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Política

Las condiciones de Perotti para que dos de sus ministros puedan seguir en el gabinete

Que sus alineamientos políticos internos no interfieran en la gestión y que no tengan ninguna acción en contra del gobierno al que pertenecen. Las condiciones que el gobernador Omar Perotti les impuso a los ministros Roberto Sukerman y Jorge Llonch para que sigan en el gabinete parecen lógicas. El problema es que uno de ellos, el de Cultura, es el esposo de la vicegobernadora, que en uso de licencia está en campaña para enfrentar a los candidatos que eligió el gobernador, y el otro está al frente del área de Gobierno, la cartera política que entre otras cosas está encargada de llevar adelante el proceso electoral.

Será un mes que se medirá por el día a día. Ninguno de los dos funcionarios mostró intenciones de dejar el cargo, y aunque en el gobierno creen que deberían dar un paso al costado, se resisten a tomar esa decisión sin un motivo que la justifique, “para no crear víctimas”, según explican. Pero les aclararon el detalle de las condiciones con un remate: “es esto o el desierto”.

Como están dispuestos a cumplir, será más difícil ver a estos ministros protagonizar actos públicos, no sólo para no equivocarse y pisar el palito, sino para evitar preguntas incómodas. En el caso de Llonch las nuevas restricciones no cambian demasiado su accionar recortado por la pandemia; Sukerman tendrá que resolver su agenda puertas adentro del despacho y no atender a los medios. Menos notas y más gestión, sería la síntesis.

Tendrán que ser muy cuidadosos. Hasta ahora lo vienen siendo. Ninguno apareció ni por asomo en los actos de presentación de candidatos. Ni con un saludo. Contrastó con ellos que la única ministra del gabinete de Perotti que habló en ese acto de lanzamiento fue la de Salud, Sonia Martorano. Sukerman y Llonch no se pronunciaron ni a favor del gobierno ni en apoyo de sus referencias políticas, que están justamente del lado contrario.

Las dudas sobre qué iban a hacer los “ministros transversales” cuando se presentaran los candidatos anunciados por Rossi y Perotti quedaron disipadas el lunes: no participaron de ninguno de los dos lanzamientos. Y Sukerman, más activo en las redes sociales, se cuidó de no replicar a nadie. Se limitó a mencionar medidas del gobierno nacional y temas de la gestión que no rocen las lecturas partidarias. De la campaña, nada.

Es que la posibilidad de que la encerrona partidaria les provoque una salida impensada del gobierno los puso a ambos en alerta, y se llamaron a silencio. A pesar de tantos cuidados, no tiene seguridades este plan; los ministros estarán en cuarta fila, casi fuera de escena mientras dure este mes de internas, en un intento esforzado por salvar el puesto, pero después del resultado de las Paso nadie les garantiza que no se puedan tomar las mismas decisiones que quieren evitarse ahora.

Lo que dicen y se dice

“Sería una irresponsabilidad presentar la renuncia, lo van a tomar mal y es algo que puede volverse en contra”. Esa es la explicación más escuchada en torno a la decisión de los dos ministros de seguir. Tanto Sukerman como Llonch aseguran a quien quiera oírlos lo contrario de lo que parece: que no están “atornillados” a sus sillones. Sostienen que si pretenden que dejen sus lugares, el gobernador les pida de frente la renuncia. Desde la mesa chica del gobierno contestan que eso no va a ocurrir: “no queremos crear víctimas”, aducen.

Hasta ahora Perotti eligió un perfil calmo para enfrentar esta realidad. 

Al filo del cierre de listas estaba decidido a producir un recambio inmediato de nombres. Pero ahora prefiere esperar y llegar a la fecha de los comicios sin tomar esa decisión, aunque todo dependerá de que “no pasen cosas” durante la campaña. 

Sukerman parece afrontar la situación más complicada. En un acto de lealtad a sus orígenes, cuando le preguntaron por su pertenencia al espacio interno que conduce Rossi, respondió sin dudar: “Nunca milité en otro lado”, le dijo al ministro colega que lo consultó.

El primer día posterior al cierre de listas, un lunes en Rosario, su presencia causó inquietud en el gobierno al verlo en un acto público junto a Rossi, en un barco sanitario. Se justificó en que se trató de una actividad institucional que ya se había realizado en Santa Fe de la misma forma una semana antes, cuando todavía se trabajaba por la unidad partidaria. “Cumpliré mis obligaciones y no haré nada en contra del gobernador”, contesta a quien le pregunta.

Si le pidieran la renuncia, Sukerman pagaría un precio doble porque ya había renunciado a algo: decidió no ser candidato por su sector, pero esa pertenencia ahora podría despojarlo de su cargo de ministro. Hasta el 2023 no tendría una función distinta a la militancia.

También podría ocurrir que Rossi le pida que dé un paso al costado a raíz del enfrentamiento político interno. No es lo más probable, ya que el Chivo siempre aclaró que la presencia de Sukerman en el gabinete provincial no se debe a un aporte suyo, sino a una elección exclusiva de Perotti. 

Aunque no le pidieran la renuncia, no se descarta que aparezcan acciones que lo lleven a decir “hasta acá llegué”. Ya le pasó a Esteban Borgonovo cuando ocupaba su mismo cargo. A veces los funcionarios están obligados a leer señales que no siempre son del todo claras y directas.

Por ahora, los paños fríos que tanto Rossi como Perotti le pusieron a la campaña podría ayudar a los dos ministros a transitar con menos riesgo este mes electoral, siempre y cuando respeten las condiciones que les impusieron.


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Autor

  • Periodista. Licenciado en Comunicación Social de la UNR. Ex jefe de Redacción de La Capital. Twitter: @DanielAbba_

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