Mejorar la economía y combatir a la casta, las principales banderas simbólicas con las que llegó al poder Javier Milei, empezaron a mostrar señales de desgaste. La pulverización de los ingresos, la escalada inflacionaria y los sucesivos casos de corrupción comenzaron a desgastar la imagen del gobierno.
“El 67 % de los argentinos considera que el gobierno rompió el pacto anticasta y terminó siendo parte de aquello que prometía combatir”. Y los datos sobre la economía doméstica terminan de darle cuerpo concreto a ese malestar: el 81,6 % de los consultados reconoce que en los últimos seis meses tuvo que resignar algo para sostenerse, desde salidas, ocio o consumos no esenciales hasta compras habituales del hogar y, en los casos más delicados, gastos básicos como alimentos, salud o servicios.
Los datos se desprenden del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, especializada en estadística y análisis sobre economía y política, la cual indicó que “la promesa de enfrentar a la denominada casta, que durante meses funcionó como núcleo de legitimidad política y moral del oficialismo, aparece hoy más debilitada frente a una opinión pública que empieza a simbolizar al gobierno como esa continuidad de prácticas que decía venir a combatir”.
Según la consultora, “tiembla el relato libertario”, debido a que la percepción de corrupción en el gobierno de Javier Milei ya dejó de ser un tema lateral para convertirse en un factor central del desgaste oficialista.
El dato más delicado para el oficialismo no es sólo que el 57,3 % perciba corrupción generalizada en la gestión o que el 60,2 % interprete las denuncias como parte de un problema general de gobierno, sino que esa lectura empieza a golpear directamente sobre la promesa con la que Milei construyó su legitimidad: la idea de venir a enfrentar a la casta.
Cuando el 66,6 % afirma que ese pacto se rompió y que el gobierno terminó siendo parte de aquello que prometía combatir, “lo que se erosiona no es únicamente la imagen de una administración, sino el núcleo simbólico que le daba sentido político a su discurso”, indicó la consultora dirigida por el economista Claudio Montiel.


En otras palabras, la sociedad empieza a percibir una contradicción entre el relato fundacional del mileísmo y la forma en que hoy se interpreta su ejercicio del poder.
Por otra parte, según indicó el informe, ese deterioro no puede leerse sólo como un fenómeno opositor, ya que la corrupción aparece como el “principal desafío del país”, incluso entre quienes votaron al oficialismo en 2025, por encima de otras variables muy sensibles como el desempleo, la inflación o el salario.
Aunque los números son una señal de alerta para el gobierno, aún no todo parece perdido. Esto es así porque la manera de procesar esta convicción de un aumento de la corrupción es distinta según el posicionamiento político: entre oficialistas todavía predomina una lectura que busca encapsular el problema en casos aislados y preservar parte de la excepcionalidad moral del gobierno; entre opositores, en cambio, se consolida una mirada mucho más dura, donde la corrupción ya no aparece como desvío sino como rasgo de época del oficialismo.
“Esa diferencia revela dos cosas al mismo tiempo: que Milei todavía conserva un núcleo dispuesto a amortiguar el costo reputacional, pero también que por fuera de ese núcleo el veredicto social se volvió mucho más severo”, concluyó el informe de Zentrix.
Por eso, el problema de fondo para el gobierno no es sólo el impacto coyuntural de las denuncias, “sino que la bandera anticasta, que durante meses funcionó como fuente de autoridad moral y de tolerancia política frente al ajuste, empieza ahora a invertirse y a transformarse en un punto de vulnerabilidad”, agregó.
Poca voluntad de acción
El estudio muestra que la pérdida de credibilidad del gobierno frente a los casos de corrupción no se agota en la percepción sobre hechos ya conocidos, sino que empieza a comprometer algo todavía más profundo: la confianza en su voluntad real de prevenirlos.
El 66,6 % de los consultados considera que la administración de Javier Milei no está comprometida con evitar hechos de corrupción, contra apenas un 32,2 % que le reconoce algún grado de compromiso. Ese dato es políticamente delicado porque corre la discusión desde las denuncias puntuales hacia una sospecha más estructural sobre la forma de ejercicio del poder.
Ese “deterioro moral”, se suma además al desgaste de gestión y hace que hoy, según datos de la consultora, la aprobación presidencial llegue a apenas el 33,1 %.
La plata no alcanza
A este desgaste por las denuncias de corrupción y por la ruptura del pacto anticasta se le suma un malestar económico que Zentrix ya viene registrando en las mediciones previas y que en abril vuelve a aparecer con mucha fuerza en la vida cotidiana de los hogares.
Los datos sobre economía doméstica confirman ese malestar: el 81,6 % de los consultados reconoce que en los últimos seis meses tuvo que resignar algo para sostenerse, desde salidas, ocio o consumos no esenciales hasta compras habituales del hogar y, en los casos más delicados, gastos básicos como alimentos, salud o servicios.
De esa manera, el ajuste “dejó de ser una discusión abstracta para convertirse en una experiencia cotidiana de privación”, explicó Zentrix, donde “una parte importante de la sociedad ya no está recortando excedentes, sino aspectos centrales de su vida diaria”.
Ese impacto material es otro de los pilares del desgaste político de la gestión Milei. El 86,6 % de los consultados siente que su salario no le gana a la inflación y el 60,4 % afirma que sus ingresos le alcanzan sólo hasta el día 20 del mes, datos que van erosionando la credibilidad en torno a las políticas oficiales y donde las denuncias de corrupción provocan mayor irritabilidad entre la población.


Los datos de la economía que difundió el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) en abril toman cada vez más distancia de la vida cotidiana de los hogares. “El 70,3 % de los consultados considera que el dato oficial de inflación no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida cotidiana, un salto importante respecto de enero, cuando esa mirada alcanzaba al 56,4 %, el valor más bajo de la serie”, indicó el informe.
“Cuando la inflación oficial deja de coincidir con la sensación cotidiana de encarecimiento, el problema deja de ser estadístico y pasa a ser político, porque se debilita la confianza en una de las referencias centrales con las que el gobierno busca reforzar el debate económico”, agregó la consultora.
Esa desconfianza encuentra una explicación concreta en el bolsillo. El 86,6 % afirma que su salario no le gana a la inflación, el peor registro de toda la serie reciente, por encima del 74,7 % de enero y del 83,9 % de marzo.

En informes anteriores, Zentrix ya había mostrado que el deterioro de los ingresos y la necesidad de resignar consumos empujaban a los hogares a una lógica cada vez más defensiva.
En abril, esa tendencia no se revierte: el 60,4 % dice que sus ingresos le alcanzan sólo hasta el día 20 del mes, y el clima general sigue marcado por la sensación de pérdida.
Aquí no hay hijos y entenados. De hecho, entre quienes votaron al oficialismo en 2025, una amplia mayoría sostiene que su salario no le gana a la inflación. De todos modos, este grupo conserva una lectura más tolerante del presente; entre los opositores, en cambio, la percepción negativa sobre el ingreso es prácticamente unánime. “Esto sugiere que el dato oficial todavía puede ser parcialmente amortiguado por la identidad política, pero ya no alcanza para neutralizar el malestar material”, concluyó el informe.



































