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Informe

Al lado del camino: las zonas sin cultivo son todo menos improductivas

Dentro de la maraña de recortes a toda norma que busca cuidar el ambiente en Argentina aparecen dos proyectos ingresados al Congreso de la Nación que proponen ampliar la superficie de cultivo en los bordes de rutas nacionales, limitada desde el año 2008 bajo criterios de resguardo ecológico. Se estima que en la Argentina se siembran cada año alrededor de 40 millones de hectáreas entre granos, cereales y otras producciones, y de prosperar estos proyectos —hay uno impulsado por un diputado bonaerense del PRO, Javier Wbra, y otro muy parecido de una diputada del peronismo, Agustina Propato— se agregarían unas 50 mil hectáreas de tierras más, sobre todo en la zona núcleo agropecuaria donde se encuentra Santa Fe. El problema es que esas franjas que hoy no se cultivan están lejos de ser “improductivas”, como mencionan los legisladores y repite el gobierno nacional, sino que por el contrario son resguardo de una enorme biodiversidad que redunda en beneficios ecosistémicos clave para la salud humana, así como para la propia producción. Así lo explicó Celina Fernández, ingeniera agrónoma, docente e investigadora de la UNR, para quien esta propuesta “es un claro retroceso que demuestra la gran ignorancia imperante” entre quienes se dedican a tomar decisiones que afectan a toda la población. “Decir que estas franjas sin cultivo no son productivas es desconocer sus funciones. Una parte importante de la población y de los legisladores piensa que esas áreas no sirven para nada y eso es un problema, fruto del desconocimiento”. 

A contramano de lo que proponen desde el PRO y el peronismo, el diputado nacional por el socialismo santafesino Esteban Paulón presentó otro proyecto que busca “garantizar la seguridad vial, prevenir usos indebidos del espacio público vial y promover el desarrollo de corredores biológicos”.

Los proyectos

Los sistemas agropecuarios son complejos y la producción de alimentos se sostiene sobre un cúmulo de procesos ecológicos, con la biodiversidad como protagonista. Las zonas verdes aledañas a rutas y caminos rurales que logran escapar de máquinas y agroquímicos son productivísimas, solo por existir. Pero la política se mueve por otras lógicas, y la actual está dominada por la billetera y la necesidad de sumar ingresos a las arcas de las provincias, asfixiadas por Nación. Desde esa óptica —además de la más absoluta falta de conocimientos— se explican los proyectos de Wbra y de Propato, que insólitamente se están discutiendo en la Comisión de Transporte de la Cámara de Diputados y que cuentan con el apoyo de entidades ruralistas y afines, como la Fundación Barbechando. A estos proyectos se sumó el de Paulón, que más allá de las consideraciones sobre la seguridad vial apunta a ver a estos espacios como importantes corredores biológicos para la conservación de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos asociados. Es así que el “Programa de creación de corredores biológicos en banquinas y zonas de camino” del legislador santafesino tiene varios objetivos, entre los cuáles se destaca la conservación de la biodiversidad y la conectividad ecológica en paisajes agrícolas fragmentados, así como la provisión de hábitat para la fauna nativa y el control biológico de plagas. También apunta a mejorar la estructura y fertilidad del suelo, reduciendo la erosión eólica e hídrica. Finalmente, los argumentos recuerdan que la protección de la biodiversidad vegetal nativa es un resguardo frente al uso masivo de herbicidas en zonas de camino.



Más naturaleza, más producción

Celina Fernández, que estudia y trabaja sobre el tema en el ámbito de la facultad de Ciencias Agrarias de la UNR, subrayó que eliminar estas zonas de resguardo de biodiversidad “sería un claro retroceso” ya que tanto las banquinas como los bordes de las vías de ferrocarril constituyen ambientes de vital importancia para mantener varias de las funciones del sistema y —en particular— la producción de alimentos. “En varios lugares de la región pampeana estos ambientes constituyen verdaderos relictos del pastizal pampeano con un altísimo valor ecológico y cultural. Las especies nativas que lo componen forman parte del acervo genético de la región y un patrimonio común para todos”, señaló la investigadora, que destacó que se trata de áreas fundamentales para la conservación de la biodiversidad y del patrimonio cultural y natural. “Estas zonas verdes sin cultivos brindan servicios ecosistémicos fundamentales para la actividad agropecuaria y la calidad de vida, como polinización y control natural de plagas y enfermedades”, dijo, para agregar que eliminar estos parches naturales “sería un retroceso tremendo a contramano de lo que se está haciendo a nivel mundial, donde hay cada vez más áreas con vegetación espontánea”.

El modelo santafesino

Fronteras adentro, la gestión ambiental de Santa Fe tiene desde hace varios años legislación que prohíbe el cultivo en franjas que bordean las rutas nacionales. Así lo recordó el ministro de Ambiente y Cambio Climático, Enrique Estévez, para quien la propuesta que se debate en Diputados es retrógrada. “El retroceso de la biodiversidad afecta negativamente a la producción agropecuaria. El desarrollo productivo de la Argentina no necesita parches ni miradas cortoplacistas, necesita integralidad y sostenibilidad a largo plazo” señaló el ministro, quien sostuvo que todavía persiste la “idea errónea” de que las banquinas son tierra improductiva u ociosa. En ese punto, defendió el concepto de corredores biológicos que retoma el proyecto de Paulón: “Esos corredores son la última red continua de vegetación nativa y biodiversidad que le queda a nuestros paisajes”. Además, recordó el camino recorrido en ese sentido en Santa Fe, que comenzó bajo la gestión de Hermes Binner, cuando se prohibió la siembra en esos sectores y se declaró a las banquinas de la autopista Rosario–Santa Fe como el primer corredor biológico provincial. Esto se consolidó tiempo después con la sanción de la Ley del Árbol, que estableció expresamente la creación de corredores biológicos en los márgenes de las rutas provinciales para conservar la vegetación nativa y favorecer los ecosistemas agrícolas. “Utilizar las banquinas para el cultivo intensivo degrada el suelo, elimina las zonas de amortiguamiento y rompe el equilibrio hídrico”, dijo el ministro, para quien sembrar la banquina para ganar unos metros es “pan para hoy y hambre para mañana”. “Cuidar la biodiversidad es cuidar la producción, la salud de los suelos y la competitividad de nuestra región”, concluyó.


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