Connect with us

Hi, what are you looking for?

Economía

Los efectos de la guerra y las internas en la volatilidad de la relación del gobierno con el campo

Los intervalos de calma en la relación entre el oficialismo y el sector agropecuario duran demasiado poco. En medio de las tensiones al interior del gobierno nacional, la suspensión de las exportaciones de harina, aceite y pellets de soja, cayó como un baldazo de agua fría. El argumento que alude al aumento del precio del gas por la guerra ruso-ucraniana y la mayor demanda de cara al invierno, explica, pero no convence. La medida, intuida como antesala del aumento de retenciones que implicaría un ingreso de 450 millones de dólares, no por previsible es menos desconcertante.

La disposición gubernamental fue precedida por múltiples especulaciones sostenidas en la fragilidad de las proyecciones económicas y el voto dividido del oficialismo en Diputados: la meta inflacionaria se pone en duda, las importaciones de energía absorberán más dólares y complican el objetivo de reducción de subsidios y refuerzo de las reservas internacionales en 5.800 millones de dólares, la disminución del déficit fiscal se enmaraña y el superávit externo no asegura paz en la balanza de pagos.

La semana pasada, mientras un sector del oficialismo pedía subas en los porcentajes de retenciones al complejo agroexportador y la Sociedad Rural presentaba un recurso de amparo para no pagarlas escudándose en la ausencia de presupuesto, el ministro de Agricultura Julián Domínguez, el gobernador bonaerense Axel Kicillof, el ministro de Seguridad bonaerense Sergio Berni, y el ministro del Interior de la Nación Eduardo de Pedro, se fotografiaban en Expoagro, la muestra que se realizó en San Nicolás y teatraliza la potencia de la agroindustria nacional.

La recorrida se leyó como el anuncio de una tregua que permitiría avanzar hacia una interpretación distinta sobre cómo afrontar el escenario global. Las oportunidades y riesgos que instala la guerra en Ucrania estimulan los debates sobre cómo aprovechar unas y neutralizar los otros. Uno de los puntos sobresalientes es la decisión de la Unión Europea de flexibilizar sus autorizaciones relacionadas al uso de fitosanitarios y biotecnología, lo que les abriría las puertas a los productos argentinos.

Con la soja, el maíz y el trigo trepando en Chicago hasta precios históricos, y la canasta alimentaria local incontenible, las diferencias hacia dentro del gobierno nacional se expresan en maniobras incoherentes y señales contradictorias. Los niveles actuales de retenciones son 7 por ciento en girasol, 12 por ciento en trigo y maíz, y 33 por ciento en soja. En principio, el ojo se pone en el diferencial con la industria, que paga 31 por ciento. Una decisión no muy distinta a la que adoptó Mauricio Macri tras acordar con el FMI en 2018.

Con la soja, el maíz y el trigo trepando en Chicago hasta precios históricos, y la canasta alimentaria local incontenible, las diferencias dentro del gobierno nacional se expresan en maniobras incoherentes y señales contradictorias

Marcar la diferencia

Una de las primeras reacciones en contra de la determinación del gobierno nacional fue del gobernador santafesino Omar Perotti. A las pocas horas, le siguió el senador nacional Marcelo Lewandowski. Ambos habían estado en San Nicolás y destacaron al sector como motor de la producción y la innovación. Comparten una visión del campo notoriamente distinta a la de los funcionarios nacionales. Saben que el escenario es bastante diferente a las simplificaciones que ven en el aumento del precio internacional una ganancia extraordinaria para todo el sector.

Durante la presentación en la feria, Domínguez destacó los eslabonamientos del campo con los otros sectores de la economía. El discurso parecía una vuelta a foja cero con la producción: el gobierno había priorizado la relación con la cúpula del Consejo Agroindustrial Argentino, conducido por las industrias cerealeras, molinos y exportadores. Pero las tensiones internas también consumieron ese vínculo.

Perotti debió surcar las inclemencias desde la frustrada intervención en Vicentin. En las posibilidades de un peronismo gringo se juegan también las posibilidades de su gobierno y de su futuro político. Si algo sabe y conoce, es que, si hubo reactivación, la misma se fundamentó en el agro y con Santa Fe a la cabeza. El año pasado, el Indicador Sintético de Actividad Económica de Santa Fe (ISAE) tuvo una variación positiva del 8,3 por ciento respecto al mismo período del 2020. El sector Agroindustrial fue el motor principal a través del complejo sojero, la industria aceitera y la maquinaria agrícola. En Expoagro, solo el banco Nación cerró operaciones de crédito para maquinaria agrícola por 29.300 millones de pesos.

La provincia de los gringos sin calma

Durante 2021, la Provincia sintió como pocas las consecuencias de las medidas nacionales. La industria frigorífica santafesina cuenta con 33 plantas que ocupan el 18 por ciento de la faena nacional. El año pasado registró una producción un 8 por ciento inferior al año previo como efecto directo de las restricciones a la exportación.

En los últimos meses, el sector agropecuario recibió cimbronazos por el lado de la importación de fertilizantes, el fideicomiso de 800 mil toneladas de trigo, el arrastre del concurso de Vicentin, una nueva postergación de la ley Agroindustrial, los devaneos de la Hidrovía, los incendios, la sequía y las secuelas de la negociación con el FMI. Rodeado por una oposición que se agrupa en torno al campo, para Perotti cada vez es más difícil hacer pie en el terreno minado de lo nacional.

Con el precio de los commodities suben también los de la energía, los combustibles, los fletes y los fertilizantes, y se elevan los costos de producción. Las ventas rondan el 90 por ciento del volumen de equilibrio, por lo que el aprovechamiento de las subas de precio será limitado. Los rendimientos más bajos y los precios más altos llevan al gobierno nacional a intentar promover los anticipos de la cosecha gruesa, que llegan con regularidad a partir de abril.

Los últimos coletazos de la pandemia y la guerra en Europa imponen recalcular el modo en que un país productor de alimentos y energía se posiciona en la escena mundial. Los avances tecnológicos refuerzan el perfil de servicios y la desmaterialización de la economía, pero el funcionamiento elemental sigue dependiendo de los recursos naturales. Y al menos durante el futuro próximo los precios estarán alborotados. Esa es la batalla que se dirime acá.  


Nota relacionada


Facebook comentarios

Autor

  • Hace periodismo desde los 16 años. Fue redactor del periódico agrario SURsuelo y trabajó en diversos medios regionales y nacionales. En Instagram: @lpaulinovich.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

También te puede interesar