Connect with us

Hi, what are you looking for?

Política

La bandera de Malvinas en el Mundial y otro gol en contra del gobierno

El gobierno de Milei volvió a quedar en offside frente a una expresión popular, masiva y espontánea. No las entiende, no las siente propias y, por lo tanto, las desprecia y rechaza. Le pasó hace poco más de un mes con la muerte del Indio Solari y le volvió a pasar ahora con la reivindicación de la soberanía nacional en Malvinas por parte de los jugadores de la selección argentina. 

Dos goles en contra provocados por la torpeza y el resentimiento, en el caso del Indio, y por sumisión y fanatismo, en el caso de Malvinas. No se pretende aquí poner en un plano de igualdad las connotaciones políticas de ambos hechos, pero sí seguir el hilo que los une: son manifestaciones populares genuinas. 

***

Cuando murió el líder de Los Redondos, la familia pidió que sus restos fuesen velados en el Congreso de la Nación; Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados y de estrecho vínculo con los hermanos Milei, rechazó el pedido argumentando que no podían garantizar la seguridad. 

Una excusa floja de papeles, que se apoya exclusivamente en prejuicios ideológicos. En el Congreso fueron despedidos los restos de Sandro, Mercedes Sosa y Leonardo Favio, entre otros ídolos populares que hicieron mucho por la cultura argentina. Diego fue velado en la Casa Rosada. 

El velatorio del Indio finalmente se realizó en el polideportivo José María Gatica, de Villa Domínico. Durante más de 20 horas desfilaron cientos de miles de ciudadanos y no se produjo ningún tipo de incidente. Solo hubo lágrimas, dolor, gratitud y amor. 

Esta semana, mientras un país entero se conmovía por un triunfo memorable y una bandera escrita sobre una sábana de hotel con una leyenda que es una declaración de derechos y soberanía, “Las Malvinas son argentinas”, en la Casa de Gobierno comenzaban a acelerar la estrategia para tratar de quitarle entidad, bajarle el precio, con una premisa de fondo: que no se moleste el gobierno británico. 

A las pocas horas el propio presidente comenzó a transitar medios de comunicación para diferenciarse de lo que había pasado en Atlanta, minutos después de que la selección argentina eliminara, otra vez, a Inglaterra de un Mundial. “No hay que caer en slogans berretas, populistas, nacionalistas, rancios”, repitió. Y después señaló que “las Malvinas se recuperan con diplomacia sabia y no con gestos de patrioterismo baratos, berretas”, aunque nunca explicó de qué manera un reclamo genuino, ante los ojos del mundo entero, podría afectar su estrategia. Una estrategia que, por otra parte, nunca fue explicitada por su gobierno. Lo único visible es que se ha encomendado a que Trump interceda ante Gran Bretaña por Malvinas. No es precisamente una estrategia de alta diplomacia ni tampoco queda claro por qué a Trump, un populista consumado, le podría molestar acompañar un pedido de un grupo de jugadores exitosos e idolatrados a nivel global. 

Por lo pronto, el triunfo de la selección ante Inglaterra activó a la Cancillería argentina. El Ministerio de Relaciones Exteriores anunció que presentó una nota formal de protesta a la Embajada del Reino Unido para expresar su rechazo a la intromisión del buque HMS Medway destacado en las Islas Malvinas y de cuyos movimientos la Argentina no fue debidamente notificada. El reclamo se produjo diez días después de sucedido el hecho. 

***

El disparate del gobierno argentino, en realidad, había comenzado un par de días antes del partido; la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, acordó con autoridades de Fifa la prohibición de ingresar con banderas o remeras que hiciesen referencia a Malvinas al partido contra Inglaterra. “Tuvimos una reunión y definimos que no se podrá entrar a la cancha con contenido provocativo”, contó la funcionaria. Es decir, reclamar por el derecho argentino sobre Malvinas es para la ministra una provocación. 

