No es un karma que la persigue, tampoco la consecuencia de su escasa estadía en la provincia, ni su personalidad de alta exposición, que reclama obediencia. Menos aún porque no provenga de un partido político tradicional, o porque ella se considere ajena a “la casta”. Sin dudas, es por su forma de construir en política.
Por segunda vez, a Amalia Granata se le quiebra el bloque que solo ella creó con su mensaje y popularidad ante el electorado santafesino. Sucedió en 2019 cuando, por etapas y desgranamiento, de una lista “celeste” que había logrado dar la sorpresa de obtener seis bancas, en poco tiempo quedó en soledad. Y ha comenzado a suceder ahora, cuando no tuvo más remedio que dictar desde Europa la expulsión de dos de sus integrantes por votar favorablemente por la ley que declara la necesidad de reformar parcialmente la Constitución de Santa Fe y que fue promulgada con el número 14.384.
La primera vez perdió cinco diputados (a los que no les ha ido nada mal). Ahora se adelantó a echar públicamente en la sesión más trascendente en décadas de la Cámara de Diputados de la provincia a los dos que se cortaron solos. En cualquier caso, la pregunta es ¿por qué se repite la escena?
Y la respuesta, como se ha indicado desde el inicio, está en su forma de construir un espacio político, que es siempre una manera de disputar el poder. Una y otra vez lo ha hecho sin su propia estructura o espacio, siempre con sellos prestados y con un mismo mensaje: el de la ola celeste y de la antipolítica. Son difusos los límites de ese discurso repleto de tautologías.

Siete años atrás
Desde el inicio de su carrera política en Santa Fe, en 2017, Granata lleva ya tres candidaturas en distintos partidos. Fue en ese año apenas precandidata por el Partido Popular de Santa Fe, con su lista Por Una Santa Fe renovada, pero no logró el piso necesario para competir en las elecciones generales de diputados nacionales, aunque se impuso a otras cinco listas y en total con ese primer intento logró algo más de 65 mil votos en las primarias nacionales. Su participación terminó con las Paso pero su figura por primera vez estuvo en todos los cuartos oscuros de cada lugar de votación en la provincia.
Apenas dos años después, la ex modelo, luego periodista de chimentos y panelista de radio y TV, sumó a su condición de “famosa” ajena al ámbito político otra cualidad relevante: encabezó en Santa Fe el rechazo al aborto y cambió de partido. Fue electa diputada provincial por Unite por la Familia y la Vida, sello que abandonó antes de jurar su banca. En 2023 la fuerza que le prestó su estructura de firmas de afiliados fue Unite por la Libertad y la Igualdad, un nombre a tono con los seguidores de Javier Milei.
La diputada provincial fue reelecta por una fuerza que no tuvo candidato a gobernador, con más de 347 mil votos, y se constituyó en la segunda minoría en la Cámara. Casi no hizo campaña electoral o, al menos, no gastó la fortuna que otros. Había logrado siete diputados y, hasta la llegada del debate por la reforma constitucional, ocupaba el centro de la escena opositora y por momentos la lideraba. La negociación que para la aprobación de esa ley llevó adelante el ex gobernador Omar Perotti le devolvió el lugar de principal referencia fuera del partido de gobierno al rafaelino. Desobedeció lo dispuesto por el Partido Justicialista, activó el discurso del amplio movimiento del peronismo y convino con el oficialismo —con el que mantuvo siempre una buena relación desde el inicio de la transición con Maximiliano Pullaro— cómo será la elección de los convencionales y qué puntos están habilitados para ser cambiados en la Carta Magna, entre ellos la reelección.
Para colmo, mientras se sellaba la histórica ley de reforma constitucional en Santa Fe y recibía media sanción de Diputados con votos de todo el oficialismo, buena parte del peronismo, de la izquierda y de los que habían llegado con la foto de Granata, la mediática legisladora veía desde Roma —muy distante, para no perderse una audiencia con el Papa— cómo perdía dos bancas, y que uno de los suyos (Emiliano Peralta, asumido conservador en su discurso) pronosticaba la mayoría para el radicalismo en las elecciones “por el poder territorial de los senadores”, al quejarse de cómo será elegida la asamblea constituyente; mientras que otra diputada de su mismo espacio (Silvia Malfesi, siempre liberal) sostenía que sus ideas ganarán más convencionales que las de los partidos que impulsan la reforma. Una contradicción que acaso muestre poca coordinación en la bancada de Somos Vida.

