Ciudad Futura concretó en 2015 su desembarco en la política de Rosario. Una lista de candidatos al Concejo Municipal, encabezada por Juan Monteverde —36 años, rosarino, licenciado en Comunicación Social—, alcanzó los 90 mil votos. Un aguijón penetrando la epidermis de los partidos tradicionales. En 2019 la fuerza consolidó el caudal de apoyos y Monteverde, en su primera experiencia como candidato a intendente, arañó el 15 por ciento de los sufragios.
El líder de Ciudad Futura asegura a Suma Política que ahora, cuatro años después y a las puertas de una interna inédita en la que se enfrentará con el peronista Roberto Sukerman, su organización atraviesa “un momento de mucha madurez”, que está preparada para construir “una nueva fuerza potente” y demostrar que se puede “gobernar de otra forma”.
—¿Por qué en la Paso del domingo los electores deberían inclinarse por la propuesta de ustedes y no por la de Sukerman?
—Después de tantos años de un camino de un mismo color político en Rosario no podemos desperdiciar la posibilidad de un cambio. Que sea profundo, de raíz. En Argentina durante los últimos años experimentamos muchos cambios a medias. Cuando uno está en una situación tan compleja como la que vive Rosario, si no avanzamos decididamente, no es que nos quedamos en el mismo lugar, sino que retrocedemos. Es la posibilidad para impulsar cambios estructurales. Lo que tenemos que crear son nuevas opciones, nuevas formas de gestionar lo público. Y si algo demostramos nosotros, a diferencia de Sukerman, es la capacidad de gestión y el gobierno de organizaciones. Formo parte de una organización que no sólo se presenta a elecciones. Coordino una organización que todos los días abre y cierra escuelas, que todos los días hace producir la tierra, que todos los días da créditos para pequeños emprendedores, que abre espacios para la cultura. Nuestra característica es que con pocos recursos hacemos muchas cosas. Esa experiencia de gestionar, y muchas veces en la adversidad, yo creo que no la tiene ningún político tradicional. Si ponemos esa capacidad de gestión con los recursos y la potencia del Estado creo que los cambios en Rosario pueden ser enormes.
—¿Gane quien gane se acompañarán en una hipotética gestión al frente del municipio?
—Por los datos que tenemos y lo que vemos en la calle vamos a ganar la primaria. Y lo que definimos cuando armamos esta primaria es que el candidato que pierda le va a presentar al que gane sus cinco líneas estratégicas.
—¿Cómo evalúa la gestión de Javkin?
—En términos generales los distintos gobiernos fueron una decepción. La gente buscó algún cambio votando a intendente, gobernador, presidente. Y nadie estuvo a la altura de ese cambio. El gran parate de la pandemia fue desaprovechado para encarar reformas estructurales en nuestro modo de vida, que bien podrían haber planteado los gobiernos. Y en este caso no escapa el intendente. Si nos hubiese tocado gobernar a nosotros podríamos haber planteado reformas que hagan a una vida mucha más sana, más justa. Una mejor forma de organizarnos como sociedad. Porque estamos construyendo una sociedad cada vez más desigual, más violenta y más invivible.
—¿Rescata algo positivo de la gestión en Rosario?
—Sí, en los últimos cuatro años hubo un nivel de diálogo político diferente al que veía en las gestiones anteriores. Hubo una apertura a dialogar, a entender que vivimos en una sociedad muy diversa, con representaciones fragmentarias. Cada partido político tiene una representación de una partecita de la sociedad. No hay un solo partido, y mucho menos una persona, que logre representar a la totalidad. Para representar a la totalidad es necesario diálogo político y ése es el camino que hay que profundizar. Por eso también el armado de coaliciones amplias, democráticas, donde la gente decida la orientación de esa coalición. Si de esta elección salimos con un cambio cultural, donde podemos armar coaliciones amplias, darle poder a la gente para que elija la orientación, y hacia adentro de la coalición respetar esa decision popular, eso va a ser un saldo positivo para la construcción de los futuros años. Creo que esta elección en Rosario no habla de los próximos cuatro años, sino de los próximos treinta años de la ciudad. El cambio cultural y político es posible y creo que se va a demostrar el domingo.

