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Política

El feriado que no fue y un presidente que volvió a quedar descolocado

La escena del Mundial, con un impacto brutal e hiperbólico en la vida pública a medida que la Scaloneta avanzaba en las fases de la competencia hasta llegar a la final, naturalmente constituyó un desafío y, a la vez, una oportunidad para la Casa Rosada. El presidente Milei trastabilló, no estuvo a la altura en ningún tramo, y terminó como un descolado mueble viejo, según reza el mítico tango Mano a mano. Sin comunicación con la AFA, la Casa Rosada salió a la pesca con un anuncio confuso respecto de un posible feriado nacional para los festejos, que finalmente nunca ocurrió. No es necesario aclarar que el fútbol, sus pasiones, resultados y repercusiones, están constituidos también de contenidos políticos. Al cabo, son los presidentes —de la FIFA y de la AFA—, y de los países organizadores e intervinientes los que están ahí, en los palcos, en los momentos culminantes, para la gestualidad final —premios— cuando la fiesta, gigantesco negocio global, encuentra su final.

Habían pasado unas dos horas del partido final, con la derrota digna de la Argentina en el campo de juego, y con los hinchas saliendo de todos modos a las calles para agradecer al equipo “que lo dio todo”, cuando Milei se mandó con un tuit —sugerido, luego se supo, por un periodista asesor presidencial— anunciando un feriado nacional, aunque curiosamente sin fecha, a merced de “lo que decidan los jugadores y el cuerpo técnico” respecto del día de la celebración.

El equipo nacional de fútbol, en la era moderna, consiguió dos subcampeonatos, 1990 y 2014. Fueron dos derrotas —polémicas— con Alemania por la mínima 1 a 0, a diferencia de la actual, también mínima aunque con amplias diferencias en el desempeño en el campo de juego, a favor del campeón España. En las dos oportunidades anteriores el equipo nacional retornó completo a Buenos Aires —esta vez Messi volvió por su cuenta un día después— y se presentó en la Casa Rosada. En 1990, con Diego Maradona a la cabeza, hubo saludo desde el balcón de la Casa Rosada a la Plaza de Mayo repleta, y en 2014, unas sentidas palabras de Lionel Messi junto a todos sus compañeros y a la presidenta de entonces, Cristina Kirchner.

Pero en este 2026 las cosas fueron distintas: el miedo persistente del actual gobierno a cualquier expresión popular callejera es palpable. Ya sea por celebración, agradecimiento o protesta, el mileísmo tiene pánico a la gente en la calle. La represión es una constante de las expresiones callejeras, incluso en oportunidad del mismo domingo por la noche, post partido, la zona del Obelisco de Buenos Aires terminó al modo batalla campal, gases lacrimógenos, balas de goma, una quincena de detenidos y decenas de heridos, incluso también entre los policías que intervinieron en el operativo.

La sobreactuación presidencial del “feriado nacional” que nunca fue actuó en sentido contrario en el ánimo de los jugadores de la selección. En la misma noche, en New York, ya la AFA sugería que el plantel se disgregaba y que sólo un grupo llegaría el lunes a Buenos Aires. El recibimiento del avión en un hangar de Ezeiza con una alfombra roja hasta un micro que recorrería los cuatro kilómetros hasta el predio de la AFA, fue la muestra final del fracaso presidencial: la autoridad que se presentó al pie de la escalerilla a recibir a la delegación (con Nicolas Otamendi —vice capitán—, Lionel Scaloni y Claudio Tapia, entre otros) fue una subcomisaria de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). No hubo ninguna autoridad nacional.

Sí estuvieron, bajo la lluvia y el frío, y sorteando la nocturnidad e infinitos vallados y un operativo de seguridad que alcanzó la asombrosa cifra total de 7.000 mil agentes, decenas de miles de argentinos que al costado del camino dieron el último saludo y agradecimiento.

Los 40 días del mundial fueron, al cabo, una oportunidad perdida para un gobierno ya sin recursos políticos, anímicos y técnicos para encaminar un vínculo con la mayoría de los argentinos. Ya se anticipó en esta columna: es asombrosa la distancia presidencial con el pulso callejero, quedó demostrado en la vigilia del 9 de Julio en Tucumán y se ratificó con el Mundial de fútbol.

Vale recordar que Milei recibió el primer golpe, tan fuerte como inesperado, con la bandera improvisada que introdujo un hincha al estadio en el partido con Inglaterra, como ya se contó en Suma Política; el trapo confeccionado de manera artesanal con una sábana de hotel y un aerosol negro con la frase “Las Malvinas son argentinas”, ahora planetariamente inmortal. Trapo introducido subrepticiamente por Santiago (no trascendió el apellido del argentino), entre las ropas, engañando controles en el estadio, y luego del partido lanzada al campo de juego atada a una botella con líquido —para darle más peso—, segundos antes de que la policía pudiera incautarla en la tribuna por su presunto carácter problemático para la convivencia armónica con los británicos, que también por miles ocuparon lugares en las plateas en esa inolvidable jornada del 15 de julio en Atlanta, USA.

La bandera fue recogida desde el césped por Giovani Lo Celso, el otro rosarino célebre de este equipo argentino, luego de Lionel Messi, y extendida con sus propias manos, y luego con la colaboración de algunos de sus compañeros. Fueron unos instantes, suficientes para generar las imágenes que hicieron que la palabra Malvinas fuera la más buscada en Google por largas horas. La Casa Rosada quedó pasmada con esa escena inesperada, en especial porque fue el propio Gobierno nacional —a través de la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva— el que se encargó de advertir en una entrevista televisiva sobre un presunto acuerdo con fuerzas de seguridad de Estados Unidos —todo indica, con la evidencia, que tal acuerdo no existió nunca y que se trató de una iniciativa puramente del gobierno— acerca de que “no debían llevarse banderas que pudieran generar violencia, con el mapita de las Malvinas”.

La retórica del diminutivo “mapita” junto a la palabra Malvinas hundió a Monteoliva en un pantano del que se presume nunca más podrá salir. Increíblemente, el presidente Milei, el 17 de julio, a menos de 48 horas del triunfo contra Inglaterra escribió en X: “Mientras algunos se dedican a hacer berrinches propios de un adolescente mononeuronal, nosotros por la vía diplomática estamos más cerca de la recuperación de las Islas Malvinas”.


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