Una frase mediática, o callejera, o ambas cosas, que fatiga a todo el sistema político y a la democracia, “los diputados y senadores no trabajan”, justamente no aplicará para los 20 días cruciales que le restan al mes de la primavera, y con seguridad a los 70 días posteriores hasta diciembre cuando cierre de ciclo de Ordinarias. En ambas cámaras se cocinan gran cantidad de temas, la tensión es grande, y el final, como tantas veces, abierto.
La semana parlamentaria terminó a puro escándalo, en este caso en el Senado, con un nuevo quiebre en el débil elenco de la Casa Rosada. El gobierno consiguió sacar adelante el dictamen que llegó con media sanción en revisión de Diputados sobre la reforma del Banco Central de la República Argentina (BCRA), pero en el mismo acto, ante los senadores, el presidente del BCRA, Santiago Bausili, desbarrancó y abrió un nuevo problema para la Casa Rosada: ante la consulta sobre dónde están los lingotes de oro que opacamente el gobierno de Milei envió al exterior dijo que parte de las reservas exportadas se encuentran en Suiza, cuando según una investigación de la senadora Juliana Di Tullio (y Martín Soria), los lingotes por un valor de unos cinco mil millones de dólares están en una bóveda de un banco de Londres.
Bausili dijo en el Senado: “La Auditoría General de la Nación (AGN) tuvo acceso a esa información –sobre el movimiento de los lingotes desde la Argentina al exterior–, la revisó, y por eso completó sus informes de auditoría sin comentarios”. Un simple chequeo ante la AGN (nota 840/26-P) de Di Tullio, tuvo como respuesta: “La información remitida por el BCRA se encuentra aún en proceso de análisis por demora –más de un año– incurrida por la autoridad monetaria en dar acceso a la misma, no ha concluido el análisis de la documentación remitida por el BCRA”.
Ocultar que el oro se fue para Inglaterra y simular un destino en Suiza que no es tal, para acompañar el volantazo malvinero, parece la trama obvia que los senadores peronistas están a punto de develar. Los volantazos traen sus consecuencias, a veces impensadas.
Por lo demás, en el Senado, luego de que este jueves volviera a naufragar la sesión por falta de acuerdo con la ley de biocombustibles, ahora el foco pasa para el próximo martes, cuando en comisión el oficialismo empiece a sondear la posibilidad de la reforma política. Es doble el apremio para la Casa Rosada; el acompañamiento de los senadores provincialistas para meter semejante reforma (sacar las PASO para 2027 necesita 37 voluntades) se retrasa, o directamente no está, a la vez que la justicia electoral ya le puso una estocada con una acordada preventiva donde le avisa que para suspender o eliminar la PASO la eventual reforma debería estar lista en 2026, y no en el inicio de 2027, como algunos soñaban, de acuerdo al desenvolvimiento del devenir político, en el oficialismo y también en la oposición.
Presupuesto bajo la lupa
En paralelo, entrará la próxima semana el Presupuesto (Diputados) y media docena de gobernadores antes amigos, ahora quieren mirar en detalle las planillas complementarias donde se inscriben renglón por renglón qué obras se presupuestan, y con cuánta inversión efectiva para 2027, para recién luego dar su apoyo o no. Así como a los deudores familiares de medios, bajos y muy bajos ingresos que en su retroceso ante el brutal ajuste se guarecieron transitoriamente en préstamos usurarios de las fintech y en el mejor caso de los bancos –y que ahora, en un semestre, colapsan y provocan un desastre económico social de consecuencias aún no dimensionadas en su totalidad–, la Casa Rosada también da síntomas de colapso: el giro malvinero desesperado, inverosímil, buscando hacer política con puro tacticismo, y con resultados inciertos; la celebración desmesurada de un número de inflación para agosto –1,7 por ciento–, “vaaaaaamooooo TOTO..!!!” de parte del propio presidente por la red X, en medio del hundimiento de la actividad económica (con excepción de unos pocos rubros que no llegan ni al 5 por ciento de la población), ya dan cabida en el Congreso, al igual que de los muros hacia fuera del Palacio, a la pregunta incómoda sobre la reelección de Milei.
