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Política

Rossi, un puente con el kirchnerismo y el problema de sostenerlo sólo con la foto de CFK

El Frente de Todos (FdT) transita su tercer mes de crisis abierta —luego de la renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque en Diputados—, no encuentra una síntesis que lo devuelva a la relativa estabilidad anterior y a la vez tampoco se encamina hacia un divorcio definitivo, irreversible. Las diferentes visiones continúan en curso, y en pugna. La crisis de representación se profundiza, sobre todo de parte del presidente que bajó fuertemente en la consideración pública, al tiempo que celebra su reciente paternidad: llegó Francisco. Tan fuerte se percibe el desgaste presidencial que Alberto se vio obligado, al momento de sacarse las fotos de rigor con su nuevo hijo y con su esposa, a aclarar que había trabajado “desde el Sanatorio” esas 48 a 72 horas luego del parto y hasta su regreso a la Quinta de Olivos.

Mientras tanto, el presidente, por ahora —tal cual lo expresó— “cambia pañales” y no cambia a nadie en el gabinete. El control de esfínteres, esa cualidad humana natural, le llevará a Francisco no menos de dos a tres años, un tiempo impensado para que perdure el gabinete de Alberto tal cual está hoy.

Sin embargo, y aunque todo parece aún “en pañales”, maduran novedades en el entorno más cercano al presidente. En las últimas semanas se profundizó la cercanía a Olivos de un dirigente relevante del peronismo, Agustín Rossi, que se muestra casi como un vocero externo en auxilio de un gobierno que perdió dramáticamente base social, y que acaba de recibir un golpe sin precedentes: el índice mensual de inflación más grande en 20 años.

El Chivo, que quedó dolido cuando fue renunciado de apuro del Ministerio de Defensa —decidió candidatearse a senador por Santa Fe contra la lista interna que apoyaron conjuntamente el presidente y la vicepresidenta—, avezado en estas lides y de larga trayectoria, no tiene rencores, y tiene un plan: llegar a la cima. Sus espaldas políticas que le rindieron muchos frutos a los distintos gobiernos kirchneristas (y también a Alberto) en su rol como diputado o como ministro de Defensa, fueron, sin embargo, insuficientes cuando intentó por dos veces (2015 y 2019) jugar una precandidatura presidencial. Respetado por muchos, con todo, no movió la aguja electoral, y por acuerdo político se terminó bajando de la contienda a tiempo. Las circunstancias de 2015 y 2019 no fueron similares, y no son motivo de esta nota.

Ahora, el rumor de la llegada de Rossi al gabinete de Alberto crece y crece. Sobre todo, porque la Casa Rosada necesita generar nuevos resultados y refundar las expectativas. Rossi quiere llegar al gabinete pero los espacios son “finitos”. Si como ciertos albertistas —tal vez no el propio Alberto—, generosamente fogoneados por medios de comunicación opositores, promueven el desplazamiento de Wado de Pedro (ministro del Interior), sería indisimulable la profundización de la ruptura con el cristinismo, una jugada al vacío para la Casa Rosada. Sobre todo si se observan las encuestas sobre el conflicto Alberto-Cristina en la provincia de Buenos Aires, donde para los votantes del FdT Cristina le gana a Alberto 4 a 1 respecto de “quién tiene razón”.

Otro lugar posible para el Chivo en la Casa Rosada —acorde a este nuevo momento político suyo con el gobierno nacional— sería la Jefatura de Gabinete de ministros. Juan Manzur ya perdió su impronta inicial (asumió en septiembre de 2021), cuando armaba reuniones a las siete de mañana, y aceleraba la maquinaria desgastada que tenía Alberto al momento de la grave derrota de las elecciones Paso del año pasado. La política, y sus complejidades, no se resuelven levantándose temprano: es raro, pero sigue habiendo quienes proponen soluciones voluntaristas a problemas estratégicos.

Con todo, Manzur continúa ligado al “norte grande” de la Argentina, al cabo el territorio que, junto con el conurbano bonaerense, continuaron electoralmente en manos del FdT en las elecciones generales de noviembre pasado. “Tocarlo” a Manzur para poner a Rossi, aunque no imposible, tampoco parece gratis para el presidente.

El plan de Rossi tiene su lógica y no le falta audacia: sostener desde afuera, o desde adentro, al gobierno en su momento más crítico, en términos de vínculo electoral con sus votantes, y todo con un matiz que otros dirigentes amigos (tal vez los “cinco amigos” que dijo Máximo Kirchner) no pueden mostrar: su larga fidelidad al kirchnerismo, tanto a Néstor como a Cristina.

Agustín Rossi, el ingeniero, busca construir ese puente imaginario del kirchnerismo al albertismo, habla de garantizar elecciones internas en la Paso de 2023 (eso que le fue negado en los últimos dos turnos electorales presidenciales). Pero su audacia política juega en el límite del tacticismo. Se vio claramente en el plenario del Patio de la Madera en Rosario —la semana anterior—, donde estuvo acompañado de miembros albertistas del gobierno al tiempo que todo transcurría con la cara de Cristina de fondo en pantalla gigante.

El problema de esa estrategia es que Cristina no está inactiva, ni muerta, ni es el pasado político de la Argentina. No funciona sólo como un ícono congelado y ecuménico del movimiento nacional y popular. La expresidenta habla, interviene, orienta, toma posiciones, ofrece sus propuestas políticas desde el Senado, de los estrados de donde habla, y con las cartas que publica. Y entre otras cosas, señala sus críticas al presidente. “Que te pongan la banda y el bastón es un poquito de poder, no todo el poder. Ni te cuento si además no se hacen las cosas que hay que hacer, pero dejémoslo ahí”, expresó hace pocas horas ante un selecto auditorio de la EuroLat, en el Centro Cultural Kirchner.

Mientras, desde el Instituto Patria despliegan su plan con prudencia, y sin prejuicios. “Nadie va a romper el frente ni irse a ningún lado”, aseguraron a Suma Política desde la calle Rodríguez Peña. El kirchnerismo seguirá dentro del frente, acompañando o mostrando sus diferencias, según los momentos. ¿Cuánto tiempo se puede convivir con tensión política en la cúpula del poder?

Para el Patria, ese tema no es central: “La clave es recuperar una política que revierta la pobreza, que incluya, y que mejore sustancialmente el poder adquisitivo de la base de la pirámide social. La cuestión de la interna es menor al lado de ese desafío”, deslizan.

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