—El tema que más inquieta a los vecinos es la seguridad. ¿Qué plan tiene para sosegar semejante problemática?
—Venimos diciendo hace mucho que a la seguridad se la ataca por arriba, yendo por la ruta del dinero narco; por abajo, urbanizando los barrios, y por el medio, volviendo a gobernar los territorios que hoy no gobierna la democracia. Esta propuesta global también se usó para bajar los índices de homicidios en Medellín. En esta campaña viajé a Colombia. No a conocer, sino a reunirme con los equipos de Gobierno para hacer los acuerdos necesarios y que el 10 de diciembre viaje gente de Colombia para formar a nuestros cuadros. Una de las grandes diferencias con Sukerman, con la política tradicional, es que nosotros creemos que con este Estado que tenemos no podemos enfrentar los desafíos que existen. Tenemos que innovar y crear cosas nuevas.
—¿Por ejemplo?
—Nosotros votamos en el Concejo dos proyectos que son clave y estructurales, con los que vamos a gobernar. Uno el intendente ya lo puso en marcha de manera inicial, que es la agencia antilavado. Es un proyecto nuestro que hace diez años planteábamos que Rosario tenía y podía ir por la ruta del dinero narco. Vamos a apoyarla para convertirla en una agencia local de inteligencia criminal, unida con los vecinos, el poder judicial y la policía. Por abajo urbanizando los barrios populares. Creamos en diciembre del año pasado, en el Concejo, la empresa de desarrollo urbano. Es una idea que trajimos de Medellín. Es una empresa pública que básicamente tiene la capacidad de intervenir en el mercado del suelo, de la construcción y la urbanización de manera ágil, sin burocracia, dinámica, inteligente, no con un Estado bobo. Puede captar plusvalía urbana y desarrollar la ciudad allí donde el mercado no lo hace o asociarse con el mercado. Con esas herramientas no sólo vamos a urbanizar los barrios populares y recomponer ese tejido social roto donde el narcotráfico se mete y genera su mano de obra, sino que también vamos a poder construir en cada lote vacío que haya de la ciudad edificios para vivienda pública. Es un cambio de paradigma en torno a cómo garantizar desde la ciudad el acceso a la vivienda.
—El transporte también arrastra problemas. ¿Vas a proponer cambios profundos?
—Primero tenemos que decidir si vamos a emparchar el sistema que tenemos o vamos a pensar un cambio transformador y de fondo del transporte. Rosario no sólo puede, si no que tiene que dar un salto a la escala de la ciudad que es y al futuro, construyendo una red de metro. No nos podemos conformar sólo con el sistema de colectivos. Cuando estuve en Colombia visité Bogotá y Medellín. Bogotá tiene ocho millones y medio de habitantes y sólo tiene un gran metrobús que va de punta a punta de la ciudad. Es el único sistema que tiene. La ciudad es invivible. No te podés mover por el tráfico. Medellín, caso totalmente contrario, tiene menos habitantes y una línea de metro en altura, que va de punta a punta, un sistema de metrocable que te bajás de la estación de metro y te subís a los barrios populares en telesférico, tiene tranvía. De hecho la estrategia de transporte de Medellín fue una de las primeras estrategias urbanas para bajar la violencia.
—¿Y mientras tanto?
—En Rosario tenemos que hacer dos cosas. Una, mejorar el sistema de transporte urbano de pasajeros de colectivo yendo hacia una única empresa pública. Terminar con esto de que las líneas de colectivo rentables son privadas y las deficitarias son públicas. Rearmar el sistema de líneas para que pueda haber interconexión barrial, al tiempo que hacemos los acuerdos necesarios para que Rosario pueda diseñar y financiar una red de metro. Durante mucho tiempo nos hicieron creer que Rosario no podía por escala. Con todos los expertos internacionales con los que hablé no sólo me dijeron que es posible, sino que me recomendaron que lo hagamos cuanto antes porque mientras más grande es la ciudad, más costoso es el sistema. Estamos haciendo vinculos internacionales para lograr eso. No es un problema técnico, es un problema de financiamiento. Hay que salir a buscar los recursos. Este es el proyecto emblema para que Rosario de un salto al futuro.
