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Las preguntas que deja el juicio contra el menor que mató a un compañero de curso en San Cristóbal

Calamidad es la desgracia que alcanza a muchas personas, de acuerdo al Diccionario de la lengua española. Y es también el término que corresponde a la tragedia de San Cristóbal, “el resultado de una serie de calamidades” según la socióloga Silvia Grinberg. Mientras la Justicia de Santa Fe debate si el joven de 15 años que mató a otro de 13 debe seguir bajo seguimiento del fuero penal o pasar al de familia, el contexto para comprender el episodio parece desdibujarse y los interrogantes siguen abiertos.

El hecho que ocurrió el 30 de marzo en la escuela Mariano Moreno de San Cristóbal se actualiza después que el juez José Alberto Boaglio sobreseyó a Gino C. por la muerte de Ian Cabrera de acuerdo a la legislación vigente en esa fecha, por la que teniendo 15 años no era punible. El juez dispuso además que el caso siga bajo el control de un Tribunal de Familia, lo que fue apelado el 8 de octubre por la fiscal Carina Gerbaudo, del Ministerio Público de la Acusación.

“La fiscalía apeló la resolución porque quiere que continúe la instancia penal. Parecería que el cierre de la instancia penal es sinónimo del cierre de la intervención estatal. Lamentablemente muchas veces se quieren cubrir las falencias estatales, comunitarias y familiares con lo penal”, analiza el juez de menores Alejandro Cardinale.

La socióloga Silvia Grinberg, especialista en temas de educación y pedagogía, cuestiona las miradas que cargan la responsabilidad de la tragedia en la escuela y soslayan el entorno: “Un chico de 15 años no accede a un arma en una escuela. Eso forma parte de un escenario anterior. Por el tipo de sociedad en que vivimos no creo que estos episodios dejen de ocurrir. No digo al extremo de lo que pasó en San Cristóbal, pero tenemos que preguntarnos cómo dotamos a las escuelas de fortaleza y cómo las protegemos y cuidamos. A las escuelas como institución y a los docentes en particular, para que puedan hacer frente a algo con lo que no sabemos qué hacer como sociedad”.

El juez Cardinale se pregunta qué subsiste del episodio “dada la memoria lábil de nuestra sociedad” y critica la estrechez del debate actual: “Se habló de un adolescente con problemas graves, de conflictos intrafamiliares importantes, y hubo un hecho tremendo con acceso a armas. Lo único que se discute ahora es el sobreseimiento dictado por un juez que interviene en una audiencia oral solo con lo que llevan las partes, y parecería el gran receptor de lo mal que se está resolviendo”.

El juez Boaglio resolvió también mantener el régimen de protección dispuesto para Gino C., alojado en un instituto semiabierto. En casos de menores no punibles interviene la Secretaría Provincial de Protección de la Niñez, a cargo de Daniela León, y el sistema de protección se extiende a organismos locales de las ciudades y comunas. Se trata de una dimensión poco visible en el tratamiento de adolescentes en conflicto con la ley: “esos organismos no son interpelados para nada”, dice Cardinale.

La participación de Gino en foros donde se celebraban masacres escolares pareció explicar el suceso de San Cristóbal. El adolescente era usuario de la plataforma de mensajería y chat Discord e intervenía en un canal donde jóvenes de otras ciudades de la Argentina y de otros países compartían imágenes y publicaciones sobre la masacre de Columbine, el tiroteo en una escuela de Colorado, EEUU, donde dos estudiantes asesinaron a otros doce y a un docente el 20 de abril de 1999.

La conexión del caso de San Cristóbal con esa “subcultura digital, descentralizada y trasnacional” surgió del informe “Análisis sobre la ideología True Crime Community (TCC)”, difundido en abril por la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional de la Procuración General de la Nación. “Sin duda el chico que hizo los disparos estaba en una situación de mucha fragilidad y las redes hacen transitar por caminos que para los adultos son desconocidos. No es el primer momento de la historia en que los jóvenes y los adolescentes están en estas escenas. Las situaciones de suicidio, los episodios de salud mental y los niveles de medicalización que tienen hoy los jóvenes, en cambio, son propios del presente, una época que está desorbitada”, destaca Grinberg, investigadora de la Universidad Nacional de San Martín y del Conicet. En ese plano, “le decimos a los jóvenes que se tienen que hacer a sí mismos, pero les damos pocas herramientas y los dejamos muy expuestos”.

Cardinale observa un desplazamiento: “Se hablaba de la comunidad en la que ese pibe vivía, de la falta de lazos, de la expectativa de ser alguien que se sintiera escuchado, interpelado por otro. La True Crime Community se transforma en el combo para construir un monstruo perfecto, ese monstruo que no sabemos de dónde viene y que además es adolescente y puede ser manejado por redes”. La referencia a la subcultura digital cierra la discusión, pero no resuelve las preguntas sobre el acceso de los jóvenes a las armas, la incidencia de la ideología de extrema derecha, lo que pudo encontrar Gino a través de la adhesión a esos foros y las contradicciones biográficas: el joven que abre fuego con una escopeta sobre otros estudiantes en San Cristóbal es el mismo que cuatro meses antes fue elegido mejor compañero.

