El gobierno nacional preadjudicó a la empresa Jan de Nul NV y Servimagnus SA la explotación por peaje de la Hidrovía río Paraná, la navegación comercial sobre el curso de agua más importante de la Argentina. La decisión la comunicó el Ministerio de Economía a través de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación en el marco de una licitación internacional de 2025, que tuvo un primer intento fallido, y que en esta segunda oportunidad parece empezar a navegar.
Se trata tal vez de la mayor licitación del Estado nacional, se extiende por hasta 30 años (25 más 5), con una facturación anual prevista no menor a 300 millones de dólares que, al cabo de todo el trayecto temporal, supera los 10 mil millones de dólares.
La empresa preadjudicada, aunque cuestionada en los tribunales federales de Comodoro Py y también en tribunales ambientales en la provincia de Santa Fe, cuenta con la ventaja de ya venir gestionando esos peajes más la tarea de dragado y balizamiento desde la puesta en marcha misma del sistema concesionado, en los años 90, cuando nace el boom de exportaciones cerealeras desde las varias decenas de puertos privados que se asentaron en unos 50 kilómetros de costa del Parana, al norte y al sur de la ciudad de Rosario.
Con una frase engañosa, el Ministerio de Economía presentó la novedad “sin impugnaciones”, que es cierto en el sentido de que la empresa no favorecida en la licitación, DEME, no impugnó y DTA quedó fuera de juego por no cumplir con el requisito de garantía de mantenimiento de oferta. No hay impugnaciones entre las participantes, pero sí observaciones, como el informe de la Procuración de Investigaciones Administrativas —una fiscalía especial para temas de corrupción— muy severo contra la licitación. También hay presentado un amparo por cuestiones ambientales en Santa Fe.


En el Congreso, diputados de la oposición pretenden transparentar un debate a fondo nunca dado antes de que se concrete una nueva concesión a los mismos que estaban antes, ahora con el agregado de socios locales, como Neuss y otros posibles que, confusamente, permitiría el pliego incluso una vez concretada la adjudicación.
Una extraña concesión donde se le otorgaría a la empresa A asociada con B, pero que luego podrían asociar a otros que se desconocen en la actualidad.
La oposición considera que el mayor indicio de que la licitación estuvo orientada desde antes es que ambas empresas cotizaron el mismo monto: 3,80 dólares por tonelada de peaje. ¿Hubo acuerdo previo? ¿Estaban las cartas marcadas para que gane Jan De Nul NV?. En el pliego de condiciones, el 35 % del puntaje para competir por la licitación lo otorga “la experiencia en la zona”. Y Jan De Nul NV explota el río Paraná desde hace décadas.
No podía perder. DEME “es el muleto, por si rompía la principal”, le dijo a Suma Política el diputado Jorge Taiana (UxP), estudioso del tema e impulsor del debate parlamentario.


La tarea principal de la contratista es mantener y eventualmente profundizar el dragado para permitir la navegación de barcos cada vez más grandes, una tendencia creciente en el mundo. Pero profundizar el dragado implica un gigantesco desplazamiento de sedimentos hacia canales aledaños de la cuenca del río, produciendo impacto en las costas ribereñas de localidades como ya se ha observado por caso en la ciudad entrerriana de Victoria. El río Paraná, se sabe, una formación geológica antiquísima, es un río “viejo”, con extraordinaria flora, fauna y capacidad biodegradable, que genera enorme cantidad de sedimentos naturalmente, que se expande hacia los laterales —a modo de plato hondo— en el impactante delta medio (Santa Fe, Entre Ríos) y delta inferior (Buenos Aires), en contraste con el río Uruguay, un río “joven” y con un cauce en V.
El peronismo y aliados que ahora buscan revertir una licitación que asoma dudosa desde varios flancos, tuvo en sus manos durante un corto período —un año y medio, gobierno de Alberto Fernández— la posibilidad de producir un cambio radical en la explotación comercial del río, al vencerse la concesión del período anterior, también en manos de la empresa belga.
“Faltó decisión política y poder para garantizar la soberanía argentina sobre el río Paraná, que contemplara las licitaciones en el marco de una estrategia de desarrollo nacional”, evaluó Taiana para este medio.
El gobierno por entonces lo pasó a la Administración General de Puertos, lo cedió transitoriamente a los mismos que la venían explotando, Jan De Nul, pero controló el cobro de peaje, que abarató (alrededor de 3 dólares la tonelada) y así y todo tuvo ganancias superavitarias de unos 30 millones de dólares. Todo mientras buscaba una solución con las provincias, armando un consorcio, pero se lo tragó el tiempo (a Alberto Fernández) y no resolvió una nueva licitación o estatización. Luego llegó Milei, aumentó el peaje por arriba de los 4 dólares, y ahora volvería a 3,80, más caro que antes pero un poco menos que estos dos primeros años del nuevo gobierno.
Según Jorge Taiana, el punto más flojo de la licitación que toma fuerza en el gobierno está en “la falta de estudios ambientales serios, completos y acumulables”. El Ministerio de Ambiente (que ya no existe, y ahora es Secretaría) ya no interviene, y lo hace la propia agencia de la Administración General de Puertos (“es poner el zorro a cuidar a las gallinas”, dice Taiana). El Paraná es la joya hídrica de Sudamérica, clave en el sistema del Plata, se conecta con el Pantanal de Brasil, con la soja de Santa Cruz de la Sierra de Bolivia, con lo que viene del Mato Groso do Sul, con la minería del noroeste argentino que sale por tren desde Tucumán y llega al norte de Rosario, entre otras variantes de su notable alcance.
“El diseño de la licitación no es bueno, fue excluida cualquier presencia China entre los oferentes —a pedido de EEUU—, no atiende puertos del Chaco —Barranqueras— ni de otras localidades al norte de Timbúes, apunta a los 44 pies, una profundidad muy grande que no es seguro que sea bueno por las consecuencias ambientales. El Paraná no es una autopista de agua, es mucho más que eso”, asegura.
La pregunta, con respuesta conocida, con que Taiana cerró la conversación con este cronista, fue: “¿Usted sabe quién se encarga del dragado en el río Mississippi?”, la emblemática vía navegable del sur de Estados Unidos, estratégica en el transporte fluvial. “El ejército de los Estados Unidos, y nosotros estamos regalando el Paraná como si fuera una galletita”, concluyó.



