—¿La idea con la obra pública es que pueda impulsarse con una empresa estatal?
—Un esquema donde se abra el juego, para desarrollar zonas que tienen infraestructura, con grandes avenidas, pero donde nadie va a invertir ni construir por cuestiones de seguridad, porque son zona aisladas. La herramienta fundamental de mi gobierno va a ser la empresa de desarrollo urbano. Donde el mercado no llega, llegamos con la empresa. Y donde el mercado puede llegar, pero no están dadas las condiciones, asociarse con el mercado para juntos generar ciudad y levantar zonas que hoy están degradas.
—La salud ha sido un emblema de Rosario. ¿La idea es conservar los lineamientos centrales?
—Hay que reconocer el trabajo hecho. Yo fui muy crítico con las gestiones, pero la red de salud es un ejemplo de Argentina. Sobre todo ejemplo de cuando no tenés las potestades, pero sí la voluntad. Hoy se puede trasladar esa misma lógica al tema de la seguridad. La salud, igual que la educación o la seguridad, son potestades provinciales. Sin embargo, en esta ciudad hubo un intendente como fue (Hermes) Binner que vio que había una necesidad, que en los barrios la gente se estaba muriendo por enfermedades evitables y dijo: por qué no construir una red de centros de salud, de atención primaria, y construyó un centro de salud en cada barrio. Se hizo, fue posible. Si uno piensa hoy una decisión política de ese nivel le parecería imposible y revolucionario. Bueno, en algún momento se hizo.
—¿No cambiarías nada en esa área?
—Hoy hay que revitalizar un sistema que tiene muchos años y sufrió un desgaste. La situación de los barrios es muy compleja. Sí es un salto para el momento actual complementar todo el sistema de salud que tenemos con el tema de salud mental. En los últimos tiempos, de la pandemia a esta parte, tenemos una sociedad cansada, angustiada, deprimida. Vengo señalando un dato que no es menor, que no tiene el debate público que merece: según el Ministerio Público de la Acusación, Rosario tiene un muerto por día en manos de la violencia criminal, pero también tiene un muerto por suicidio. Nos tiene que poner en alerta. No puede ser que eso no se debata y que no haya política pública al respecto. Ese problema de salud mental tenemos que abordarlo y eso también hace a un enfoque diferente de la política. Un buen gobierno tiene que ver con poner todos los recursos del Estado en función del proyecto de vida de la gente. Cuando uno detecta un fenómeno social tenemos que generar los dispositivos para ayudar a la gente. Lo primero es visibilizar el tema, debatirlo para encontrar soluciones.
—Se habla mucho de la nocturnidad, los cuidacoches. ¿Cuál es tu mirada?
—Son problemas de naturaleza distinta que se terminan mezclando. Hoy hay un problema de gobierno de territorio, más grave que el control. Hay zonas de la ciudad que están fuera del radar, que no gobierna la democracia sino otras fuerzas mafiosas. Hay que volver a gobernar esos territorios. Para nosotros hay una clave que es desencentralilzar las áreas de control municipal. Los distritos tienen un rol clave, que también fue una buena política del socialismo en su momento, pero que quedó en una fase administrativa. Ahí tenemos una cercanía territorial.
—Y el tema de los cuidacoches, que genera algunas posturas extremadamente duras por parte de algunos candidatos, ¿cómo lo evaluás?