En el círculo rojo, en sus distintas facciones, sueñan con un reemplazo del loco que ya dio todo lo que tenía para dar, y que, de ahora en más, tal vez sólo traiga problemas. Pero, se sabe, nadie lo admitirá hasta tanto no se configure un reemplazante. El poder no abandona a un hijo pródigo hasta tanto no tenga a quien intente sustituirlo. Toda esta conversación ya permea en los pasillos y despachos del Congreso, y explican en buena parte por qué LLA empieza a perder el control de las cámaras, algo impensado en el verano pasado, cuando disfrutaba del triunfo de octubre.


La simulación
Para muestra del momento político, vale un detalle retrospectivo de la sesión que concretó la oposición el pasado 9 de septiembre. Casi siempre en los recintos del Congreso la fuerza política que pierde una votación importante, busca inventar una narración auto contemplativa para procesar el mal momento, reducir el impacto, y mirar para adelante; no muy distinto a los jugadores de fútbol cuando se prometen (luego de una derrota) “trabajar en la semana para mejorar”. “Es normal, todos lo hicimos, todos hemos perdido votaciones”, los alivió el diputado Germán Martínez (UxP) a sus colegas de LLA y aliados, luego del golpe político que sufrió el oficialismo el miércoles pasado con la sesión de emplazamientos para tratar Prórroga a la emergencia en Discapacidad y deudores morosos.
Sin embargo, no es “normal” como amablemente les concedió Martínez a los libertarios, votarse en contra para ocultar una derrota, claramente ya a la vista en los momentos previos del inicio de la sesión. LLA trabajó palo y palo con los gobernadores (¿ex?) afines en los días previos para voltear la sesión del 9 de septiembre, convocada por opositores, pero no le alcanzó; entonces para evitar la foto del ingreso apurado al recinto con el quorum ya constituido, optaron por una opción a mitad de camino: pararse al lado de la banca, pero no sentarse (hasta que la oposición juntó un número holgado de 135).
Finalmente, ya con la sesión en marcha, en un primer momento y amparado en una votación a mano alzada, LLA impidió que prosperara la votación con dos tercios de los presentes para convertir el recinto en comisión y empezar ese mismo día 9 de septiembre a tratar los dos temas que han desbordado todo cálculo político del gobierno (y de la oposición también). Luego, tras la propuesta concreta de emplazamiento y con votación nominal, sobrevino la pirueta táctica ya por todos conocida, LLA y sus aliados se sumaron a la oposición y votaron en positivo el (auto) emplazamiento a las comisiones que presiden, para dictaminar, redondeando un sorprendente 149 a 0 en el tablero. El 23 de septiembre Discapacidad, y el 29 de este mismo mes, morosos.
Toda esta minucia, ya un poco antigua –del pasado 9 de septiembre–, sin embargo, conserva el valor de novedad política en el sentido que caracteriza la etapa en el Parlamento, la creciente debilidad del oficialismo, y un tacticismo confusionista (para el público no especializado, la gran mayoría de los argentinos, que en el mejor de los casos mira de refilón los debates del Congreso). “Si te vas a votar en contra cada vez que estás por perder para que no se note que perdés, el Congreso se transforma en cualquier cosa, lo hacen para confundir, no los conduce a ningún lado”, soltó a Suma Política un diputado con varios ciclos en el Congreso.
La táctica de finalmente acompañar con los votos al que gana, cuando hasta minutos previos se estuvo pujando en sentido contrario, desde ya que ha ocurrido, y ocurrirá en determinadas situaciones de la disputa parlamentaria (así y todo, de manera excepcional). Sin embargo, la votación de 149 de 0, en este caso, y por tratarse de un simple emplazamiento, no implicará que el oficialismo ceda su intención por desbaratar toda la iniciativa opositora. Ahora vendrá la pelea dentro de las comisiones donde LLA intentará volcar algún voto para evitar dictámenes de mayoría adversos, o lo más peligroso para el acuerdo opositor, se meta dentro del dictamen de mayoría buscando esterilizarlo para transformarlo en inocuo o letra muerta.



































