Cargan con errores históricos, cada tanto tienen aciertos notables —a veces contra la corriente—, y regularmente confirman la idea de que con números se puede demostrar casi cualquier cosa. Después de cada elección, las encuestas que pronosticaron algún resultado suelen hacer revisionismo de datos para explicar lo que puede verse como un error. La cantidad de indecisos que registran las mediciones y el menor porcentaje de votantes sirven para amortiguar el impacto si se les reprochan inexactitudes.
En las últimas PASO en Santa Fe, en promedio, las encuestas acertaron en el orden de los ganadores, anticiparon paridades que fueron y otras que no fueron, pero sobre todo no vieron venir la amplísima diferencia que hubo entre los frentes en la categoría para gobernador ni en la disputa interna más fuerte entre Maximiliano Pullaro con Carolina Losada. La mayoría habló de paridad y empate técnico, justificada en que si bien el ex ministro aparecía al frente era por pocos puntos, que podían alterarse con el también clásico error muestral.
También los sorprendió la destacada elección de Amalia Granata para diputada —fue la segunda más votada casi sin campaña tradicional— y la del candidato a concejal de Rosario Mariano Romero, que ganó la interna dentro de “Juntos”, a quien la mayoría reconoce ni siquiera haber medido. Predijeron sí una gran dispersión del voto, especialmente en el peronismo de Rosario, entre sus trece listas para el Palacio Vasallo.
A nivel intendente hubo quienes tenían arriba a Miguel Ángel Tessandori, otros que lo daban parejo con Pablo Javkin y quienes nunca vieron que fuera una amenaza para la suerte de la candidatura del actual intendente. En tren de explicar lo que finalmente pasó hablan de que no sirve medir sólo una vez, sino que hay que leer las tendencias, hacer comparaciones, y que a los datos hay que agregarle el plus que siempre le suma —y no aparece en los sondeos— de lo que moviliza el día de la elección cualquier oficialismo.
En la categoría para diputado no hubo tanta sorpresa porque tampoco existió demasiado resultado arriesgado, siempre más reservado para la categoría principal de gobernador. Que la lista de Omar Perotti fuera la más votada dentro del peronismo y que hubiera cierta paridad entre Clara García y José Corral en la competencia de “Unidos”, estuvo en casi todos los borradores. Aunque algunos papeles internos lo ubicaron a Antonio Bonfatti peleando más arriba de lo que resultó. Dispersión y paridad suelen explicar esos movimientos.
Para qué sirve medir
Quienes llevan adelante la tarea de encuestar opiniones coinciden que a su trabajo se le está pidiendo demasiado, algo que no están en condiciones de dar, como un resultado electoral.
“Las encuestas siempre sirvieron para medir grandes tendencias de la opinión pública. Nada más. Los datos son una foto de este momento, pero de los datos hay que pasar al análisis reflexivo, al estudio electoral y a la historia del distrito”, explica a Suma Política el titular de Doxa Data, Roque Cantoia.
“Siempre fue una aprox”, suelen decir los encuestadores para reflejar que no hay que buscar en los sondeos datos exactos de lo que va a pasar. Reconocen que últimamente el trabajo está más complicado para las mediciones electorales, y más si se pretenden hacer recolecciones de datos presenciales, que suelen ser las más fiables, pero son cada vez más difíciles de concretar sobre todo en ciudades grandes, por la inseguridad y el alto nivel de rechazo en la población. Además de que son más costosas.
“No es un método que pueda predecir resultados”, coincide Guillermo Variego, director de Innova. “A pesar de las fallas sigue siendo el mejor método para interpretar la mirada de la opinión pública. No es para decir cómo van a salir las elecciones, sino para ajustar el rumbo de la campaña y afinar el mensaje”.
Aunque los responsables de Doxa Data e Innova mostraron por separado datos que se ubicaron en el promedio de las estimaciones que resultaron reales, reiteraron que no se trata de matemática y que los porcentajes que se presentan asociados a un candidato o un partido no adelantan el final de ningún comicio. Insisten que más que los datos importan el análisis y la interpretación que cada encuestador pueda realizar con una mixtura de tendencias, historia del lugar y otras variables del momento.
Andrés Mautone, que ahora está alejado de las encuestas políticas, recuerda que “las adiciones presentes de unas PASO no aseguran las sumas futuras” y opina que ve claro el resultado que se dio en la provincia porque los dos principales problemas de la ciudadanía, la inflación y la inseguridad, son responsabilidad del peronismo, nacional y provincial. “Sus candidatos no podían salir bien parados en ese contexto”.
Formas del engaño
En la última campaña electoral en Santa Fe se registraron dos formas de encuestas que recorrieron la provincia no ya con el objetivo de estudiar el territorio, sino para influir en el clima político previo a la elección en favor de algún candidato.
Para eso usaron dos estrategias: una fue producir una encuesta sin datos reales, inventada, y la otra consistió en tomar una real y alterar algunos valores, tratando que no se note a la hora de hacer la suma. Eso circuló en las semanas previas por las redes sociales y hasta motivó una aclaración del responsable de la encuesta original.
