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Sociedad

José Belizán, el rosarino que encontró entre las mujeres mayas la forma de evitar la hipertensión en el embarazo

Difícilmente exista otro investigador argentino en actividad con más evidencias científicas por sus aportes sobre la salud materno infantil que el rosarino José Belizán (75). Belizán demostró, por ejemplo, que la episiotomía que se hace en los partos es la gran mayoría de las veces innecesaria y causa más daño que beneficio; fue el primero en impulsar en Latinoamérica leyes sobre el parto respetado, primero en Uruguay y luego en Argentina; y también fue de los pioneros en investigar el exceso de cesáreas en la región, todo ello publicado y documentado en las revistas científicas más prestigiosas del mundo: Lancet, British Journal of Medicine, New England of Medicine, Journal of American Medical Association (JAMA)

Pero una de sus contribuciones más probadas y al mismo tiempo promisoria —porque sigue investigando sobre el tema— es el haber demostrado que el consumo de calcio durante el embarazo previene la preeclampsia, una grave condición que aumenta la presión arterial de la mujer que espera un hijo y causa elevada mortalidad, tanto de la madre como del bebé, que a veces no llega a nacer. Por todos esos logros y descubrimientos es que José Belizán recibió recientemente el premio de la Fundación Carlos Slim, un subsidio que esa institución ofrece anualmente a científicos que realicen contribuciones en beneficio de la salud materno infantil.

Su tarea, en realidad, va más allá de la investigación científica pero siempre está del lado de la dignidad humana: antes de tener que exiliarse en Guatemala durante la dictadura cívico-militar, José Belizán trabajaba como obstetra y docente de la Universidad Nacional de Rosario en la maternidad municipal Martin. Allí llevaban a mujeres jóvenes detenidas a parir y aun bajo la amenaza de los hombres armados que las trasladaban, Belizán siempre anotó los nombres de esas mujeres en el libro de partos de la maternidad. Y esa valiente decisión del joven Belizán, que por entonces tenía 30 años, las salvó de la desaparición.

La distinción que acaba de recibir será destinada a la investigación que, vinculada con el tema del calcio y la prevención de la hipertensión arterial, realiza Belizán y su equipo de investigadores del Conicet: saber si es posible suplementar el agua que consumimos con calcio para que más mujeres en edad gestacional reciban la dosis adecuada de este mineral y eso garantice embarazos normales y niños llegados a término.

Doctor en Medicina y en Biología de la Reproducción, Investigador superior del Conicet e investigador senior del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS), José Belizán vive en Rosario, en el barrio Fisherton, donde disfruta de la tranquilidad del verde y de su frondosa arboleda. Alumno y docente de la UNR, fundó en Rosario el Centro de Estudios Perinatales (CREP) y fue su primer director. Nunca estuvo lejos de su ciudad, excepto durante su exilio en Guatemala y los años que pasó en Montevideo como director del Centro Latinoamericano de Perinatología (Clap). Se confiesa hincha de Newell’s, aunque dice con una sonrisa que la edad del fanatismo por el fútbol ya la pasó, pero no evita señalar que es del mismo equipo que Messi, el Loco Bielsa y en cierto modo Maradona, que también lució la casaca leprosa. 

—Seguro que recibió muchos premios en su vida. ¿Siempre se disfrutan?

—Siempre. El investigador es un hipercrítico de sí mismo. Y un premio es en cierta manera una forma de convalidar lo que uno hace. Es un estímulo muy grande.

Las tortillas mayas

—¿Es cierto que usted advirtió que existía una relación entre el calcio y la salud del embarazo observando la forma en que las mujeres mayas preparan las tortillas?

—Sí, esa investigación empezó durante mi exilio en Guatemala, en 1977. Fui a trabajar en un instituto que depende de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (Incap), que en esa época era muy afamado. Me sorprendió ver que entre las mujeres indígenas guatemaltecas, que eran muy pobres y con serias deficiencias nutricionales, existía sin embargo muy baja frecuencia de preeclampsia, una complicación muy seria que es la hipertensión en el embarazo y que mata anualmente a más de 30 mil mujeres en el mundo. 

