La tesis en el corazón del poder mileísta es: el tema (Manuel) Adorni, con el correr de los días, irá perdiendo impacto mediático, y generará cansancio, incluso entre la audiencia que mira con interés (y espanto) la trayectoria patrimonial ascendente y los viajes del jefe de Gabinete en los últimos dos años. En las últimas horas comenzó una especie de contraofensiva por redes en el sentido de banalizar aspectos que trascendieron de la causa judicial por compras y viajes del jefe de Gabinete, por caso las reformas realizadas en el departamento de la calle Miró al 500 en Caballito, Caba. En el gobierno ahora se ríen de la ofensiva opositora y mediática, y han decidido sostener a cualquier costo al funcionario porque una eventual caída suya desmoronaría la primera línea de contención de la cúpula máxima del poder, los hermanos Milei.
En la presidencia de la Cámara de Diputados, entretanto, buscan retomar la iniciativa parlamentaria simulando total normalidad. En la medida en que el impacto mediático, por repetitivo, pierda eventualmente eficacia, creen, se abren las condiciones para sostenerlo a Adorni con la máxima judicialista, “que investigue la justicia, hasta que no se expida, el Congreso no se debe entrometer”.
Desde ya, el principio de que el problema de Adorni y del gobierno se tramita sólo en la justicia, es una mera pretensión de un gobierno en problemas. La política tiene su propia dinámica de lo impensado, y no reconoce límites. Todo lo humano es político, siempre y en todo lugar. Ante una consulta de Suma Política acerca de en qué punto de la investigación judicial el funcionario debería dar explicaciones en el Congreso o eventualmente declinar su cargo, la respuesta fue: “Hasta que haya una condena firme”. Desde ya, se trata de una tesis inverosímil, y esta película se resuelve día a día.
La semana próxima, del lunes 20 de abril, en Diputados, el gobierno anuncia llevar adelante una sesión (miércoles 22) para tratar la “ley hojarasca”, una iniciativa que da vueltas desde 2024 y que tiene un reimpulso en este año 2026. Pergeñada desde el ministro desregulador Federico Sturzenegger y con el anzuelo de que se trata de un proyecto de ley destinado a “limpiar leyes obsoletas del siglo XX”, que están en desuso, en realidad es altamente probable que se cuelen desregulaciones vigentes. La operatoria que imagina el gobierno es: martes 21, tratamiento en comisión, firma del dictamen sin debate, y miércoles 22 aprobación en el recinto, palo y a la bolsa.
En estas horas, un vector de fuerza que, en sentido contrario, con epicentro en la oposición peronista, busca construir una sesión con número propio (129, que sería una enorme novedad política, en caso de concretarse) para avanzar con una interpelación a Adorni.
La oposición sueña con juntar el número en la misma semana que el gobierno quiere hablar de la “hojarasca” y emplazar a las comisiones para que allanen el camino para interpelar a Adorni. Se sabe, sin dictamen de comisión, el recinto requiere mayorías agravadas que la oposición no tiene ninguna chance actual de conseguir. Por eso, la “vuelta” del emplazamiento, las comisiones, el dictamen y luego, otra vez el recinto. Según dijeron desde el búnker justicialista a Suma Política, la idea es empujar esa sesión, aun cuando a esta hora se estarían quedando cortos con el quórum: estarían en 125, cuatro por debajo de la línea de flotación.
La evaluación política opositora, por estas horas, es impulsar la sesión igual, aun a riesgo de no llegar al 129. La orientación política peronista está convencida de que, por fuera de los muros del Palacio, el “129” para interpelar a Adorni está, que el número en la calle sobra.
Entretanto, y con la sensibilidad muy arriba por los hechos de corrupción que golpean al gobierno, en esta semana se debate en distintos ámbitos del poder del Estado, incluido el Congreso de la Nación, a propósito de las declaraciones juradas de los funcionarios públicos, ya sean del ámbito del Poder Ejecutivo como del Legislativo y Judicial. Por un cruce que tuvo en redes el diputado santafesino Esteban Paulón (Provincias Unidas), desafiado por libertarios, el rosarino contestó que su declaración jurada en Diputados (2023) es “una de las pocas que directamente se puede consultar en la página del área administrativa de Diputados. En la práctica los diputados tienen la obligación de presentar todos los años (los ingresados en diciembre pasado tenían fecha hasta el 30 de diciembre de 2025) en sobre cerrado de papel la llamada “declaración jurada de inicio”. Esteban Paulón, ingresado a la Cámara en 2023, optó, además, por colocar visible su declaración de ese año sin necesidad de pasar por la página web de la Oficina Anticorrupción, donde se orientan las declaraciones juradas de los diputados y senadores nacionales.
Para cualquier ciudadano, en la práctica, para corroborar una declaración jurada de un funcionario es necesario “hacer un pedido”, sencillo, pero pedido al fin, completar un formulario con, entre otros datos, el número de CUIT de la persona sobre la que se consulta.
Si bien es posible, a pedido de cada diputado, solicitar que en la página web oficial de la Cámara esté disponible su declaración para la lectura (sin llenar ningún formulario) —como lo hicieron Paulón y un puñado de diputados más— no constituye una falta simplemente entregar la declaración en tiempo y forma y que luego sea la Oficina Anticorrupción la que disponga su visibilidad para quien quiera consultar.
Desde la presidencia de la Cámara dijeron a este cronista que “las decla están todas disponibles en la web, somos el único gobierno que lo hizo”; una afirmación que no se ajusta a la verdad. La consulta de las decla por la web ya tiene muchos años en la Argentina.
Sin embargo, sí representa una falta no presentar las declaraciones en formato papel, físico, ya sea al inicio de la gestión, con cada final de mayo que corresponde al año anterior, así como declarar nuevamente con el fin del mandato. Entre los que están en falta no figura ningún santafesino.
En la preparatoria para la última semana de abril, en especial el miércoles 29, el oficialismo se prepara para la guerra, e involucra hasta al propio presidente, que prometió ocupar su palco durante un tramo de la jornada que podría convertirse en una tarde volcánica, como ya las hubo muchas.
“Va a ser una sesión picante, pero ya tuvimos muchas picantes, todas son picantes”, suele soltar Martín Menem, para quienes lo escuchan. ¿Es un Congreso “picante” o más bien caótico, un escenario saludable para la acumulación política libertaria? Las respuestas son diversas, nadie puede predecir el futuro.


