El antídoto para desconfiar y no darle veracidad a estas trampas, que suelen empañar el trabajo honesto del resto, es leer con detenimiento la ficha técnica con los datos del trabajo de sondeo, buscar que la medición tenga un responsable, y en ciertos casos hasta tratar de chequear con la persona al frente de la empresa que hizo el trabajo que los datos distribuidos sean los verdaderos.
También que los trabajos no sólo registren tendencias de voto, sino que tengan además otros ítem como imagen de gestiones, detección de problemas prioritarios, perspectivas de futuro. Nadie encuesta sólo candidaturas.
Y por último que las firmas encuestadoras sean las que están siempre (esto además permite hacer análisis comparativos) y no sólo vengan a la provincia a hacer sondeos preelectorales.
Sin tener tanto que ver con el engaño, por error se suelen amplificar datos tomados sólo en algunas ciudades, como Rosario o Santa Fe, y hacerlos valer para toda la provincia. Eso tampoco tiene valor estadístico confiable.
Las muestras “sesgadas”
El peligro de las encuestas actuales tiene que ver con la metodología y lo que los encuestadores llaman “sesgos”, un problema que puede tergiversar la intención de sacar tendencias en base a muestras que quizás no sean lo suficientemente representativas desde el punto de vista técnico.
Uno es el “sesgo socioeconómico”, que tiene que ver con la dificultad para alcanzar a los sectores más desfavorecidos de la sociedad, más complicados por la inseguridad para una encuesta presencial.
Otro es el “sesgo tecnológico”, entre aquellas personas que utilizan teléfono fijo porque no tienen disponibilidad de teléfono celular. A la vez los sondeos online requieren algunos cuidados: los algoritmos suelen detectar a quienes les interesa contestar encuestas o tienen interés por la política y eso también puede bajar la calidad de la muestra.
Ese problema lo denominan “sesgo político”, que consiste en que el que contesta una encuesta generalmente es el ciudadano politizado, con lo que se puede dejar afuera al independiente, donde se registra un alto nivel de rechazo a que le interrumpan la vida cotidiana para responder a un sondeo sobre candidaturas políticas.
“Puede haber una sobremuestra politizada”, reconoce Cantoia, que adhiere a la enseñanza de Mora y Araujo en los años 90 de que el principal error que atenta contra la calidad del formulario para encuestar es su extensión. “Tienen que ser formularios cortos”, aconseja.
Admite que las redes sociales mejoraron la cobertura de la opinión de los menores de 40 años, y que lo ideal es complementar eso con el trabajo presencial y el relevamiento a través de los teléfonos fijos y celulares.
Descreen de la efectividad de las bases de datos, porque dependen del objetivo para el que fueron armadas, que no siempre es compatible con el fin que para el que se las termina usando. También destacan que es importante respetar la cuota de grupos etarios y de género para que una muestra resulte confiable.


Lo que dijeron en números
En la previa de las elecciones internas, tres consultoras nacionales adelantaron la victoria de Pullaro sobre Losada, y dos de esos sondeos pronosticaron a Lewandowski como el precandidato que iba a ser más votado. Resultó tercero.
Zuban Córdoba decía que la elección iba a terminar 19,6 a 14 entre Pullaro y Losada, Management & Fit le daba una ventaja de casi diez puntos (39,4 a 29,8) y una diferencia a favor de la oposición sumando a todos los candidatos de los dos frentes de 41 a 27,5.
Nueva Comunicación le otorgaba 38,6 % a un candidato de Juntos por el Cambio y el 22,8 a uno del frente que lidera el peronismo. En este sondeo aparecía un 15,2 % para Lewandowski y un 15,8 a favor del candidato de Javier Milei.
En Santa Fe nadie vio venir la derrota de Emilio Jatón. Para Nueva Comunicación iba a imponerse con el 31,6 % sobre 11,4 de Chuchi Molina y el 6 de Juan Pablo Poletti, quien fue el sorpresivo ganador.
En la provincia, Doxa Data dio a Pullaro con 20,4 %, a Lewandowski con 18,1 y a Losada con 17,5. Las internas para intendente se pronosticaron así: Javkin 18,2 %, Tessandori 14, Sukerman 16,6 y Monteverde 16.
Para Innova, Monteverde y Sukerman empataban en 13 %, y Tessandori iba a terminar arriba de Javkin por 12 a 10. Losada se imponía a Pullaro 19 a 17 y Lewandowski sumaba 15.
Con aciertos y fallas, encuestar con el rigor en la metodología y la técnica que exige esta rama de las matemáticas, sigue siendo la única forma de medir por anticipado una tendencia electoral. Ahora habrá que esperar que baje la espuma de la última campaña y que los encuestadores vuelvan a hacer sus mediciones, a la espera de los próximos resultados.

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Periodista. Licenciado en Comunicación Social de la UNR. Ex jefe de Redacción de La Capital. Twitter: @DanielAbba_
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