La mujer trataba de hacer dormir a su nieto cuando escuchó un grito desde la calle y después un golpe contra la ventana. Alguien había arrojado una molotov contra su casa, en Pasaje Jacques al 900 bis, Empalme Graneros. El incendio fue sofocado antes de que se propagara y la mujer pudo explicar el hecho ante la Policía de Investigaciones: debía dinero a prestamistas colombianos y estaba atrasada un mes con el pago de las cuotas. Menor en apariencia, el caso hizo visible un problema creciente: el oscuro circuito de los préstamos informales de dinero y las deudas que se cobran a través de la violencia.
El método del crédito informal suele ser el préstamo gota a gota. La combinación entre tasas de interés que multiplican el monto original a gusto del prestamista y cuotas que deben ser canceladas en los tiempos que también impone el acreedor generan deudas imposibles de pagar. “Las condiciones de la negociación son muy desiguales, el interés es totalmente arbitrario. Hay familias que piden préstamos diarios, otras semanales y otras mensuales; con cada uno tratan de cubrir el anterior y se hace una madeja”, dice el politólogo Luciano Vigoni.
La socióloga Luci Cavallero expuso la semana pasada en la Cámara de Diputados de la Nación un informe sobre el endeudamiento de las familias argentinas. “En los barrios populares hay una falta de liquidez y de circulante producto del ajuste económico del gobierno nacional —puntualiza, para esta nota—. En ese contexto aparecen los prestamistas informales, muchos de ellos vinculados a economías ilegales, que ofrecen dinero fácil”. Sin necesidad de avales ni garantías, a sola firma, a merced del acreedor.
Plata o plomo
Los incumplimientos derivan en un crescendo de violencia que va de las amenazas por mensaje telefónico a las balaceras. La suboficial de la policía provincial Yasmila Arredondo y el guardia de seguridad privada Damián Sosa, condenados en febrero de 2025 a cinco años de prisión por usura y extorsiones, tenían como cobrador a un barra brava del club Coronel Aguirre que se presentaba como miembro de Los Monos. El empleado de una carnicería de Villa Gobernador Gálvez pidió un préstamo de 350 mil pesos, quedó debiendo 4 millones y después de advertirle que “la pasaría mal” y “le romperían las piernas” fue privado de la libertad, apaleado y amenazado de muerte hasta que presentó una denuncia.
Los arreglos, cuando llegan, no son menos perjudiciales para los deudores. “El extremo es la entrega de la casa, pero el prestamista puede venir y llevarse el televisor, la heladera, una bicicleta, una moto”, afirma Vigoni, ex director del Programa Nueva Oportunidad. El ciudadano colombiano Kevin Rodrigo Muñoz Delgado, detenido por un crédito usurario y balaceras contra una comerciante de la zona noroeste de Rosario, tenía en su domicilio una especie de depósito de electrodomésticos además de 70 millones de pesos argentinos, 3 millones de pesos colombianos, 400.000 pesos chilenos y 1.600 dólares.
“El tema de los prestamistas siempre estuvo muy vinculado a la criminalidad organizada, con menos violencia lesiva que otros mercados criminales como el microtráfico, el robo y desguace de vehículos y la venta de armas. Sin dudas, el dinero del que disponen para generar la rueda de préstamos gota a gota proviene de mercados ilegales”, afirma un investigador.

En 2018 la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) alertó sobre la extensión de las nuevas formas de usura y su vínculo con organizaciones criminales. La situación se agravó después de la pandemia, según Vigoni: “El narcotráfico diversifica su negocio en Rosario, ya no es solo la comercialización de drogas. El prestamismo crece en un contexto de recesión, falta de trabajo y hasta de changas, lo que genera una circulación de plata y a la vez de violencia”.
El 9 de enero, un hombre de 37 años llamado Jorge Zabala fue apuñalado por otro todavía desconocido dentro de un auto Fiat Punto, en Benito Juárez al 1600, Las Delicias. El 25 de marzo, Oscar Ramón Sarria, de 62, murió baleado en Gregorio Machaín al 1800, zona norte, donde tenía una despensa. Sin relación entre sí, en ambos casos surgió la sombra del prestamismo: en el primer caso porque la víctima se dedicaba a esa actividad y en el segundo porque tenía un crédito de prestamistas colombianos, aunque estaba al día con las cuotas.
“En ambos casos se habló de prestamistas como una de las hipótesis iniciales, pero eso se descartó con el avance de las investigaciones. Lo de Zabala fue un hecho interpersonal. El caso de Sarría es un poco más dudoso; si bien los autores no están identificados, se trataría de un hecho enquistado en un conflicto de bandas”, afirma el investigador. Por otra parte, “hoy en día no tenemos ninguna investigación puntual que nos conduzca a una vinculación real y probada entre uno o un grupo de prestamistas con una organización criminal gerenciadora de violencia altamente lesiva”.
Ese pudo ser el caso de Yalil Roberto Azum, condenado en diciembre de 2024 a 28 años de prisión por una multiplicidad de delitos, entre ellos el de usura: los préstamos que concedió durante una década con intereses mensuales de entre un 25 y un 50 % se asociaron con otros emprendimientos como el financiamiento de venta de drogas y la explotación ilegal de juegos online.
A diferencia del común de los prestamistas informales, que recurren a la interacción personal, Azum disponía de una oficina y publicitaba los créditos mediante folletería y WhatsApp. Como Red Crediticia, una prestamista que ofrecía dinero “para financiar tus sueños”, según su publicidad en redes sociales, y en 2022 se transformó en la pesadilla del dueño de una granja de Amenábar al 3700: un crédito de 50 mil pesos generó una deuda de 2 millones y derivó en una balacera, amenazas de muerte y la exigencia de entrega de tres vehículos. El caso tuvo mayor difusión al involucrar a Silvina Marino, esposa del ex comisario Daniel Corbellini, imputada por extorsión.