—La cuestión de los cuidacoches es el chivo expiatorio de una política impotente que se hace la mala con los débiles. Recién veía propuestas de los intendentes con la cuestión de los cuidacoches y la verdad es que el discurso es cada vez más reaccionario. Políticos impotentes que, como no pueden resolver y enfrentar a las mafias, se hacen los malos con los cuidacoches. Es lamentable. De hecho (Carlos) Charly Cardozo termina como un socialdemócrata al lado de algunos. Dicen: los quiero presos a los cuidacoches… Yo quiero presos a los narcos. Ahora si vos después tenés en algún sector de la ciudad a gente que extorsione y demás, evidentemente hay que resolverlo. Nosotros planteamos un solución realista e integral al problema, que es un sistema de estacionamiento cuidado. Lo presentamos como ordenanza. Hay que hacer como en Mendoza o Punta del Este. Sacar las concesiones privadas y las máquinas como cobradoras del estacionamiento medido. Que haya cuidacoches que le cobren a la gente, que se encarguen del cuidado del vehículo. Que todos se registren, que sea un trabajo formal, que tengan derechos y obligaciones. Los que hacen bien su trabajo, regularizarlos, que cumplan la función de cuidacoches y prohibirlos en todas las zonas que no tengan estacionamiento medido. Es una propuesta realista, que resuelve el problema social de fondo, divide a los que extorsionan de los que trabajan. Y uno sabe que en las zonas de estacionamiento medido te cobran, como hoy, pero con inclusión social. Y en el resto de la ciudad está prohibido.
—En el tema del medioambiente hay preocupaciones visibles: la basura y la quema de humedales, a la que Rosario parece asistir con impotencia.
—Hay que plantarse de otro modo con el gobierno nacional, gobierne quien gobierne. Para distintos temas: seguridad, transporte o la cuestion ambiental, con el tema de los humedales. Necesitamos un intendente que se presente con el gobierno nacional de otra manera. No alcanza con presentar notas o proyectos de ley. Tenemos que hacernos valer como la ciudad que somos. Cuando sea intendente, el presidente que quiera pisar Rosario tiene que firmar un compromiso de cinco puntos que nosotros le vamos a proponer para que Rosario tenga recursos, traspaso de potestades.
—¿Y particularmente con el medioambiente?
—Desde la ciudad no podemos hacer un montón de cosas. Fijar el precio del dólar, controlar la inflación, pero sí mucho por el cambio climático. De hecho las principales políticas de cambio climático son locales. Urbanísticas, con el modelo de ciudad, con una planificación urbana que no promueva todo el tiempo la emisión de gases de efecto invernadero. Y, por otro lado, la cuestión de la basura y el reciclaje. Rosario tiene un fracaso enorme en términos de lo poco que recicla y lo mucho que entierra. Si fuera por la ordenanza de basura cero que se sancionó en los 90 hoy Rosario no tendría que enterrar nada de la basura que produce y sin embargo entierra 800 toneladas por día. Y paga por tonelada de basura enterrada. Sólo llega a reciclar el 5 por ciento. Es un esquema ineficiente en términos económicos. Todo el contrato de basura, desde la recolección hasta la disposición final, es el mayor gasto que tiene el presupuesto la ciudad. Es muy deficiente en términos ambientales. Y también ineficiente en términos sociales. Hoy el sector que más recicla son las y los cartoneros, que no están reconocidos dentro del sistema. Por eso generamos una ordenanza cuando se extendió el pliego de recolección de residuos, con un sistema de reciclaje con inclusión social. Incorporar a los recuperadores urbanos al sistema formal para que puedan concientizar casa por casa, para que la gente separe y entregue el material a los cartoneros. Es un sistema que está en Capital Federal, que existe. Está demostrado que cuando incorporás a los recuperadores urbanos multiplicás la cantidad de familias en la ciudad que separan y la cantidad de material separado termina siendo mucho más provechoso en términos de reciclaje. Es otra cosa que el intendente no puso en práctica y que va a ser uno de los ejes fundamentales de nuestro gobierno.

































