Raúl Alfonsín impulsó la producción de una miniserie para la TV sobre el juicio con las 525 horas de material grabado. La encargó al dramaturgo Carlos Somigliana, cuya pluma fue clave para el alegato final de Strassera. De aquella primera selección de fragmentos proviene el material de archivo más conocido hasta la actual exhumación. En 1987 falleció Somigliana y con él también la idea de producir la serie. En rigor, desde el año anterior ya se gestaban las condiciones que llevaron a la sanción de las leyes de obediencia debida y punto final, durante el radicalismo en el poder.
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