Dos tarjetas rojas
Peralta anunció que el bloque había expulsado a los diputados Edgardo Porfiri y Omar Paredes. Del primero pocos cronistas parlamentarios recuerdan su voz; del segundo, ya habían anotado que se trata de un radical y que ahí había terreno fértil para que en el poroteo el oficialismo sembrara.
Un punto es importante: Unidos para Cambiar Santa Fe, el perottismo y dos diputados de izquierda conformaron una mayoría que trabajó en comisiones de manera conjunta, que negociaron cómo se hará la reforma (si es que sus convencionales se imponen) y que siempre supieron que tenían una mayoría pluripartidaria que no necesitaba de esos dos votos de los expulsados del bloque celeste. De todos modos, sus apoyos dan a la norma más legitimidad multicolor.
No se sabe si por el voto de Porfiri o de Paredes, pero puede que haya algún disgusto familiar para la diputada Granata. Se dice que uno de los dos entró en la lista por ser amigo del marido.
Porfiri, un ex piloto de automovilismo, nada dijo ante las graves acusaciones de Peralta que dejó entrever que había visto “lo peor de la política” y sugirió la compra de voluntades a los apartados del bloque. Paredes, en cambio, aseguró que lleva más de 50 años como afiliado radical, un partido siempre reformista y que nadie debería sorprenderse por su voto. No protestó por la tarjeta roja, como le dijo a Suma Política en esta nota sino por las acusaciones de Peralta, y cuestionó el liderazgo de Granata.
En rigor, si la mediática no tiene partido, todos quienes la acompañaron son en alguna medida extrapartidarios. Y eso, otra vez, como en 2019, es la falla de su construcción.

Comparación
Alguien en los pasillos de la Legislatura hacía comparaciones odiosas: “Si Cristina se equivocó con Boudou, con Scioli y con Alberto, Granata tiene derecho a equivocarse”, pero el ejemplo no sirve. La dos veces presidenta sabía que buscaba por afuera algo que en el kirchnerismo no había. La siempre notable Granata, en cambio, carece de ese espacio partidario. Representa ideas, valores, sentires y lidera grupos y posiciones políticas e ideológicas. Pero no tiene el poder vectorial de una fuerza política.
Ninguno quedó afuera
¿Qué será de Porfiri y Paredes sin Granata? Solo depende de ellos. La experiencia demuestra que así como la fama de las pantallas catapultó a la dirigente celeste, quienes llegaron bajo su nombre, foto y cruces en la boleta única, pudieron seguir en política.
En 2019, antes de jurar su banca, Granata perdió a cuatro de los seis que habían logrado acceder a la Cámara por su popularidad.
Nicolás Mayoráz fue quien más se destacó al abandonarla. Desde posiciones de derecha siempre cercanas a la iglesia católica, sus discursos fueron relevantes en cada debate interesante en la Legislatura y fue electo diputado nacional por Santa Fe el año pasado al ser parte de la lista con más votos: la de La Libertad Avanza.
Del mismo sector próximo al clero es Natalia Armas Belavi, que logró renovar su banca y tiene un bloque unipersonal. Lo mismo consiguió Juan Domingo Argañaraz que pertenece a las iglesias protestantes. Ambos crearon sus propios espacios políticos para disputar un lugar en la Cámara.
Walter Ghione, también protestante, se sumó a Unidos para Cambiar Santa Fe y en ese interbloque renovó su banca, ahora en el oficialismo.
Finalmente, Betina Florito, la última en salirse de la jefatura de Granata, fue la primera desde el peronismo en sumarse a Unidos, se trata del ala con pasado justicialista que reconoce en Miguel Ángel Pichetto a la figura nacional a seguir. Hoy la otrora diputada celeste es subsecretaria de Inclusión Educativa en el ministerio que conduce José Goity.


































