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Economía

La guerra contra la inflación: el trigo como rehén, los salarios heridos y una tregua imposible

Las últimas semanas amplificaron las diferencias internas del frente gobernante. Por momentos, el Frente de Todos parece el Frente de Algunos, aunque es difícil saber de quién. El aumento de las retenciones a los procesados de soja para la creación del Fondo de Estabilización del Trigo fue uno de esos casos. Durante la presentación, al ministro Julián Domínguez le costó disimular su falta de convicción. Ni siquiera la línea de créditos que lanzó el Banco Nación por 7.000 millones de pesos para pymes de molienda pudo compensar los rechazos de toda la cadena agroindustrial.

Uno de los pocos a favor fue Antonio Aracre, el CEO de Syngenta, la exportadora bajo control de capitales chinos. Su interés está motivado por varias razones. Una de ellas se relaciona con el incremento del procesamiento interno de la soja que viene desarrollando China, el principal comprador del grano a nivel mundial. La otra razón se centra en la Hidrovía, donde una de las principales empresas chinas pugna por las obras licitadas y recientemente cuestionó la selección de la empresa belga que realiza esas tareas desde hace un cuarto de siglo.

Es en este punto donde emerge la voz de Omar Perotti, quien criticó el sesgo antiindustria de la decisión nacional y propuso como alternativa concentrar la atención en otros commodities que también se exportan y se encuentran en pleno subidón de precios internacionales, como el petróleo o los minerales. El gobernador santafesino lo dijo en el marco de la apertura de sobres de la licitación para la construcción del Gasoducto Metropolitano, precisamente uno de los factores económicos que más se vieron alterados a nivel global, y destacó que la reconstrucción que tiene Ucrania por delante le impedirá ocupar el rol de proveedor de trigo y girasol, un espacio que ofrece una gran oportunidad a la Argentina.

En esa ocasión, Perotti indicó que hay un margen de crecimiento del 20 por ciento en la producción de granos para dirigir a la transformación en proteínas, carnes y leches. Santa Fe es el protagonista absoluto de la cadena de valor, concentrando alrededor del 80 por ciento de las industrias. A su vez, se trata de un cereal paradigmático por componer la base de la canasta alimentaria; representa el 1 por ciento del PBI y brinda más de 170 mil puestos de trabajo.

Saltos y tropiezos

Para el secretario de Mercados Agropecuarios, Javier Preciado Patiño, el objetivo es conseguir 24 millones de toneladas para destinar 9 millones al procesamiento local. En el mercado mundial, la Argentina tiene una relevancia del 2 por ciento, siendo los principales actores la Unión Europea, Rusia, China, Ucrania, Estados Unidos, Pakistán y Canadá. A pesar de destinar al mercado externo más del 60 por ciento de la producción, la incidencia argentina en el precio internacional es bajísima.

Entre la campaña 2012/2013 y la última, hubo un salto de 8 millones de toneladas a 22 millones. Santa Fe cuenta con casi 11 mil productores, una superficie de más de 1.200.000 hectáreas, que equivale al 19 por ciento de la superficie total. El cultivo se concentra en la zona núcleo, donde hay alrededor de 41 mil productores para el 83 por ciento del volumen. La participación hacia dentro de la producción exhibe altos niveles de concentración: menos de 12 mil productores explican el 78 por ciento.

Su lugar dentro de la cadena alimentaria hace del complejo triguero uno de los sectores vitales de la economía nacional. Y las intervenciones gubernamentales a través de derechos de exportación (retenciones) y cupos se pagan tanto en obstáculos para el mejoramiento genético y la investigación, como en la capacidad de expansión del sector en sus eslabonamientos agregados. Cuando el esquema impositivo se modificó, los resultados productivos lo reflejaron: entre 2008 y 2015 el promedio de cosecha fue de 11,3 millones de toneladas, mientras que entre 2016 y 2020 saltó a 19 millones. Con un consumo estable de 7 millones de toneladas, más producción se convierte en saldo exportable. El promedio de las ventas externas también se incrementó: de 5,8 millones entre 2008 y 2015, a 10,8 millones de los últimos cinco años.

Uno de los objetivos del crecimiento exportador es diversificar destinos para reducir la dependencia de Brasil, el principal comprador, un aspecto que gana importancia en el marco del desbarajuste internacional por la seguidilla de pandemia y guerra. Lo que se evidencia es que las restricciones a la exportación en el contexto de una macroeconomía profundamente desequilibrada y con un nivel de ingresos derrotado no logra controlar el precio de los alimentos e implica desalientos para la producción y pérdida de oportunidades comerciales.

La batalla del pan

El ultimátum del gobierno a las empresas alimentarias y supermercados con la ley de abastecimiento fue un modo de fortalecer la posición negociadora. Pero esa contundencia no indica que vaya a resultar exitoso el programa de 60 productos con precios controlados para los comercios de cercanía. El abastecimiento de las marcas principales fue volviéndose más lento a raíz de la misma lógica de presión negociadora. El 85 por ciento de la producción de alimentos está acaparada por Aceitera General Deheza, Molino Cañuelas, Tanoni y Molinos Río de la Plata.

Durante el transcurso de las últimas jornadas, el Banco Central volvió a subir la tasa de política monetaria hasta el 44,5 por ciento, un 6,5 por ciento en 90 días. Esto acarrea un endurecimiento del esquema de financiamiento para todas las empresas, incluidas las que utilizan harinas y aceites como materia prima. Se trata de un marco general en donde la prioridad estará en el capital propio y, por lo tanto, tendrán mayor capacidad para ocupar mercado las empresas más grandes.

Las ventas de las empresas molineras al mercado interno se componen de un 10 por ciento para consumo en forma fraccionada y un 90 por ciento en bolsas de 50 o de 25 kilos para uso industrial. Un 70 por ciento se usa para la elaboración de pan artesanal; un 10 por ciento para pastas alimenticias; un 7 por ciento para masitas; y un 3 por ciento para el pan industrial, mayoristas y revendedores para hoteles y restaurantes.

Gustavo Idígoras, del Centro de Exportadores de Cereales y de la Cámara de la Industria Aceitera (CIARA-CEC) y coordinador técnico del Consejo Agroindustrial Argentino, calculó que el gobierno recaudará cerca de 450 millones de dólares, mientras que por el sólo efecto precio, liberando una cuota de maíz y trigo extra, podrían ingresar más de 2 mil millones de dólares útiles para subsidios focalizados y la amortiguación de la crisis energética. Lo que se genera es una reorientación de recursos sumamente regresiva y se atiza un enfrentamiento sobre la base de prejuicios sin grandes conquistas para las personas que ven cómo la inflación les arrincona sus salarios. Lanzar una guerra con un plan de operaciones viejo, no parece ser la mejor opción.

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Autor

  • Hace periodismo desde los 16 años. Fue redactor del periódico agrario SURsuelo y trabajó en diversos medios regionales y nacionales. En Instagram: @lpaulinovich.

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