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Panorama

El operativo que iba a poner en jaque a una gran red de juego y terminó en fracaso por un soplo interno

El fiscal regional de Venado Tuerto, Alejandro Sinopoli, y el de Melincué, Matías Merlo, tenían a punto un conjunto de procedimientos que se realizarían de manera simultánea en distintas localidades de los departamentos General López, Rosario y General Obligado. Pero lo que podía haber sido un golpe de gracia para una red en cuyo centro aparecía el nombre de Leonardo Peiti, en diciembre de 2018, terminó en un amargo descubrimiento: la información había llegado a los interesados y el operativo resultó un chasco.

El fiscal Sinopoli dice que la detención del ex fiscal Patricio Serjal y del fiscal Gustavo Ponce Asahad, imputados por la filtración, no lo tomó por sorpresa, y que pese al tropiezo la investigación pudo rehacerse y está lista para formular la acusación, que implica a Peiti y a otras siete personas en el funcionamiento de una veintena de garitos en Venado Tuerto, Wheelwright, Hughes, Reconquista y Avellaneda. “No hace mucho tiempo dispuse la unificación de todas las causas por juego clandestino en la fiscalía de Melincué, para relacionar toda la información y ver a la vez si tiene relación con la causa principal en la que está imputado Peiti”, dice.

—¿Cómo quedaron las investigaciones después de que se produce la filtración?

—Bueno, ahora se puede decir. Lo que ocurrió en ese momento es que públicamente quedó todo suspendido. Se continuó, pero con demoras y pasado un tiempo se concretaron allanamientos que tuvieron resultados relativos, no en la modalidad que esperábamos. Entonces presenté un pedido de investigación administrativo, el 26 de diciembre de 2018, porque la gente ya sabía que iba a ser allanada.

—¿Sospechaban de Serjal y Ponce?

—En el pedido de investigación hice referencia a que las órdenes de allanamiento enviadas a Rosario se habían manejado en un nivel selectivo. Según creo, se les tomó una declaración. No había mucho para pensar, además esta gente (los fiscales) se mostró muy preocupada por los allanamientos que íbamos a hacer y nosotros, de buena fe, confiamos en que pedían la información dentro de los canales de reserva. Fue una luz de alarma que se debería haber encendido bien claro.

—¿Los sorprendió la detención del ex fiscal de Rosario?

—No, para nada. Es decir, confirmó las sospechas. En ese momento, la filtración nos causó una gran indignación porque frustró una investigación importantísima. Siempre le echamos la culpa a la policía, pero en este caso las sospechas eran muy serias. No teníamos elementos para una imputación penal pero sí para una denuncia administrativa. Alberto Tortajada, el abogado entonces de Peiti en ese momento, se contactó con Matías Merlo y puso a su cliente a disposición cuando ni siquiera se habían librado las órdenes de allanamiento.

—Un día antes de que Serjal lo contactara con la excusa de intercambiar información, para interiorizarse de lo que iban a hacer, lo llamó el comisario Daniel Corbellini. ¿Cómo interpreta esa comunicación?

—En principio no lo teníamos muy al tanto de lo que estábamos haciendo al jefe de la PDI. En parte se trabajaba con gente de él y en parte no se lo ponía en conocimiento. La investigación fue trabajada con fuerzas federales. Por un tema de reserva, porque por distintas circunstancias uno mantenía como en otras investigaciones sospechas respecto de determinadas fuerzas. No es novedad que el juego clandestino tenga relación con algún sector de la policía. En principio no tenemos policías involucrados, pero la parte policial debe estar, porque esta gente trabajaba con muchísima libertad.

—¿Dónde funcionaban los casinos que ustedes detectaron?

—Generalmente en instituciones tipo clubes, después en ambientes grandes como puede ser un galpón que parece cerrado, disimulado con cortinas, aunque se observa movimiento, gente que concurre de día y de noche, donde hay 20, 30 computadoras trabajando con un servidor. Después se pasó a la modalidad de jugar en casas particulares. La persona que quería jugar pagaba un crédito, el administrador pasaba a retirar el dinero y habilitaba el juego en una computadora particular.

—¿Cuál era el rol de Peiti?

—Es el jefe de la asociación ilícita. El gran organizador de los garitos, el que provee la información, el software. Para nosotros tendría que estar detenido, por la pena que tiene por delante y además porque el movimiento en la calle puede seguir haciendo peligrar lo que tenemos por investigar. Para mí es relativo que solo le avisaban de los allanamientos en Rosario. Lo dice él, la credibilidad hacia su palabra es relativa. Así como le avisaron de los primeros allanamientos no sé si no le avisaron de los que siguieron.

—¿Está cerrada la causa en Venado Tuerto?

—No, el paso siguiente es la acusación para que sea llevada a juicio, para lo que Matías Merlo, el fiscal de Melincué, ya tiene dispuesto la acusación. Hay elementos suficientes para una condena efectiva.


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