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Economía

Efecto Batakis: pisar la pelota con la “cuenta única”, ordenar el gasto y despejar el fantasma de la híper

Dentro de los 24 minutos que usó Silvina Batakis para comunicarse con la prensa el último lunes por la mañana, y así abrir un nuevo ciclo en la delicada economía nacional, usó unos segundos para anunciar que se modificaba el artículo 8 de la ley de Entidades Financieras “con el fin de crear cuentas únicas” en la aplicación presupuestaria de los distintos ministerios. La novedad no estuvo en los días posteriores entre los principales temas de la conversación pública, sin embargo tendrá fuerte gravitación. Desde ahora los llamados “créditos y cuotas presupuestarias” estarán en manos del Ministerio de Economía: los “fierros del gasto público” en manos de Batakis, un cambio relevante respecto de la era Martín Guzmán.

El sistema de administración financiera nacional le otorga a cada ministerio la posibilidad de pagar en la medida en que el Ministerio de Economía gira lo que se denomina “crédito y cuota presupuestaria”. Batakis, por lo tanto, concentra la decisión final sobre a quién se le paga en cada uno de los lugares. Por lo demás, todos los remanentes de créditos y cuotas presupuestarias de los distintos ministerios estarán en una única cuenta. Son los dineros que los ministerios tienen por presupuesto y cuota presupuestaria que aún no fueron efectivamente usados (por caso, una determinada contratación en marcha). Desde ahora, Batakis concentrará esos fondos para ir pagando.

¿Por qué se tomó esta decisión? Para tener un pulso diario de la administración, cuando faltan pesos. El criterio es ir haciendo “pases” a un ministerio al que, de pronto, le faltan fondos, de otro al que transitoriamente le sobran. Batakis concentra la totalidad de los compromisos y va avanzando en la medida en que tiene la plata para pagar.

La nueva ministra señaló que “varias provincias ya lo hacen”, y es correcto. Como el caso de Santa Fe con su Fondo Unificado de Cuentas Oficiales (FUCO), que rige por ley 8973 cuyo artículo 2 “faculta al Poder Ejecutivo, por intermedio del Ministerio de Economía, a utilizar hasta el 80 por ciento del fondo unificado para cubrir necesidades del Tesoro Provincial”. O sea, los ministerios tienen sus presupuestos, pero a la hora de gastarlos el Ministerio de Economía puede usar la plata para otro destino y luego reasignarle la “cuota” cuando se libera otro monto… o no.

Desde el punto de vista de la administración financiera se hace más eficiente y todos van gastando a medida que van necesitando. Pero la realidad es que la ejecución presupuestaria se hará más lenta.

Yendo a un ejemplo hogareño, es como si en una familia de cuatro adultos, donde cada uno tiene un presupuesto asignado, de repente todo se concentra en el adulto mayor que pasa a manejar los cuatro presupuestos. Entonces, si un hijo se quiere comprar unas zapatillas le tiene que pedir permiso al padre, aun cuando originalmente cuenta con el presupuesto para hacer esa compra.

Batakis fue incluso un paso más allá; además de administrar crédito y cuota presupuestaria, concentra la mirada en todos los ministerios. Se trata de sacarle el jugo hasta el último peso disponible y tratar de evitar que haya sobrantes en un sector al mismo tiempo que faltantes en otros.

Es un método de sacar de acá y poner allá, y luego volver por acá, al ritmo de las urgencias y de las restricciones. Desde ya, ningún ministro saldrá a celebrar la cuenta “única” que manejará Economía. Más aún en un clima de alta inflación, cuando incluso sucede que una determinada licitación —con todo su engorroso trámite burocrático—, cuando llega la hora de la adjudicación, no está la plata, o llega tantos meses después que el proveedor desiste porque los montos que pasó (y con los que ganó la licitación) quedaron desactualizados.

De este modo “la griega” Batakis ejerce una concentración de las potestades presupuestarias mucho más intensa que su antecesor. Guzmán dejaba que fluyera, Batakis maneja ella, apremiada por los vencimientos de deuda en pesos de los próximos 60 a 90 días. Ya logró resolver 122 mil millones de pesos que vencían a fin de mes, en el momento más grave de la corrida que aún continúa.

La titular de Economía espera tener muy corta la rienda del gasto desde acá hasta que se cumplimenten los vencimientos en pesos. Este manejo de la cuenta única, desde ya, no tiene nada que ver con la deuda con el FMI, que corre por otros carriles.

Con este contexto es muy poco probable que haya políticas explícitas redistributivas, al menos en los próximos 60 a 90 días. Depende del clima político que se vaya desarrollando y de las tensiones crecientes en el ambiente gremial y de los movimientos sociales.

La evaluación política profunda del gobierno es que la presión devaluatoria (que persiste y empuja al dólar blue a cifras ya cercanas a los 300 pesos) tiene que ver con las dificultades objetivas que tiene el gobierno para resolver la deuda en pesos. Y que en la medida que esos vencimientos se resuelvan, la presión devaluatoria cederá. El gobierno cree que va a poder hacer frente a los vencimientos en pesos pero para eso necesita una concentración muy estricta del gasto. “Se va a llegar muy justo, serán 90 días colgados del travesaño”, es la figura futbolera con la que se ilusionan en el gobierno nacional. Lo primero para ello es “pisar la pelota”, dar orden a las cuestiones económicas más básicas y despejar el horizonte de híper o de devaluación brusca.

Finalmente, para intervenir sobre la presión política gremial, en un sentido virtuoso, el gobierno aspira a bajar la expectativa devaluatoria e inflacionaria. Discutir un Salario Básico Universal en un momento en que ni siquiera se tiene control de las variables financieras resulta políticamente inconsistente, piensan en la Casa Rosada. Aunque no es lo mismo que creen en el Congreso y en el mundo gremial y político amplios sectores del kirchnerismo.


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