La economía que crece
“Los prestamistas informales suelen funcionar como satélites de bandas criminales: por momentos producen dividendos, cuando las bandas depositan en ellos su capital a modo de inversión, y por momentos son fuentes de financiamiento”, afirma el investigador consultado para esta nota. El problema debería ser acotado según su punto de vista: “El prestamismo suele ser un poco más de guante blanco en relación a otros delitos, sin llegar a ese nivel obviamente, y tampoco a hechos de sangre”.
Pero la particularidad de la situación actual es la extensión del prestamismo informal: “No son solamente estructuras narco criminales, mucha gente está viviendo de prestar la plata que le sobra”, afirma Luciano Vigoni.
“El prestamista presta 50 el fin de semana y el martes hay que devolverle 150: es así la relación —agrega Vigoni—. No hay nadie regulando y tampoco hay posibilidad de regulación. Esto provoca conflictos barriales”. Y si hasta hace poco las balaceras y los aprietes eran una marca de los acreedores, ahora los prestamistas ajenos a estructuras criminales también son víctimas de violencia.
Omar Rendón tenía 63 años, era colombiano y estaba afincado en Capitán Bermúdez, donde trabajaba como chofer de una aplicación y vendía sábanas. También hacía préstamos de dinero y como tal fue el objetivo de Ezequiel Rodríguez y Agustina Ellero, una pareja de ladrones inexpertos y desesperados que pensaron que “el colombiano tiene mucha plata, es prestamista”, como quedó asentado en una conversación telefónica, y lo asesinaron el 26 de marzo.
Rodríguez y Ellero atrajeron a Rendón a una emboscada en una casa de San Lorenzo, donde el hombre lo golpeó y le provocó la muerte por asfixia. El prestamista apenas tenía 36 mil pesos en una billetera virtual, por lo que la pareja llamó a las personas a las que le había prestado dinero, exigió el pago de las deudas y recibió otros 300 mil pesos por transferencia.

En otros episodios, las deudas aparecen entrelazadas con otras disputas no menos oscuras. El asesinato de Lucas Urrutia, de 28 años, el 5 de enero de 2025 en un aguantadero de barrio Los Unidos, fue así relacionado con un entredicho de la banda Los Menores con un familiar de la víctima que hacía préstamos de dinero. Urrutia fue atraído a la cita con la promesa de recibir un pago. El prestamista fue además destinatario de dos balaceras en una gomería de bulevar Seguí e Iriondo; en el segundo ataque fue asesinado Ramón de la Cruz Navarro, un cliente del negocio de 55 años totalmente ajeno a la cuestión.
Con el agua al cuello
Militante del Partido Socialista hasta que la conducción se unió al PRO y ahora parte del Frente Amplio por la Soberanía, Vigoni recorre los barrios Toba, la Lagunita, Ludueña, Empalme Graneros y Santa Lucía. “En el último mes y medio, notamos un aumento desmedido del endeudamiento —dice—. Lo alimentario ocupa un lugar central. Se exacerba el endeudamiento y hay una naturalización extendida del préstamo: cortado el mercado interno y la economía popular, hacer plata con plata ocupa un lugar mayor entre los que pueden”.
“El gran endeudamiento hace que muchas familias estén endeudadas con más de una entidad —señala Luci Cavallero—. En una casa se puede estar endeudada con la tarjeta de crédito de un banco pero también con una financiera e incluso con una empresa de fintech o un prestamista informal. Nosotras venimos relevando que hay por lo menos dos deudas por casa”.
Cavallero integra Movida Ciudad, “una plataforma de acción” que reúne a activistas e investigadores bajo la consigna de “cuidar la vida frente al saqueo financiero”. Con otros especialistas, expuso en el Congreso de la Nación ante la Comisión de Defensa del Consumidor de la Cámara de Diputados y advirtió sobre el incremento “histórico” de la morosidad en las familias argentinas, no solo con el sistema bancaria sino con las billeteras virtuales: “No es un endeudamiento circunstancial sino dedicado a la subsistencia”.
“Es cierto que hay una estratificación social en el endeudamiento —agrega, para esta nota—. Una parte de la población no accede a endeudarse con bancos; en ese caso tiene más a mano las billeteras virtuales y cuando se cae en mora la opción son los prestamistas informales. Estamos viendo cómo avanza en los barrios, lo que obviamente pone en riesgo a las familias en dificultades para cumplir sus compromisos”.
En ese contexto, dice Cavallero, “hay una multiplicidad de formas de endeudamiento y cuanto más abajo en la escala social más onerosos se vuelven los créditos con las billeteras virtuales y los prestamistas informales”. El horizonte agrega incertidumbre: “En los barrios se sabe, se corre la bola de quiénes prestan dinero y cómo se les puede pedir dinero. Está comprobado que muchos tienen vínculo con la liquidez que genera el delito. Ese es el problema de la Argentina hoy, un país que no genera trabajo, que despide y ajusta, y por lo tanto las economías ilegales avanzan en los barrios populares”.

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