Nada de esto debería resultar extraño en un gobierno cuyo máximo exponente, que es el presidente de la Nación, admite que una de las figuras que más admira es Margaret Thatcher, la premier británica que en 1982 ordenó atacar al crucero General Belgrano fuera del área de exclusión —por lo tanto, no era un objetivo militar— y causar la muerte de más de 300 argentinos. 

***

El gobierno se hizo dos goles en contra porque no entiende —y nunca lo va a hacer— de sentimientos populares, que viven y laten afuera de las redes sociales. Este jueves por la noche se vio un indicio en el partido por Copa Argentina entre Boca y Sarmiento de Junín. Dos trapos gigantes se lo recordaron al presidente; uno de ellos rescató la frase del Indio que se escucha en Pabellón Séptimo, “Nadie es capaz de matarte en mi alma”, y otro el mapa de Malvinas pintado de azul y amarillo. Ambos con la firma identitaria: Jugador N° 12. 



El día antes, Rosario Central publicó en sus redes la imagen de Gio Lo Celso desplegando la bandera de Malvinas; lo mismo hicieron otros clubes. Y varios jugadores de la selección también, como cuando después del partido con Inglaterra le pidieron a Leandro Paredes que complete la frase de la bandera “Las Malvinas son argentinas”. “Y siempre lo serán”, dijo.

Esta semana vuelve el fútbol local. Habrá que ver si estas primeras señales en dirección contraria a las acciones del gobierno se replican en las canchas o terminan remitiéndose a un momento puntual. En el gobierno de Macri, cuando el fútbol tomó partido y las canchas empezaron a hacerse oír, fue el comienzo del fin. No significa que vaya a suceder ahora. 



Bolsillos vacíos

No fue lo único de la selección que causó malestar en el gobierno nacional; tanto ruido como la bandera desplegada sobre el césped ocasionaron las palabras de Messi referidas a los argentinos que no llegan a fin de mes. Ninguna revelación, apenas la constatación de lo que se ve todos los días. Sin embargo, en la boca del capitán argentino tuvo el efecto de la kriptonita para Milei.

“Estamos orgullosos y felices de poder regalarle esta alegría a la gente. Sabemos que los mundiales para nosotros son especiales y nos olvidamos de todo lo malo que nos toca pasar; hay gente que la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o la vive peleando. Es la vida nuestra, lo que nos tocó siempre”, dijo Messi en la charla con el periodista Marcelo Benedetto después del partido. Una síntesis ajustada a la realidad, tanto que ni siquiera estuvo apuntada exclusivamente a la gestión libertaria. 

El gobierno no pudo aceptar que se hable de una realidad tan notoria que a las pocas horas salió el nuevo vocero presidencial a tratar de tapar el sol con las manos. “No coincidimos en el Gobierno con esto de que la gente no llega a fin de mes”, dijo Adrián Ravier, el funcionario que llegó para tratar de hacer olvidar a Adorni, un devoto practicante del estilo de vida de la casta que dijo venir a erradicar. “No dudo de que hay personas que atraviesan esa situación, pero decirlo de manera general da la sensación de que todos viven la misma realidad”, sostuvo el flamante vocero. 

Paralelamente, el gobierno comenzó a mover sus fichas para tratar de no quedar afuera del recibimiento a la selección, que será multitudinario cualquiera sea el resultado en la final. Ya ofreció la Casa Rosada para que el equipo salude desde los balcones sin la presencia de funcionarios y hasta evalúa anunciar un asueto por 48 horas. 

Después de dos goles en contra, que no fueron fruto de la fatalidad como suele suceder en el fútbol, sino que llegaron como respuesta al fanatismo ideológico libertario, el gobierno se dispuso hacer control de daños. Pero para algunas cosas ya es tarde. Hay decisiones que quedan en la memoria colectiva, por más que después haya asueto y balcón. 


Facebook comentarios

Autor

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar