta que generan el petróleo, el gas y la minería”.

Recordó que la reforma constitucional de 1994, que otorgó a las provincias el dominio originario de sus recursos naturales, cambió la configuración fiscal del país. Hoy, explicó, la suerte financiera de una jurisdicción depende en gran medida de su geografía. “Mientras algunas acceden a ingresos extraordinarios por regalías, otras —las más productivas y agroindustriales— dependen exclusivamente del esfuerzo fiscal de sus sectores privados y de la recaudación tributaria tradicional”, indicó. Por eso sugirió discutir una compensación que “no requiere ni cambios constitucionales ni en la ley de coparticipación”. Y consideró que 2028 presenta “una ventana de oportunidad” para abrir el debate, “de la misma manera que en el 2000 se logró un reconocimiento nacional por el déficit de las cajas previsionales no transferidas”.

Como si abriera el paraguas, Figueroa aclaró que “lo que se factura en Neuquén también se redistribuye en otras provincias”. Y puso como ejemplo a “las más de 5.000 empresas santafesinas, cordobesas, de Buenos Aires, de Mendoza y de La Pampa que participan en la provisión de Vaca Muerta” y “también tributan” en otros distritos.

En este andarivel más pragmático también se movió el gobierno de Santa Fe, más allá de la pelea por la renta petrolera. Casi 200 empresas de la provincia participaron de la expo patagónica, donde el ministro de Desarrollo Productivo sumó la logística a la oferta de servicios y bienes para Vaca Muerta. Específicamente, el transporte de arenas silíceas para el fracking desde el puerto de Villa Constitución. 

Las nuevas rutas de integración deben luchar todavía contra los muros reales que la Nación pone a la infraestructura. La parálisis de obras ferroviarias y los chispazos en la licitación del ferrocarril Belgrano Cargas prometen un nuevo avance en este retroceso.

Cuentas sobre el mostrador

Mientras, las provincias seguirán sacando agua de las piedras para sostener sus economías y sus cuentas fiscales. El Ministerio de Economía de Santa Fe, que la semana próxima presentará el proyecto de presupuesto 2027 a la Legislatura, anunció el jueves la firma de un acuerdo de “compensación histórica de deudas” con la Nación, en el marco del régimen de conciliación que creó en 2024 la administración libertaria.

Santa Fe había declinado en su origen participar del Régimen de Extinción de Obligaciones Recíprocas porque era netamente acreedora, por mucho, del Estado nacional. Esto dejó de ser así este año cuando pidió un adelanto de coparticipación por 400 mil millones de pesos. Además de contribuir a la liquidez en un contexto de abultado déficit fiscal, esta deuda se convirtió en un mecanismo para cobrar acreencias que la Nación se resistía a cancelar. La más importante era la derivada del financiamiento del rojo de la Caja de Jubilaciones.

En este juego de cobrar y prestar, el fisco santafesino percibió en efectivo  110.000 millones de pesos, correspondientes al aporte de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Ansés) a cuenta de ese déficit por el ejercicio 2026. A esa cuenta, le sumó 54.869 millones por la compensación del Consenso Fiscal y  2.613 millones vinculados al financiamiento de obras de vivienda. El gobierno nacional, por su parte, anotó a su favor un subpréstamo con el viejo Club de París que data del año 1997, por 24.740 millones. 

Como la provincia pagará este año 90.000 millones de pesos del adelanto que pidió, tras las compensaciones quedará un saldo de 167.258 millones, que deberá pagar a la Nación. Podrá hacerlo en cuotas desde 2027, a una tasa de 1,25% mensual, o incluirlo en un nuevo intercambio de pasivos.

“Más allá de los tecnicismos, logramos que el gobierno nacional nos mande primero los fondos y de ahí ir descontando lo que nos deben”, resumió la operación el ministro de Economía, Pablo Olivares. El mecanismo fue inédito e ingenioso pero también revela la tensión a la que somete la crisis a cualquier estrategia financiera. 

El año pasado, el gobierno provincial colocó deuda en el mercado internacional por 800 millones de dólares para blindar el financiamiento del plan de obras públicas de la volatilidad de la economía y la política local.

Un año después, la caída de la actividad económica y su impacto en la recaudación llevaron la relación fiscal entre la Nación y las provincias al terreno de una negociación de mostrador. El día a día comienza a mandar. Y, aunque no le entre en la cabeza al presidente, lo que todos quieren es llegar a fin de mes.


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