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Política

Faurie: “Me sumé a Larreta porque coincido en buscar un consenso amplio para los cambios que hacen falta”

El ex canciller Jorge Faurie es uno de los dirigentes más respetados en el PRO santafesino y distintos sectores internos lo imaginaban como candidato propio. El jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, se adelantó a todos: lo recibió esta semana y anunció que será parte de su equipo de trabajo. 

Faurie quiere ser candidato a diputado nacional, pero admite que ese lugar se lo tiene que ganar en el terreno; está convencido de que “hay que hacer cambios y ajustar el cinturón”, y cree que para ello se necesita del Congreso y del convencimiento de la sociedad. “El equipo de Horacio tiene claro que hay que buscar un consenso ampliado para llevar adelante los cambios que hacen falta”, dice al definir una de las cuestiones que lo llevaron a sumarse al espacio del alcalde porteño. Sostiene que el ajuste debe empezar por la política y niega que durante su gestión la Cancillería argentina haya sido parte del golpe de Estado en Bolivia. 

—¿Qué lo decidió a integrarse a los equipos de Horacio Rodríguez Larreta? Desde otros sectores internos del PRO también consideraban que lo podían sumar.

—Horacio tiene un equipo de trabajo muy grande, y se está preparando  para ser candidato presidencial. El que llegue al gobierno va a necesitar no sólo un equipo preparado sino un conjunto de ideas, porque cambiamos o somos boleta como país. Creo que la gente que lo rodea está haciendo un esfuerzo grande en ese sentido. En el caso de Patricia (Bullrich) tengo una excelente relación personal desde la época en la que compartimos gabinete en el gobierno de Macri; tanto ella como yo salimos más o menos bien parados con nuestras respectivas gestiones en política exterior y seguridad. Pero nunca he tenido un ofrecimiento de su parte ni nada por el estilo. Además Alvaro González, que es un amigo de toda la vida, trabaja en el espacio de Horacio, así que todo me llevaba a estar ahí. El objetivo de Horacio como presidente es buscar un enorme consenso ampliado, algo que va a ser ineludible para lo que viene. Y yo comparto esa mirada.

—¿La idea del consenso ampliado fue una de las razones que lo decidieron a sumarse?

—Sin duda. 

—Porque esa parece ser una diferencia con otros sectores internos del PRO.

—Si. La verdad es que hay mucha gente que pretende soluciones radicales, pero para eso se requiere otro tipo de estructura política. En democracia para poder hacer cambios no sólo se necesita tener un Congreso que apoye, algo que le faltó a Macri, sino que la sociedad entienda y comparta que hay que ajustar el cinturón. Me parece importante que en el equipo de Horacio tienen claro que hay que conseguir ese consenso sin negociar la necesidad del cambio, eso es ineludible. 

—“Ajustarse el cinturón” es una frase que los argentinos escuchamos toda la vida.

—Y no lo hacemos. El ajuste tiene que empezar en la política. 

—¿Dónde cree que debe ajustar la política?

—En Cancillería tengo claro que hay margen para un cambio de presupuesto importante. Hay que adaptar la representación exterior y tener una vocación mucho más concreta para la obtención de negocios y oportunidades de venta para los productos argentinos. Para eso podemos no necesitar tal o cual presencia reforzada en un destino del exterior. Hay que racionalizar el gasto en todas las esferas del Estado; en la Cancillería, donde yo he trabajado, tengo claro dónde lo podemos hacer. 

—Lo de empezar el ajuste por la política es muy políticamente correcto, pero la historia muestra que el cinturón siempre se ajusta sobre los mismos sectores.

—En esta oportunidad no va a poder ser así. El Estado es una fuente de empleo enloquecida, que genera un enorme gasto y la necesidad de tener emisión porque no hay recursos genuinos. Hay que destrabar el comercio exterior, que hoy está trabado por distintas razones, para generar esos recursos. Y tener en claro que hasta que eso no esté resuelto, no podemos seguir gastando como gastamos, porque esa es una de las causas de la inflación. 

—¿Va ser candidato a diputado nacional?

—Me gustaría, pero hay que trabajarlo. Tengo que ganármelo en el terreno. Horacio no me prometió eso, sí le dio la bienvenida a mi trabajo y a mi mirada de la política exterior y a trabajar junto al equipo que tiene en Santa Fe, donde está en un lugar relevante Alvaro González.

—¿Por qué quiere ser diputado?

—Creo que lo más importante es que soy santafesino y muy agradecido a lo que recibí de Santa Fe, la formación en la escuela primaria en una época feliz de la educación argentina, la Universidad del Litoral, la Inmaculada en el secundario, y una forma de ser y mirar la vida. Tras ser canciller, y llegar en mi carrera diplomática a lo más alto que podía llegar, es un momento para devolver algo. Por otra parte, las provincias tienen que tener un rol más relevante en el marco del relacionamiento externo. Hoy están un poco quedadas, entre ellas Santa Fe obviamente. Si llego al Congreso, desde la comisión de Relaciones Exteriores puedo cumplir un rol para llevar a la provincia a poner en valor lo que produce. 

—El gobierno nacional cuestionó el papel que jugó la Cancillería, cuando usted fue canciller, en el golpe de Estado contra Evo Morales en Bolivia. Incluso el ministro de Justicia, Carlos Soria, hizo una denuncia al respecto.

—La verdad que es un tema desde mi perspectiva claramente defendible en la gran inestabilidad política interna de Bolivia, que llevó a que los propios miembros del gobierno determinaran que se iba Evo Morales del poder. En ese momento hubo pedidos de asistencia en equipamiento vía Gendarmería nacional, en el marco de los acuerdos que tienen las fuerzas de seguridad. Nosotros no somos los causantes del golpe en Bolivia, como pretende el actual gobierno. Los propios bolivianos fueron los que decidieron sacar a Evo Morales. Y aún hoy siguen discutiendo entre él y Luis Arce, actual presidente, quien lleva esto adelante y con Jeanine Añez prisionera. La Argentina, como en todas las otras cuestiones de nuestra región, tiene que ser cautelosa y estar atenta a que se respete la democracia y los derechos humanos. Pero es la vida interna de Bolivia. No fueron armas para el golpe, fue un pedido de apoyo que hizo la autoridad correspondiente. 


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