—¿Y cómo se le ocurrió pensar que había algo especial en la forma en que preparan las tortillas?

—Bueno, yo estaba en un instituto de nutrición y se sabía que a pesar de todas sus deficiencias nutricionales las mujeres mayas tenían muy alto el calcio. ¿Cómo podía ser, si casi no consumían leche? En Guatemala la dieta principal es el maíz; cuanto más pobres son más dependen del maíz. En cada ranchito, cada mujer pone el maíz con agua y le agrega un trozo de cal para ablandarlo antes de ir a la molienda. Eso es lo que les brinda altos niveles de calcio en la dieta. Hasta ese momento había algunas referencias de individuos que tomaban aguas duras con alto contenido de calcio y tenían presión arterial más baja. Entonces empezamos a investigar si existía relación entre el alto consumo de calcio de las mujeres mayas, la forma de preparación de las tortillas, la baja presión arterial y de preeclampsia en el embarazo. Y lo probamos. 

—¿En seres humanos?

—Primero en ratitas. Fue el primer trabajo mundial que comprobó que las ratitas privadas de calcio aumentaban muchísimo su presión arterial. Y después trabajamos con mujeres embarazadas voluntarias del Incap y vimos que si le dábamos calcio bajaban la presión arterial. De regreso en Rosario, cuando volvió la democracia, hicimos un estudio muy grande con embarazadas también voluntarias, un total de mil doscientas mujeres de maternidades públicas y privadas: la mitad recibió placebo y la mitad calcio y las que habían recibido calcio tuvieron menor frecuencia de preeclampsia. Y hace un tiempo contactamos a varias de ellas y a sus hijos, para tomarles la presión: los hijos de mujeres que tomaron calcio en el embarazo tenían menos presión arterial.

—Entonces su hallazgo está completamente demostrado…

—Así es. El estudio fue repliclado veintiocho veces, y convertido en una recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una recomendación que ha hecho ya cuatro veces. Está comprobado que tomar suplementos de calcio reduce a la mitad el riesgo de tener preeclampsia y que en países con baja ingesta de calcio esa reducción trepa al setenta por ciento. Es más: hicimos un estudio con mujeres argentinas y africanas que fueron suplementadas con calcio también antes de quedar embarazadas y luego, durante el embarazo, y el riesgo baja aún más. Es decir: si la mujer comenzara y siguiera su embarazo con una buena ingesta de calcio reduciría más la preeclampsia. Fue publicado en The Lancet.

Lácteos y calcio 

—¿Es entonces de rutina recomendar suplementos de calcio a las embarazadas?

—Es una recomendación muy fuerte de la OMS, pero no está predicándose lo suficiente a pesar de la evidencia. Los cambios de actitudes de los profesionales de la salud sobre la base de las novedades son procesos que llevan tiempo. Estamos extrañados de que no se haga. Hicimos encuestas y no se está suplementando con calcio a las embarazadas argentinas. No pensamos solamente en suplementos de pastillas: si la mujer comiera o tomara suficiente cantidad de lácteos en forma no exagerada también llegaría a ese nivel.

—¿Sólo los lácteos tienen calcio? Hay escuelas nutricionales que dicen que las verduras verdes tienen más y que las mujeres orientales no tienen osteoporosis por eso, aunque no consumen leche. 

—Los mejores aportadores de calcio son los lácteos, de eso no hay ninguna duda y mucha evidencia científica sobre el tema. Las verduras también lo tienen, pero hay que comer kilos… Hay una periodista argentina (N. de la R: Soledad Barruti), que habla contra la leche, y realmente está haciendo un daño muy grande. Nos preocupa determinar cómo hacemos para que la población general pueda consumir más calcio y estamos trabajando para suplementarlo en harinas y agua. En Francia, por ejemplo, ya existen aguas envasadas con altísima concentración de calcio y se absorbe igual que el de la leche descremada, que es el calcio que mejor se absorbe.

—¿Y ustedes están trabajando en esa línea aquí en el país?