Grinberg contrapone el espacio de las redes al de la escuela: “La red ofrece el anonimato. Puedo decir cualquier cosa, porque en mi modo anónimo de ser eso no tiene ninguna consecuencia más que la descarga de odio; tiene consecuencia para el otro al que le digo barbaridades. En la escuela no, en la escuela hay un cuerpo, un nombre y un apellido, y hay otro cuerpo, y otro nombre y apellido. Incluso aunque no me quieran, en la escuela tengo que aprender a convivir, a estar con alguien que es otro como yo. Cuando estás en la escuela, todo eso que parece liviano en la red tiene una densidad que debe ser tramitada. Ahí es donde la escuela tiene hoy un desafío fenomenal”.



A la deriva

Con más de veinte años de investigaciones, Grinberg registra múltiples situaciones en el ámbito de la escuela y entre tantas el caso de un estudiante que se colgó de un mástil. “¿Por qué hacía eso? —se pregunta—. Porque ya no sabía qué hacer para que lo vieran. A veces mejor y a veces peor, la escuela es el lugar donde cualquier adolescente puede producir un evento y ser visto. Y es también el espacio donde aparecen y tienen su desenlace muchas situaciones. Como pasó en San Cristóbal: esa tragedia no comenzó en la escuela”.

En una publicación realizada en abril en el sitio de la Unsam, Grinberg sostuvo que se trata de invertir los términos de la interpelación. La especialista destaca el lugar de la escuela actual “en una sociedad que deja a los jóvenes a la deriva” y contradice el lugar común sobre el rechazo de los adolescentes a los límites: “Las escuelas son el único lugar donde hay adultos que sí o sí se tienen que ocupar de los adolescentes. No quiere decir que resuelva todos los problemas, pero la escuela está siendo de modo creciente ese lugar donde todas las calamidades confluyen y donde hay alguien que va a estar ahí y tendrá que hacer algo”.

Grinberg habla de una responsabilidad social no asumida. “Dejamos solas a las escuelas ante estas situaciones —dice la socióloga—. Las escuelas quedan tramitando las calamidades, ¿pero con qué cuentan esos adultos? Les pedimos, les reclamamos, les exigimos, pero los cuidamos poco. Es más, les decimos que son responsables por no ocuparse lo suficientemente bien”.

Como la fiscalía, el abogado querellante Luis Hilbert cuestionó la resolución del juez Boaglio y anticipó una demanda civil contra los padres de Gino C. El reclamo de justicia de la familia de la víctima y de la comunidad de San Cristóbal es otro aspecto por problematizar.

“¿Tenemos capacidad para escuchar a la víctima, tenemos con qué escuchar a la víctima? —se pregunta el juez Cardinale—. El problema es cuando la víctima dice algo que incomoda porque sale del eje judicial o escapa a la solución burocratizada. Muchas veces se convierte en un mecanismo más, le hacemos decir a la víctima lo que nos conviene. El tema es cuando le damos el espacio para una escucha. La obligación estatal debe ser habilitar esa instancia, y la instancia de respeto a la dignidad de esa persona sin poner a la víctima en un lugar incuestionable, que no se pueda interpelar”.

¿Qué ofrecería el nuevo Régimen Penal Juvenil ante un episodio como el de San Cristóbal? “La cárcel de menores —responde el juez—. Recuerdo haber escuchado a los abuelos del niño víctima diciendo que no querían la cárcel sino saber cómo un chico pudo hacer algo tan tremendo y que se diera cuenta de su acto. Fue dolor, amor, adultez en el mejor de los sentidos en relación con un adolescente, pero quedó en la periferia, porque ese tipo de declaraciones no vende. La pena es una herramienta válida, el problema viene cuando es la única respuesta. El Estado argentino está obligado a una respuesta que incluya la herramienta penal pero que al mismo tiempo no excluya ninguna del sistema de protección, aunque se trate del delito más aberrante”.

Cardinale también cuestiona la “sobreactuación estatal” en la persecución de estudiantes que escribieron graffitis o hicieron publicaciones alusivas a tiroteos después del suceso de San Cristóbal:  “Los pibes quedaron sometidos a causas penales con intervención de la Policía Federal del área específica de terrorismo. Tienen perfiles de peligrosidad por mensajes con un contenido Incel o porque copiaron y pegaron alabanzas de autores de masacres y se transformaron en monstruos. Todo esto se tradujo en detenciones por parte de la fiscalía y causas por intimidación pública o amenazas”.

El caso de San Cristóbal fue seguido por otros episodios de menores con armas en las escuelas. También aumenta otra modalidad de violencia: las imágenes sexuales generadas con IA con las que grupos de varones se burlan y humillan a compañeras, como se denunció este viernes en el Colegio Verbo Encarnado de Rosario. “Prohibir dispositivos no va a resolver los problemas —piensa Grinberg—. El punto es cómo aprendemos a enfrentar este tiempo. Sin duda va a ser en la escuela porque no hay ninguna otra institución que pueda cumplir esa tarea. Pero también, ¿cómo las fortalecemos, cómo las equipamos para que no vuelva a ocurrir una calamidad?”.


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