—Sí. Como investigador del Conicet, trabajo en equipo con la nutricionista Gabriela Cornick, que es muy joven y muy talentosa y con ella esbozamos esta hipótesis del agua con calcio. Con ingenieros especializados en agua de la Universidad Nacional de la Plata estamos probando dispositivos similares a los filtros de agua domésticos con el objetivo de que ofrezcan agua con más calcio para ser bebida por las familias y aplicarlo a nivel poblacional. Tenemos un subsidio de la Fundación Bill y Melinda Gates y el premio que me otorgó ahora la Fundación Slim también contribuirá a seguir adelante. Un investigador siempre está en búsqueda de fondos. 

—¿Y la suplementación de la harina con calcio?

—También queremos investigarlo. Primero deberíamos determinar a través de las Ciencias de la Implementación la parte mecanística, es decir, cómo sería posible agregar la sustancia en los molinos y luego ver si funciona en la población. 

Las convicciones

—Usted trabajó varios años como obstetra ¿En qué hospital de Rosario cuando empezó la dictadura, antes de tener que exiliarse?

—En la maternidad Martin, una maternidad municipal, y en un sanatorio privado, el Sanatorio de la Mujer. La maternidad municipal estaba a dos cuadras de la jefatura de policía y ahí había un lugar de torturas que ahora es un lugar de la memoria.

—¿Le llevaban embarazadas para que las atendiera?

—Sí. Las traían los guardias. Vimos horrores. Chicas torturadas, otras que perdían sus embarazos porque les ponían el fusil en la vagina y las hacían abortar. Nos encañonaban para que no las anotáramos, pero nosotros las anotábamos igual en el libro de partos y eso le salvó la vida a muchas de ellas. Creo que el premio más grande que tuve en mi vida fue el homenaje que me hicieron varias de esas mujeres y sus hijos a mí y a otros colegas. Llorábamos todos. Ellas atribuyen a que gracias a que nosotros las anotábamos pudieron ser registradas y sobrevivieron. Eso duró poco tiempo: después, empezaron a hacerlas parir en la jefatura. 

—¿Aun amenazado anotaba igual a las chicas en el libro de partos?

—Sí.

—¿Por qué?

—Por convicción. La vida es lo más importante y proteger a estas mujeres que estaban en esa situación tan terrible sólo por luchar por la igualdad social, tan jóvenes… definitivamente había una convicción mía, primero de vida y después de justicia social. 

—¿Siempre tuvo una mirada más compasiva hacia los más vulnerables?

—Hay una palabra mágica que es equidad, hay que buscar la equidad en todo. Si hay mujeres pobres que no pueden consumir calcio cómo hacer para que lo logren igual que las mujeres ricas. 

—A los 75 está en plena actividad…

—Sí, y con mucho entusiasmo para que lo que investigamos se aplique y beneficiar a las mujeres, brindar este servicio en forma equitativa y global. 

—¿Qué le gusta de Rosario que se quedó viviendo aquí siempre que pudo?

—La familia: tengo tres hijos y ocho nietos, y somos muy pegotes. Es una ciudad relativamente chica, vas a un lugar y saludás gente y por otro lado tenemos todos los adelantos que se puedan tener. Además es una linda ciudad, el río se ha aprovechado mucho, cuando yo era pequeño prácticamente no existía y los gobiernos socialistas de Rosario fueron buenos, hay que admitirlo, abrieron mucho el río, la ciudad es agradable, y no existe la locura de Buenos Aires, con el tránsito y las distancias.

—¿Se sintió más cómodo trabajando bajo la regencia de algún gobierno en particular?

—Bueno, Néstor y Cristina reivindicaron a los investigadores. Los investigadores sentíamos que nadie nos quería, que en este país el mérito era tener mucha plata y cuanta más plata más meritorio era, como sucedió con Menem o con Macri. Ellos nos reivindicaron. El Conicet empezó a tener más fuerza y la tiene actualmente con Ana Franchi al frente: nos prestigiaron, tenemos un ministerio de ciencia y más becarios, salarios mejores. El mérito dejó de ser tener más y más plata y se convirtió en lo que uno puede brindar para el bien de la humanidad. 

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